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64 AGENDA Tribuna Abierta MIÉRCOLES 13 s 6 s 2007 ABC Jorge de Arco Escritor VENDER POESÍA AS habituales Ferias del Libro que se suceden en distintos lugares de España durante la primavera, acrecientan el número de publicaciones de las editoriales en esta fecunda estación. De entre los múltiples envíos llegados a mis manos, llamó poderosamente mi atención el poemario Lo malo de la poesía y otros poemas de Billy Collins. Y no sólo por tan singular título, sino por el eslogan que Bartleby Editores- -responsable del volumen- -había insertado en su nota de prensa adjunta: ¿Pero existe algún poeta que venda 40.000 ejemplares de sus obras? La respuesta es sí, ¿quién? Billy Collins Acostumbrados como estamos a que la poesía sea la cenicienta en cuanto a difusión y ventas- ¿hay otro género con cifras reseñables, al margen de la novela? sorprende hallar a un poeta que supere con tanta solvencia las consabidas dificultades comerciales. Nacido en Nueva York en 1941, Billy Collins alcanza con éste su séptimo poemario y ha sido galardonado con muy diversos premios, como el Frederick Book Prize Bess Hokin Levison Prize además de haber sido nombrado Poeta Laureado de Estados Unidos durante el periodo 2001- 2003. Sus decenas de L De entre los múltiples envíos llegados a mis manos, llamó poderosamente mi atención el poemario Lo malo de la poesía y otros poemas de Billy Collins miles de libros vendidos lo sitúan más allá de un simple hacedor de best- seller, pues la vigencia y aceptación que viene demostrando durante dos décadas frente a sus ávidos lectores y frente a la exigente crítica, lo han convertido en un verdadero long- seller de las letras. La poesía no necesita público, necesita lectores sentenció tiempo atrás Juan Ramón. Y razón no le faltaba al genial moguereño, pues si bien la difusión de la lírica actual en España ha subido de manera considerable, y el impulso dado por diferentes estamentos políticos, educativos, culturales... ha servido para sacarla de su antigua maldición, la poesía no se lee porque no se entiende aún queda un largo camino por recorrer. Exceptuando éxitos tales como el Cuaderno de Nueva York de José Hierro, o Ciento volando de catorce de Joaquín Sabina- -por citar sólo dos ejemplos muy significativos- la gran mayoría queda reducida a una tirada de entre 500 y 1.500 ejemplares, de los que para desgracia de editor y autor, se venden muchísimos menos de los deseados. Mala distribución, saturación del mercado, desinterés mediático, son algunas de las razones que suelen argumentarse- -y en las que no cabe ahora detenerse- para justificar tantas y tan reiteradas desilusiones. ras la atenta lectura del poemario de Billy Collins, -traducido al castellano por Juan José Almagro Iglesias- queda el gozo de haber rozado cuanto ha sido y cuanto es el espectro más íntimo que circunda al escritor neoyorquino, de haber estado muy cerca de su intensa celebración vital: En un soleado día de entre semana de principios de mayo y tras un sándwich de jamón y una botella fría de cerveza en la terraza, me consume el deseo de añadir algo a uno de los temas clásicos- la juventud bailando con los ojos cerrados, por ejemplo Porque tal vez, una de las claves de su éxito, radique en esa falsa sencillez que esconde buena parte de sus versos. si en las próximas- -y tan propicias- -semanas, algún poeta anda deseoso de colocarse en las listas de más vendidos, deberá seguir al pie de la letra las recomendaciones que Billy Collins ofrece en su Libro de instrucciones de poesía en el que anota algunas reglas imprescindibles. La primera, más de dos personas en un poema es una multitud. Mencionar qué ropa llevas puesta mientras escribes, es otra. Evita la palabra vórtex, la palabra aterciopelada, la palabra cigarra. A falta de un final, coloca unas gallinas marrones en plena lluvia. Nunca admitas que revisas. Y mantén el poema en una estación Claro que de haber seguido este consejo, Vicente Aleixandre, v. g, no hubiera evocado la noche aterciopelada y muda ni Salvador Rueda hubiera animado al ruidoso hemíptero con sus sonoras palabras: Canta tu estrofa, cálida cigarra aun así, los consejos de Collins no son nada desdeñables. A ver qué poeta quiere ahora incluir como coda de uno de sus poemas a unas gallinas marrones en plena lluvia El desafío está servido. Y T Lola Santiago Escritora BLADE RUNNER NSIAS de eternidad. De alargar la vida al menos en esa búsqueda de una longevidad mayor, idea motriz de este clásico del cine futurista o de ciencia ficción. Fue el primer hito de la historia del séptimo arte en este género que dejó su impronta extraordinaria y peculiar. Nominado para el Oscar a la Dirección Artística, este filme de 1982, dirigido magistralmente por Ridley Scott sobre una versión libre de la novela de Philip K. Dick (1968) cuyo título no puede ser más curioso ni original: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Estupendo autor. Gran novela. En ella la acción transcurre en San Francisco, y el final es otro. Y la banda sonora de Vangelis, el mismo que hizo la música de Carros de fuego Una música experimental, gozosa, que le da ese toque futurista y, a la vez, suena a gloria. Precioso el tema de amor. Con ese punto de melancolía tan necesario a los sentimientos amorosos. Desde el primer momento crea una atmósfera muy especial, yo diría que la adecuada para que la A La idea de eternidad se cierra en su principio con un final abierto, en la voz del compañero de Rick, que resuena como un eco en su complicidad buscada cinta magistralmente interpretada y dirigida, así como artísticamente lograda, funcione, ponga las bases de las películas que, del mismo género, habrán de venir en un futuro, tipo Matrix etcétera. También la coreografía, los tipos, el ambiente en que se desarrolla, es un homenaje al cine negro de los años 40 y 50. Se hicieron varias versiones. Yo he visto dos. Y la que más me gusta, tal vez por ser la más explícita, la más completa, es la del director. os Angeles. Noviembre, 2019. Un grupo de replicantes de combate, Nexus 6- -copia de seres humanos, creados por ingeniería genética, superiores en agilidad y fuerza e igual en inteligencia a los ingenieros que los han hecho posible, para trabajar en las colonias siderales como esclavos- se declara en rebeldía. Tema actual e interesantísimo: el de la clonación genética. Como se teme que, al cabo del tiempo, puedan desarrollar emociones humanas, tal que envidia, celos, miedo, ambición... se les ha dotado con un dispositivo de seguri- L dad: 4 años de vida. En efecto, un grupo de ellos liderados por Roy, el más perfecto de todos, asalta una nave espacial y vuelve a la tierra en busca de los ingenieros que los crearon, del padre que les ha dado vida, pidiendo ese vivir más. Hay, un poco antes del final, un curioso e interesante monólogo del replicante Roy Batty, encarnado por el actor Rutger Hauer, en el que expresa lo terrible que es la condición de esclavo y sus extraordinarias vivencias que serán- -tristeza enorme en su voz- borradas por el tiempo, como una lágrima lo es por la lluvia... Y en ese su afán por vivir, salva a su enemigo porque es vida, suelta la paloma blanca símbolo de libertad, amando más que nada esa vida que ya no tiene, que se le escapa a chorros, en ese instante. estaca con luz propia el magnífico Harrison Ford en su papel de Rick, el Blade Runner, o ex- policía especial, destinado contra su voluntad en la misión de retirar -ejecutar- a los replicantes que han sido declarados proscritos en la Tierra bajo pena de muerte. Y su historia de amor con Rachael, otra replicante, Sean Young, que no ha vuelto a brillar tanto como en este papel. D Rick Deckard, nuestro Blade Runner particular, se arriesga a salvarla, a escapar con ella, una vez cumplida su misión, con la aquiescencia de un compañero; y desaparecen así en el ascensor camino de una vida amorosa que se sabe corta de antemano, en medio de la pobladísima noche de Los Angeles. Sólo hay tinieblas o atardecer en la película, en un ambiente fantasmagórico, con sus luces mortecinas siempre, entre fogatas nocturnas y chimeneas que despiden llamaradas, entre edificios modernos que crecen sobre los cimientos de otros derruidos, mecidos por una lluvia incesante, radioactiva, ácida, y una bruma que sube del suelo para mezclarse con las naves y coches que van y vienen por el aire, mientras se hace propaganda del bienestar de la vida en las colonias. Las luces de neón todo lo invaden. Y un anuncio de una geisha comiendo durante toda la cinta sin decir nada, sólo enmarcada por su sonrisa enigmática. La idea de eternidad se cierra en su principio con un final abierto, en la voz del compañero de Rick, que resuena como un eco en su complicidad buscada: Lástima que ella no pueda vivir. Pero ¿quién vive?