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62 AGENDA Tribuna Abierta LUNES 11 s 6 s 2007 ABC Bernardo Rabassa Sociólogo Presidente del Club Liberal Español LA SOCIEDAD DEL MÉRITO. ¿DÓNDE ESTÁS, ORTEGA? O acuso a la sociedad española actual, en la que me incluyo, de frívola, acomodaticia y ramplona, adocenada, instalada en el servilismo y en la contracultura, abotargada y hedonista, egoísta y preocupada sólo por el bienestar material, como lo demuestran las encuestas del CIS, y sólo parcialmente interesada por la opinión publicada, básicamente de las televisiones, que ponen a disposición de todos los ciudadanos la mayor y más amplia bazofia cultural de toda la historia de nuestro país, salvo contadas y rarísimas excepciones. Yo acuso a la sociedad española de ser insensible al dolor, de los miles de muertos por el tráfico, o por el terrorismo, o por la enfermedad. De insensibilidad ante el sufrimiento ajeno, apenas mitigado por la falsa caridad, transformándola en ocupación a veces lucrativa de las ONG, o de la Seguridad Social, o de la Ley de Dependencia, de Violencia de Género, etc... Yo acuso a la sociedad española de corrupción en el nivel más alto jamás alcanzado, y donde los corruptos son modelos a seguir por el resto de los que no tienen oportunidad de serlo. Yo acuso a la sociedad espa- Yo acuso a la sociedad española de admitir la chulería de los terroristas vascos, que no sólo violan la legalidad sino que hacen burla de ella Y ñola de famoseo donde por lo general los famosos objetos del deseo brillan de forma especial por sus defectos y por la incapacidad de esforzarse lo más mínimo, salvo para pavonearse como pavos reales. Yo acuso a la sociedad española de crispación de ping- pong diario y permanente entre el Gobierno y la oposición, sin llegar jamás a ningún lado, a la vez que de profunda escisión entre izquierdas y derechas. a la sociedad española de admitir la chulería de los terroristas vascos, que no sólo violan la legalidad sino que hacen burla de ella. Yo acuso a la sociedad española de mentir en el día a día, de no respetar el medio ambiente, la ciencia o la cultura, y de no valorar ningún esfuerzo que no suponga dinero. Carpe diem. Hegel nos lo gritaría a voces: ¡sois esclavos y no señores! Porque nos gusta mucho más abrillantar zapatos que arriesgar en la aventura de la vida. Nadie quiere ser empresario, todos funcionarios. ¿Quién respondería que sí a un anuncio como el siguiente en los principales periódicos? Se buscan hombres para viaje peligroso. Sueldo bajo. Mucho frío. No se asegura retorno con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito... hombres que contestaron en 1914 a este anuncio de Ernest Henry Shackleton pasaron dos años en la Antártida con su barco, el Endurance, aprisionado y destruido por los hielos. Sólo la tenacidad de su capitán logró, después de un largo viaje por los hielos, devolverlos dos años más tarde a su país. ¿Honor y reconocimiento? Son hoy palabras vacías. ¿Es que acaso el mérito no significa nada para las nuevas generaciones de españoles? Y el mérito se adquiere en la educación, que desgraciadamente, ley tras ley, ha ido fracaso tras fracaso, perdiéndose el respeto no ya a los maestros y profesores, sino a la propia cultura y a la ciencia. ¿Quién necesita aprender si una máquina diabólica como el ordenador y algún que otro buscador, nos resuelve el problema inmediato? Es cierto que Internet nos ha llevado a una Sociedad de la Información, de tales magnitudes que resulta incomprensible, sin el adecuado entrenamiento para poder establecer una crítica, como la de la Razón Pura de Kant. Los Yoacuso ca solución es la revolución del ciudadano, individuo, frente a lo social, para poder sentirse libre en un mundo urbano, lleno de millones de seres. Debe, pues, buscar en sí mismo la razón de su existir como ser único e irrepetible, libre de elegir. Pero para ello, el conjunto de los ciudadanos debe volver a regenerar en toda la Sociedad el mérito y el valor de la ciencia, la cultura y la civilización, que nuestros mayores nos legaron, y para ello hay que luchar, que denunciar, como el yo acuso de Emile Zola en la Francia de Dreyfus. Ortega y Gasset no fueron dos, como algunos estudiantes lerdos creen, sino el hombre que consiguió canalizar la libertad y los valores en el siglo XX, que el acervo cultural de los españoles había reunido en los pasados siglos. Hoy, estamos faltos de un filósofo de su talla, que proclame con voz firme la importancia de los valores y del mérito para la sociedad del futuro. Antelaglobalización, laúni- Miguel Ángel Lama Escritor JAVIER ALCAÍNS EN SU SCRIPTORIUM E Se aprecia el afán por la perfección de la obra de Javier Alcaíns, un escritor que transcribe- -como una quintaesenciada lectura sosegada- -lo escrito por otros y lo escrito por él mismo N los cenobios del Medievo, los monjes se retiraban a iluminar y caligrafiar pergaminos con textos bíblicos, antifonarios, vidas de santos, o a copiar, simplemente, documentos administrativos de donación o arriendo, a un lugar que se conoció como scriptorium, destinado a esta labor artesanal; un espacio selecto del monasterio que funcionaba como biblioteca y escuela de formación. De un lugar así nació, en el siglo X, la tradición de los llamados beatos, los textos ilustrados del Comentario al Apocalipsis de Beato de Liébana, aquel monje localizado en el valle cantábrico de La Liébana en un siglo como el Octavo. siglos después, un escritor y dibujante, funcionario en una institución provincial, nacido en Valverde del Fresno (Cáceres) hace cuarenta y cuatro años, sigue dedicando bue- na parte de su tiempo doméstico a inclinarse, como el que acude a probar algo en ofrenda, sobre una mesa de dibujo en la que pasa horas caligrafiando textos especialmente sublimes- -desde el Cantar de Cantares en la versión luisiana a Piedra de sol de Octavio Paz o el Diván del Tamarit de Lorca- -a los que suma figuras planas y colores intensos, que redoblan la altura de estos clásicos llevados a nueva dimensión. Quien Trece contempla hoy la obra artística de Alcaíns no queda indiferente. A la calidad de su trazo y la originalidad de su lectura de los beatos medievales, se añade lo laborioso de una tarea propia de otro tiempo, distinto a éste de la prisa y del ahorro en esfuerzos y recursos para lograr el máximo beneficio. Poco tiene que ver todo eso con lo que al lector transmi- ten los textos ajenos caligrafiados con esmero por Javier Alcaíns. Textos ajenos y textos propios, pues el autor también es poeta y narrador, y cuenta con una obra publicada, carta cabal que explica su otra dedicación, su otra mano. Javier Alcaíns publicó en 1989 su primer libro de poemas, Memoria de los viajes, en donde se pueden leer piezas reveladoras como Códices miniados en la Catedral de Siena. Diez años después apareció Teatro de sombras, su segunda entrega poética, y, entre medias, el libro de relatos La locura y las rosas, de 1997, todos publicados por la Editora Regional de Extremadura, y pruebas de que la distinción entre las dos manos de Javier Alcaíns, la que dibuja y caligrafía, y la que escribe, no es tan radical. Nacen, obviamente, de una misma sensibilidad e intercambian guiños que cualquier lector de los poemas y de los relatos de Alcaíns puede comprobar. Así, por ejemplo, en uno de sus libros originales junto a Las horas felices y a los Alfabe- tos apócrifos, el que reúne prosas y versos bajo el título de Arquitectura melancólica, una suerte de compendio en el que se aprecia el afán por la perfección de la obra de Javier Alcaíns, un escritor que transcribe- -como una quintaesenciada lectura sosegada- -lo escrito por otros y lo escrito por él mismo, y que convierte con ello el acto de la escritura en una celebración en el más estricto sentido ritual y hedonista, a la vez. Así, la entrega y la pasión del autor en su tarea, el modo con el que glosa su dedicación, por ejemplo, a algunas de las piezas eróticas de la Antología Palatina, de Calímaco y otros autores griegos, en las que se cantan los gozos y las tristezas que provoca Eros con una frescura y una naturalidad- -indica Alcaíns- -que las vuelve muy apetecibles para un iluminador Conocemos muchas formas de vivir la literatura, gracias a sus creadores y a sus lectores- -hoy deberíamos desear llamarlos seguidores hinchas la de Alcaíns, en su scriptorium, sorprende y maravilla.