Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC LUNES 11- -6- -2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 81 El canto del cisne de Lope Explica Eduardo Vasco que Las bizarrías de Belisa está considerada la última obra que escribió Lope de Vega, y que se publicó ya con su autor fallecido, en 1637 en La vega del parnaso El manuscrito autógrafo, que Lope de Vega firmó el 24 de mayo de 1634- -un año antes de morir- -se conserva en el British Museum. Su autor escribe, en los últimos años de su vida, una comedia urbana sobre amores juveniles; una comedia que insiste en un tema común en su dramaturgia: el amor como destino definitivo, como fuerza incendiaria de la que no se puede escapar. Las bizarrías de Belisa es una de las comedias más ortodoxas del poeta, escrita sin concesiones, casi de manual y que, sin embargo, contiene alguno de los momentos más hermosos y poéticos de su teatro. Sencillamente, un maravilloso canto del cisne Vasco ha querido, asegura, darle a este estreno la importancia de cualquier montaje de la compañía grande y para ello ha contado con varios fijos de la casa la asesoría de verso de Vicente Fuentes, la escenografía de Carolina González; la iluminación de Miguel Ángel Camacho y el vestuario de Lorenzo Caprile, que le ha cogido el gusto al teatro. TEATRO Las brujas de Salem Autor: Arthur Miller. Versión y dirección: Alberto González Vergel. Escenografía y vestuario: José Miguel Ligero. Iluminación: A. G. Vergel y Paco Ariza. Música: Gustavo Ros. Intérpretes: Sergi Mateu, María Adánez, Juan Ribó, Marta Calvó, Manuel Gallardo, Manuel Aguilar, Carmen Bernardos, Lia Chapman, Victoria Rodríguez, Manuel Brun, Virginia Méndez, Carmen Mayor, Inma Cuevas y Sheila González, entre otros. Lugar: Teatro Español. Madrid. El mal común JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN Resultaba emocionante, en la noche del estreno de este montaje, ver sobre el escenario a su director, Alberto González Vergel, mientras, concluida la función, recibía los aplausos del público a sus 84 años, la mayor parte de ellos de dedicación escénica. Una imagen hermosa, de continuidad teatral, en la que se enlazaban las diversas generaciones unidas en este espectáculo de factura sólida y moraleja rotunda. Una obra fuertemente vinculada al momento en que fue escrita, pero cuyo vigor moral la ha situado por encima de épocas y casos concretos. Las brujas de Salem es un texto tan coyuntural como universal; como es bien sabido, Arthur Miller lo estrenó en 1953 como materialización plástica de su oposición a la política del siniestro senador McCarthy: el autor establecía un claro paralelismo entre los sucesos reales ocurridos en 1692 en el pueblo de Massachusetts del título y la persecución de izquierdistas organizada en Estados Unidos con la Guerra Fría como telón de fondo. Como la condición humana es poco cambiante, el fanatismo y la intolerancia enseñan los colmillos por doquier y sigue habiendo personas dispuestas a cazar brujas en cualquier rincón del mundo con el pretexto de beneficiar el bien común aunque sea haciendo común el mal, la obra de Miller mantiene vigentes su contenido de denuncia y su lección moral; y, sobre todo ello, su gran potencia dramática. Así lo explicita el montaje de González Vergel, muy bien concebido y en el que a mí, tal vez por la larguísima trayectoria televisiva del director, me ha parecido encontrar ecos y maneras del memorable Estudio 1 No se entienda esto con intención peyorativa, sino como un modo de acotar un estilo de hacer y ser, consistente en el acabado y cuidadoso en los de- Ecos de Estudio 1 Un momento de la obra de Miller, durante los ensayos talles, y también con cierta tendencia a la solemnidad y al hieratismo de inspiración pictórica. Un montaje que combina la verosimilitud realista y una escenografía sintetizadora que en alguna ocasión tal vez pese demasiado. Estupendos vestuario e iluminación. Y también buen nivel conjunto en el apartado interpretativo, con María Adánez en una demostración de versatilidad como la taimada Abigail, enamorada y venga- ABC El montaje de Vergel combina la verosimilitud realista y una escenografía sintetizadora que en alguna ocasión tal vez pese demasiado ha querido estar en estos certámenes; darles el apoyo de un conjunto oficial, porque creo que es una labor que nos corresponde llevar a cabo En sus tres años al frente de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, Eduardo Vasco ha logrado una renovación del conjunto que no afecta sólo a las producciones (salvo mínimas excepciones, unánimemente aplaudidas y con una extraordinaria respuesta de público) sino también al funcionamiento interno; Vasco ha creado un elenco fijo de actores y un método de trabajo común, que varía según el director invitado. Entre las premisas del director, figura no salirse del repertorio español. Me han preguntado varias veces que por qué no hacíamos a Shakespeare, a Molière... Me niego a incorporar obras de fuera hasta que se hagan los veinte o treinta títulos que yo creo que merecen la pena de nuestro repertorio. Hay obras- -y no sólo piezas teatrales- -que son auténticas joyas y que hay que llevarlas a escena Más información sobre la CNTC: http: teatroclasico. mcu. es tiva, que ve en las acusaciones de brujería una oportunidad de consolidar su amor adúltero con John Proctor, encarnado con segura propiedad por Sergi Mateu; sobresalientes Juan Ribó, Manuel Aguilar y Manuel Gallardo, y mención emocionada a la veterana Carmen Bernardos, que ha anunciado que este es su último trabajo: su voz es una caricia de agua clara y autoridad interpretativa. El grunge de Pearl Jam salva la temporada al Festimad más metalero I. S. R. MADRID. I m still alive (aún estoy vivo) fue el grito que más retumbó el pasado sábado en el estadio Butarque de Leganés, donde este año se ha celebrado el ya clásico- -y venido a menos, según la mayoría- -Festimad. La frase, que pertenece al estribillo de Alive una de las canciones más aclamadas del grupo cabeza de cartel, Pearl Jam, bien podría adoptarla el festival como slogan, en vista de las mil y una vicisitudes por las que ha pasado en los últimos años. Cambios de emplazamiento, cancelaciones, disturbios... en el Festi ha pasado de todo, pero ahí sigue, fiel a su compromiso de ofrecer buena música a un precio razonable, misión imposible, al parecer, para promotores de encuentros similares como el FIB o el Summercase. Cierto es que el buen rollito de la acampada pasó a la historia, y también que, salvando a los que ocupan las letras grandes del cartel, la calidad, o siendo más condescendientes, la fama del resto de grupos no ha hecho más que decaer. Pero aun así, sería prematuro certificar la defunción del Festimad- -uno de los macroconciertos más conocidos fuera de nuestras fronteras- aunque su éxito este año haya dependido en un 90 por ciento del tirón de los de Seattle. La noche y el día La primera jornada, consagrada a las formas más salvajes del rock, transcurrió con más pena que gloria, pues la pequeñez de la parroquia (menos de 6.000 personas) no dió demasiado pie a la jarana. Tras las poco movidas pero dignas primeras actuaciones, entre las que Eddie Vedder, de Pearl Jam EPA destacó el rock atmosférico de Anathema, llegó el turno de Slayer. Los californianos, que dieron otra lección de técnica y contundencia, vieron cómo sus incondicionales se dejaban la piel- -y la garganta- -en cada tema, cerrando una jornada que no pasará precisamente a los anales del Festimad. La segunda tanda de conciertos fue otra historia. Con el aforo completo- -20.000 personas- Pearl Jam, última banda superviviente del rock harapiento (grunge en inglés) dieron un inmenso concierto en el que contaron con un invitado de excepción. Javier Bardem, viejo conocido de la banda, subió al escenario para presentar Black una balada que corearon todos los presentes mientras Eddie Vedder, vocalista de la banda, cataba a grandes tragos la botella de vino que su amigo actor le había regalado en el camerino. Versiones de los Who y los Ramones completaron un variado y animado repertorio, que convenció con creces a todos sus fans.