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32 INTERNACIONAL Elecciones legislativas en Francia DOMINGO 10 s 6 s 2007 ABC El PS afronta los comicios como una prueba de poder para sus facciones rivales J. P. Q. CORRESPONSAL PARÍS. Las distintas y enfrentadas familias socialistas esperan medir sus respectivas representaciones parlamentarias, para conocer el peso y la influencia real de los distintos líderes que aspiran a apoderarse del PS. Ségolène Royal, candidata derrotada a la presidencia, no es candidata a diputada. Ha preferido seguir siendo presidenta de la región Poitou- Charante. Pero ha sido la primera en utilizar la campaña electoral para presentarse como líder natural de un partido en busca de identidad. Bertrand Delanoë, alcalde de París, tampoco será diputado. Pero también aspira al cargo. Y espera beneficiarse de los buenos resultados posibles de sus amigos políticos. Dominique Strauss- Kahn- -con vocación socialdemócrata- -y Laurent Fabius- -partidario de la izquierda socialista- -esperan estar al frente de la oposición parlamentaria, con la esperanza de utilizar el grupo parlamentario socialista y la tribuna de la Asamblea Nacional como instrumentos de guerra política para apoderarse de la reforma del PS. Este partido puede aspirar a un grupo parlamentario importante. Pero su influencia estará forzosamente mermada por sus divisiones internas. Ségolène y Delanoë aspiran a controlar el PS desde fuera de la Asamblea Nacional. StraussKahn y Fabius aspiran a ejercer su influencia desde sus escaños de diputados. Ségolène desea imponer al PS y a los futuros diputados socialistas el modelo político que fracasó en las recientes elecciones presidenciales: una democracia participativa que vacía al PS de doctrina y deja en segundo plano las iniciativas parlamentarias, estando ella misma ausente de la Asamblea Nacional. Delanoë, Strauss- Kahn y Fabius son viejos apparatchiks del PS, contra quienes comienza a emerger una nueva generación de jóvenes socialistas que piafan por conducir a los elefantes del partido. Ante tal arco iris de familias, tendencias y estrategias enfrentadas, los diputados socialistas de base esperan poder vender muy cara su influencia. Las personalidades emergentes aspiran a crear nuevas relaciones de fuerza dentro de un partido condenado a buscar una nueva doctrina durante cinco largos años de oposición. La revolución sarkozista El proyecto que saldrá reforzado de las elecciones legislativas de hoy en Francia no es una amalgama de ideas robadas a la extrema derecha y al centro, como apuntan los detractores de Sarkozy. Tiene una identidad labrada en años de política y de reflexión POR FRANCISCO DE ANDRÉS MADRID. La crisis del modelo de Estado francés es un secreto a voces. La deuda pública es abrumadora y no ha dejado de crecer con gobiernos de izquierda y de derechas. Ningún presidente ha sido capaz de meter tijeras a la expansión del número de funcionarios. La competitividad de las empresas francesas, en particular las de rango mediano y pequeño, languidece por la semana laboral de 35 horas. Otro de los rasgos de la especifidad francesa, el modelo de integración de los inmigrantes, de modo particular los de religión musulmana, se encuentra en estado cataléptico, como demuestra la proliferación de guetos en París y en las grandes ciudades francesas, y los sarpullidos de violencia racial que se suceden periódicamente en las barriadas urbanas. El programa de reformas legislativas de una Asamblea de amplia mayoría conservadora acometerá ambos desafíos. Durante sus dos periodos al frente de la cartera de Interior y Cultos, el flamante presidente de la república, Nicolas Sarkozy, pudo experimentar de cerca la seriedad del mal social francés El diagnóstico escandalizó a muchos popes del progresismo de salón cuando, en vísperas de las pasadas presidenciales, el candidato de la UMP achacó al nihilismo difundido por los sucesos de Mayo de 1968 muchas de las secuelas sociales- -violencia, desarraigo, desempleo juvenil, desafío hacia cualquier forma de autoridad- -que hoy padece el país. Frente al relativismo ético, el líder conservador francés aboga por convicciones morales fuertes. En la Francia de inicios del tercer milenio, el lugar que ocupa la religión es central ha escrito Nicolas Sarkozy en su obra La República, las religiones, la esperanza recientemente traducida al castellano. El libro- entrevista, surgido de un largo diálogo con un religioso dominico y un profesor de Filosofía, refleja algunas de las claves del pensamiento del nuevo presidente francés, y el armazón intelectual de su proyecto de reforma del modelo de Estado de la V República. Sarkozy es leal al viejo concepto francés de Estado laico, pero aboga por una interpretación distinta de la vigente hasta hoy. Al revés que cierto número de mis predecesores no he profesado una educada indiferencia respecto de las religiones afirma el nuevo inquilino del Elíseo. En un Estado europeo moderno, gestionar el fenómeno social de las religiones no puede limitarse a garantizar el orden público. La protección y fomento de la libertad religiosa procede para Sarkozy de la convicción de que para nuestra sociedad las religiones constituyen un asunto de gran importancia, porque son portadoras de una esperanza ¿Qué puede alejar a los jóvenes franceses de las clases acomodadas de la tentación de la droga, o de la violencia a las legiones de desheredados que habitan las barriadas? El ex ministro del Interior hace una lectura de los gravísimos disturbios del verano de 2006. En estos momentos en que están ausentes de nuestras barriadas los lugares de culto oficiales y públicos, se aprecia en qué medida ha podido ser la aportación espiritual un factor de apaciguamiento, y qué vacío dejó al desaparecer En Francia en general, y en mayor medida en los suburbios que concentran todas las desesperanzas- -escribe Sarkozy- -es preferible que los jóvenes tengan esperanza espiritual en vez de tener en la cabeza como única religión la violencia, la droga o el dinero Sucedáneos peligrosos La búsqueda del tesoro Gestión con compromiso En la Francia de inicios del tercer milenio, el lugar que ocupa la religión es central ha escrito Nicolas Sarkozy Cuando entro en una mezquita me quito los zapatos; cuando usted entre en una escuela, quítese el velo Coherente con esa visión, el líder conservador propone que el Estado no sólo garantice el respeto sino que también contribuya a la promoción de todas las religiones que se practican en su territorio. Para el caso de Francia y de la Unión Europea, Nicolas Sarkozy respalda una sensibilidad especial de las autoridades políticas hacia el cristianismo que no es sólo un culto sino también una cultura dice el hoy presidente en su ensayo programático. Respecto al islam, la segunda religión del Estado francés, Nicolas Sarkozy defiende las razones que le llevaron a crear el Consejo Francés del Culto Musulmán, organismo que agrupa tanto a los movimientos moderados fieles a la república como a los radicales, en gran parte de origen marroquí. El hoy presidente defiende la necesidad de contar con un solo interlocutor porque, a diferencia del ca- tolicismo, en el islam no hay clero ni jefatura religiosa, y es esencial desactivar mediante el diálogo el riesgo de radicalización entre los cinco millones de musulmanes franceses. ¿Asimilación a la francesa o multiculturalismo anglosajón? Las dos fórmulas muestran goteras, pero Sarkozy se inclina por la integración a la francesa, con decisiones tan polémicas como la prohibición del velo musulmán en las escuelas públicas, o la expulsión del país de los imanes que prediquen el odio en las mezquitas. En un diálogo televisado- -cuenta Sarkozy en su libro- -tuve ocasión de decir a una mujer que se cubría con el velo: Al entrar en una mezquita yo me quito los zapatos. Cuando entre usted en una escuela, quítese el velo ¡Esto es lo que ha de ser el islam en Francia! Tolerancia y convicción