Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MARTES 12 s 6 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA POCO DE QUÉ HABLAR OSMÉTICA. Superficial maquillaje político para una desconfianza gélida. Acercamiento tan leve como aparencial en la tensa espera del primer nuevo atentado. Cautela, suspicacia y escepticismo. Y una cierta necesidad mutua de sostener, por debajo de una distancia sideral, la frágil unidad en la defensa de lo poco que los vincula. Entre Rajoy y Zapatero sigue habiendo galaxias enteras deseparación, universos de lejanía política, intelectual y ética. El encuentro fue tan corto porque no tienen mucho de qué hablar, y lo saben. IGNACIO Mientras más profundiCAMACHO cen, más escasa será la posibilidad de un remoto acuerdo. Rajoy está harto de escuchar vaguedades y de no obtenerrespuestas, sino incumplimientos. A Zapaterolerepugnaíntimamente tenerquepedirle su apoyo; si lo hace es porque se siente derrotado y solo, necesitado de tiempo y de oxígeno político, y si el otro se lo ofrece es porque un dirigente que aspira a gobernar no puede abandonar a un Gobierno amenazado, aunque sea por culpa de su propia incompetencia. Es la presencia agazapada de un resuelto enemigo común la que impone un sensato protocolo de moderación y cordura. Hasta que las elecciones diriman el pulso esencial, señalando a un triunfador y a un derrotado, ambos tienenquesostenerseprocurando no perder el compás, y generar un mínimo de crédito en una opinión pública que no va a perdonar, habiendo vidas de por medio, un solo resbalón estratégico. Entre otras cosas porque ya ha habido muchos, y casi todos los ha protagonizado el presidente. La vaporosa unidad esbozadaayeresparte de ese ejercicio de simulación obligado por unas circunstancias con ribetes dramáticos. No irá muy lejos al ser sus bases muy escasas; más allá de detener terroristas y aplicarles la ley, existen muy pocos espacios de entendimiento. Los anuncios genéricos dedeterminacióny firmeza tendrán quetraducirse pronto en decisiones concretas, o en la ausencia de ellas: sobre ANV sobre Nava, rra, sobre la actividad de Batasuna en el limbo de la legalidad. Y ahí será muy difícil el consenso, ante una fundamental discrepancia de fondo. Porque Rajoy no se va a apartar un milímetro de sus premisas de combate y porque Zapatero ha rebasado demasiadas líneas rojasparaquepuedavolverahoraacruzarlas todas a la vez en dirección contraria. En el supuesto de que lo desee, que no está claro. Y, sin embargo, suena bien esta música, esta tenue melodía de reagrupamiento democrático. Suena bien oír a la vicepresidentapronunciar cuatroveces- -al fin- -lapalabra derrota sobre el terrorismo. Suena bien el discursodeun jefe dela oposicióndispuesto a prestar su patriótico apoyo en ese empeño. Suena bien incluso el silencio cortés y aparcadizo de diferencias y reproches, por másqueseintuyaprovisional, quebradizo, perecedero. Por más que tratemos todos de engañarnos un poco a nosotros mismos para fingir siquiera un soplo de optimismo capaz de espantar la persistencia de tanto fracaso en tan poco tiempo. C LA CONFIANZA TIENE SU LETRA PEQUEÑA Z APATERO y Rajoy escenificaron ayer un capítulo de confianza en el tresillo de La Moncloa, el mismo día que se cumplía un cuarto de siglo de la aparición de E. T. en las pantallas. La Moncloa, en puridad, es la casa de ambos, un hogar transitorio, de domesticidad engañosa, favorable al recelo por su carácter tan pasajero. La confianza, en esencia, es un material político de naturaleza fungible. De hecho la política, por definición, está hecha de sueños pero a la vez de desconfianza. Pagamos al líder de la oposición para que no se fíe del poder, lo controle y le ponga coto. Pagamos al presidente del gobierno para que sea muy parco al administrar la confianza en su política internacional, por ejemplo. Desconfía y acertarás, decía un clásico. Tal vez no es que gobierno y oposición llevasen demasiado tiempo desconfiando uno del otro, sino que lo hacían notar demasiado. Eso ya era un elemento estático del decorado. La intelectualidad zapaterista insiste desde hace meses en que el PP practica el glissement à droite al desconfiar de forma tan estridente- -manifestacioVALENTÍ nes, ardor mediático- -de la política PUIG de aproximación a ETA que Zapatero mantuvo incluso después del atentado de la Terminal- 4. Seguramente eso sea en parte cierto. Lo que no admiten los intelectuales de izquierdas es la posibilidad de que el partido de Rajoy, además de velar por sus intereses electorales y su implantación territorial, hubiese decidido defender aquello que en no poca medida es su razón de ser, como también lo era del PSOE en otro tiempo. Como la viga y la paja, la intelligentsia socialista puede ver un simple error de mesura en la táctica de Zapatero pero no acepta que en la hipotética desmesura del PP haya también una cierta conciencia de lo que tiene que ser. Si la escena de ayer en La Moncloa y las respectivas ruedas de prensa posteriores han incrementado la confianza de la ciudadanía más allá de la dramaturgia fugaz y del zapeo nos lo confirmará o negará la letra pequeña de los próximos días, en caso de que exis- tan en verdad sobre- entendidos y cláusulas a pie de página acordadas por Zapatero y Rajoy para remachar el umbral de la confianza. Muy fácilmente se atribuye el origen de todas las desconfianzas presentes al talante del gobierno con mayoría absoluta del PP, como si no fuesen también contabilizables el pacto del Tinell, las alianzas parlamentarias de Zapatero, la peregrinación de Carod- Rovira a Perpiñán, la estrategia de aislar al partido de Rajoy o el desmantelamiento del pacto antiterrorista. También es cierto que, por parte del PP, la respuesta fue huracanada. No vale perder de vista la magnitud de lo que estaba y está en cuestión: la ruptura de consensos de la Transición, la propia noción del bipartidismo imperfecto o la tesis de que sacar ventaja en una negociación con ETA es posible. Al fin y al cabo, el éxito de Spielberg con E. T. se debe a que por primera vez un extraterrestre aparecía como un ser vulnerable y capaz de afectos. Al tiempo que simpática, la confianza también es extremadamente vulnerable. En coincidencia con el aniversario de E. T. y el encuentro de La Moncloa ha fallecido el filósofo Richard Rorty. Inspiró a la izquierda post- moderna introduciendo la personalidad ironista frente a la metafísica, el ironista no cree que las palabras respondan a una realidad exterior ni que nada tenga esencia alguna. Esa es una filosofía de decorado, aplicable a la voluta y el quiebro taumatúrgico, pero de poco sirve para acosar a ETA, llevarla a la cárcel y sentenciarla debidamente. Si ayer Rodríguez Zapatero le puso una emboscada a Rajoy o si fue Rajoy quien amarró a Zapatero al mástil de la nave va más allá del anecdotario político: incidiría en socavar la legislatura hasta nuevos extremos de desconfianza, tanto entre gobierno y oposición como entre ciudadanía y vida político- institucional. A lo mejor ni Zapatero ni Rajoy saben por ahora si el encuentro de ayer fue algo real o la fantasía de un ironista practicando el funambulismo sobre los valles mitopoéticos de Sabino Arana. De enterarse, los cientos de miles- -millones- -de españoles que se toman las cosas en serio no lo entenderían. vpuig abc. es