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ABC LUNES 11 s 6 s 2007 OPINIÓN 3 LA TERCERA ZAPATERO, O PRIETAS LAS FILAS De Juana Chaos fue enviado sumariamente a la cárcel. Algunos comentaristas han dicho: es lo que manda la ley. Si fuese verdad, la ley no podía mandar, sólo unas horas antes, que se le enviase a casa, con o sin pulsera. Pero ocurre que la ley, para Zapatero, es, alternativamente, un estorbo o un pretexto. En esta pretendida rectificación han brillado de nuevo la ausencia de escrúpulos jurídicos, el oportunismo y la prepotencia... S la primera vez que ante la ruptura de una tregua, un partido político sale criticando al Gobierno Con estas palabras, pronunciadas en el Senado, el señor Zapatero faltó por enésima vez a la verdad. Y lo hizo de manera patente, porque, sin ir muy lejos hacia atrás, la ruptura de la anterior tregua etarra en tiempos del señor Aznar originó una catarata de duros ataques y agrias acusaciones al Gobierno procedentes del partido que hoy dirige el señor Zapatero. Ahí están las hemerotecas para quien lo dude. El actual Secretario General del PSOE y Presidente del Gobierno se equivoca, también por enésima vez, al pretender que los ciudadanos culpen al PP de la ruptura por ETA de su tregua permanente El PP ha podido cometer notables errores en el pasado y, a mi entender, algunos comete también ahora. Pero no figura entre ellos nada que tenga que ver ni con la solemne apertura de negociaciones con ETA, escenificada y protagonizada exclusivamente por el señor Zapatero, ni con el proceso de paz posterior, consistente, en síntesis, en desconocer o desdeñar las pretensiones de ETA, muy claras y constantes, y prometerles, en un torpe juego de engaños, lo que no podía darles. No podía dárselo por inconstitucional, ilegal y frontalmente contrario al criterio de una gran mayoría de ciudadanos, incluidos muchos votantes del PSOE, cuyo programa electoral no incluía el proceso de paz como no incluía una caótica y asimétrica desarticulación del Estado. apatero no podía dar a ETA la conversión de Euzkadi en Estado republicano independiente. Y eso, y no otra cosa, es lo que ETA viene pretendiendo desde hace más de treinta años. A pesar de innumerables avisos y de la experiencia de otros, Zapatero, autoconstituido en ser de inteligencia y clarividencia supremas, no dudó en desviarse de los límites marcados por el Parlamento y planeó un proceso que requería burlar o desactivar la Constitución y la ley, para, a la postre, ofrecer a ETA (y a la llamada izquierda abertzale condicionada por ETA y soporte suyo) grandes concesiones políticas, muy ventajosas para la organización terrorista y su entorno, pero que no eran ni son lo que ETA quería y quiere. Por eso, cuando la tregua y el proceso ya han sido para ETA todo lo rentables que podía esperar, ETA ha liquidado la tregua Desde el punto de vista etarra, el proceso ha resultado un éxito rotundo. Zapatero y sus adláteres (entre los que no están, ni mucho menos, todos los socialistas) pueden no reconocer su correlativo fracaso rotundo. Pero nadie en su sano juicio va a aceptar que el PP tiene la culpa de que ETA regrese al terreno criminal en que siempre ha estado. Muchos daños colaterales del llamado proceso de paz protagonizado por Zapatero son evidentes para quien no se empeñe en cerrar los ojos. Por el trayecto del proceso han ido quedando en la cuneta, fuera del Estado de Derecho, decisiones gubernativas, decisiones del Ministerio Fiscal y lamentables resoluciones judiciales, con grave desprestigio de muy importantes instituciones. Pero, además, para recorrer el itinerario de su proceso de paz Zapate- E ro ha dirigido un bombardeo diario de las más gruesas descalificaciones a todos los que discrepasen, presentándolos como reaccionarios enemigos de la paz. La natural indignación consiguiente, aunque se manifestase sin ninguna violencia, ha sido, a su vez, denostada por Zapatero como crispación antidemocrática. Entre esta ruptura social y política y la generada por el intento de eliminar la Transición verdaderamente histórica para rehacerla conforme a una memoria histórica de encargo, Zapatero ha triturado el mínimo consenso político y social que un país necesita para progresar de veras. hora, Zapatero pide una compacta unanimidad con él y con su Gobierno. En el nombre del Estado- -el de España no lo invoca- exige ausencia de crítica a su política sarcásticamente llamada antiterrorista y, por supuesto, silencio sobre el desenlace de su proceso de paz Porque él- -eso dice- -se ha esforzado al máximo por lograr la paz. Pero, sin discutirle la intención de ese esfuerzo, Zapatero reclama que nadie discuta ni sus planteamientos ni sus métodos- -por ejemplo, la absoluta falta de la tan prometida transparencia- -ni los resultados de su proceso Y esa actitud no es compatible con rasgos esenciales de la democracia. Pese a sus reiteradas afirmaciones, pese al texto de la declaración parlamentaria de apoyo y condicionamiento de la negociación, es innegable que Zapatero ha pagado un precio político a ETA. Y resulta que lo ha pagado a cambio de nada, pero a costa de infringir muchas reglas (la igualdad ante la ley, por ejemplo) deteriorar muchos valores (el de la verdad, sobre todo) desvirtuar conceptos clave (el de asesinato, convertido en accidente y herir a muchas personas dignas de respeto, con criterios igualmente respetables. En cuanto a los resultados de paz, son del todo invisibles, por inexistentes. En cambio, debemos a Zapatero y sus fans que todos vayamos a financiar a buen número de concejales simpatizantes, como mínimo, de ETA y de sus actuaciones terro- A ristas, como hemos financiado o financiaremos la ultrajante farsa penitenciario- hospitalaria de De Juana Chaos. Y le debemos unos largos meses para recaudar impuestos revolucionarios, proveerse de armamento y reorganizarse con relativa calma, El sentido de la responsabilidad, es decir, de la necesidad de responder de los propios actos, ese sentido de la decencia personal y política que impone conocer y reconocer lo que uno ha hecho, dando y rindiendo cuentas detalladas, está ausente en el comportamiento de este Presidente del Gobierno, de este Secretario General del PSOE. Si el crecimiento económico se sostiene y el paro desciende, es su mérito personal. Si sus personales candidatos fracasan, la culpa es de otros. Y si sus personalísimas ocurrencias también fracasan, no cabe pensar ni decir que él haya podido equivocarse en nada: son otros, siempre otros, los culpables. El señor Zapatero no ha explicado qué creía él que quería ETA al comienzo del proceso de qué ha hablado el Gobierno con los etarras durante estos meses y por qué piensa el señor Zapatero que ETA ha liquidado su tregua Matizo: sobre esto último se le ha ocurrido decir que el final de la tregua se debe a que él, Zapatero, se negó a hablar de política con ETA. ¿Acaso podía negociarse con ETA sin hablar de política? Zapatero mismo planteó la negociación como un asunto netamente político. e nuevo nos quieren tomar por tontos. Pero los españoles de a pie fácilmente pueden plantearse esta sencilla disyuntiva: si valía la pena negociar con ETA, el fin de la negociación sin resultados es un fracaso de los negociadores y, entre ellos, del señor Zapatero. Y si con ETA no valía la pena negociar, el señor Zapatero se equivocó no sólo al comenzar la negociación, sino también al insistir en ella, a pesar de robos de pistolas, extorsiones y muertos en la T- 4. El señor Zapatero no va a dimitir. No va a decir me equivoqué Porque el señor Zapatero, que blasona de paladín de la democracia, se comporta como un caudillo, exigiendo adhesión incondicional (le falta cantar el prietas las filas, recias, marciales... y reprimiendo al discrepante. Ante las pasadas elecciones, prometió propuestas en vez de insultos, pero se especializó en difamar a su adversario político con las tergiversaciones más deshonrosas, permitiendo a sus peones de brega los más netos insultos. Y ni siquiera lamentó muy graves episodios de violencia electoral. Lo de ahora sigue la misma línea, responde a la misma mentalidad no democrática y al mismo talante incapaz de un diálogo genuino. A Zapatero no le queda sino arremeter, una y otra vez, contra la derecha. Pero los peatones democráticos españoles se dan cuenta de que la cesión a los terroristas y a quienes les apoyan no es una posición propia de la izquierda. Es, pura y simplemente, una indigna necedad que perjudica, que ha perjudicado ya muy gravemente, a toda la ciudadanía. Y todavía falta por ver qué pasa en Navarra. Z D ANDRÉS DE LA OLIVA SANTOS Catedrático. Universidad Complutense