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82 CULTURAyESPECTÁCULOS SÁBADO 9 s 6 s 2007 ABC ÓPERA Il trovatore Música: Verdi. Int. F. Casanova, F. Cedolins, D. Zajick, A. MichaelsMoore, Coro y Orq. Titular del T. Real. Dir. de escena: E. Moshinsky. Dir. musical: N. Luisotti. Teatro Real. Madrid. 7- 05- 07 Retrato robot del tesoro capturado por Odyssey Expertos consultados por ABC mantienen que las monedas cuya efigie manipuló Odyssey en una foto que ofreció a las agencias son probablemente monedas de plata españolas acuñadas en América, que viajaban en una fragata hundida a fines del siglo XVIII o XIX JESÚS GARCÍA CALERO MADRID. El silencio de la empresa Odyssey Marine Exploration desde que el pasado 18 de mayo anunciase el hallazgo de un tesoro del bautizado como Black Swan y mostrase una foto manipulada de monedas de plata hizo saltar las alarmas. Lo más probable, según los arqueólogos consultados por ABC, es que se trate de pelucones por extensión, monedas con la efigie de los Borbones, de oro o plata, las más comunes de la época. Por el tamaño del cospel y su forma, a pesar de que la efigie en la foto manipulada fue borrada, opinan que es la probabilidad más fiable. Tan comunes fueron estas monedas y tan descomunal su producción que, en 1880, el historiador mexicano Orozco calculó que, uniendo el fruto de las cecas americanas, se habría unido París con México por medio de una alfombra de plata de 84 centímetros de ancho. Las cifras navales de nuestro imperio no se quedan cortas. Sólo de buques españoles se han documentado más de 8.000 naufragios, muchos cargados de pelucones Los arqueólogos se inclinan por ellos también debido a la cantidad declarada- -darla por buena es un acto de fe- -por Odyssey: 17 toneladas. Unas 500.000 monedas de plata y unos miles más de oro. Desde luego no es la carga de un galeón de la carrera de Indias. Esos buques cargaban cantidades ingentes y para ellos 17 toneladas de plata era muy poco. La cantidad es más propia de un navío de segunda o tercera clase: fragatas, corbetas, urcas, goletas, bergantines o jabeques. Estos tomaron el relevo de los galeones en el siglo Más vale trovar ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Rumor de ópera había el jueves en el Teatro Real. Gente bulliciosa, expectante ante la función y dispuesta a divertirse con Il trovatore Tanto, que apenas Fiorenza Cedolins cantó la salida de Leonora ya se escucharon los primeros aplausos. Fue toda una declaración de principios. Ella fría, calante y sin colocar, los demás queriendo disfrutar de este milagro plagado de dificultades que es la obra de Verdi. Dicho de otro modo todos juntos dejando aflorar la tensión acumulada. Il trovatore la ha tenido desde el momento en el que Roberto Alagna apareció en cartel. Luego, como el divo canceló han tenido que sustituirle tres Manricos que se reparten las funciones. El día del estreno se oyó a Francisco Casanova. Un valiente cuyas posibilidades no acabaron de aparecer en esta representación demasiado a medio hervir. La voz es bonita, pero en otras ocasiones le ha sonado mejor, la línea es agradable aunque sea capaz de perfilarla con más delectación, los medios son notables y quedaron a medio gas. Cantó el primer interno y rompió la voz más de una vez, atacó la Pira para resolverla sin arriesgar (una forma de dejar pasar la gloria) llegó Ah sì, ben mio, coll essere y empezó a encontrar la medida de lo íntimo, hizo el duettino con Azucena y surgió la sustancia. La obra estaba llegando al final. Así las cosas, habría que retroceder sobre la actuación de Dolora Zajick, pues su Azucena fue lo verdaderamente notable de la noche o, al menos, lo más regular, desde los atisbos belcantistas de Stride la vampa hasta ese final recogido. Anthony Michaels- Moore salió con la voz rozada y monolítica, y se despidió del Conde de Luna añadiendo arrestos. Para entonces Cedolins (con muchos amigos entre el público) había dejado una agradable media voz en D amor sull alli rose Francisco Corujo había llamado la atención, el coro había hecho gala de musculosa fortaleza apretujado en la torpe escenografía ya vista en el 2000 y la orquesta se mantenía con una sonoridad gruesa pero ya libre de falsos histrionismos, al hilo de la voluntad del maestro Nicola Luisotti. Fragata española del XVIII capturando un buque inglés XVIII. La cantidad de navíos hundidos en la zona del Estrecho obligaría a identificarlos con una inmersión profunda en archivos, bibliotecas especializadas, centros de investigación... o directamente en agua, si Odyssey facilita finalmente la posición del pecio y los arqueólogos españoles pueden comprobarlo, cosa harto poco probable. La finalidad de la construcción de tantos buques menores no era otra que dotar a los vastos dominios de la Corona española de naves capaces de realizar comunicaciones entre los diversos países integrantes de la Monarquía hispánica. Entre estos buques menores jugaron un papel preponderante las fragatas, de las que se construyeron 196 en el siglo MUSEO NAVAL, MADRID XVIII. Por la carga declarada, el tesoro pertenecerá probablemente a estos barcos. Habría que estudiar cuántas de estas 196 se hundieron en la zona. No obstante, también se usaron las corbetas, muy maniobreras y que frecuentemente portaron carga preciosa. Aunque tampoco se puede descartar al cien por cien un galeón del XVI o del XVII. La oscura operación Black Swan MADRID. Todo resulta oscuro por la falta de información ofrecida por los cazatesoros. Es probable que la confusión les convenga pero, con los datos de que hoy disponemos, la lógica nos lleva a pensar, con nuestros máximos expertos, que Black Swan podría ser, en realidad, el nombre de una operación perfectamente diseñada por Odyssey. Primero debieron peinar con el sónar de barrido lateral y el densitómetro del RV Odyssey la zona del Estrecho, porque allí trabajó ese barco entre 2002 y 2005. Después, en diciembre de ese año, llegó a Gibraltar el ya famoso Odyssey Explorer con el robot Zeus a bordo. Entre junio de 2006 y mayo de 2007, este barco ha estado trabajando en diversos puntos en campañas muy breves, pero muy repetidas, hasta sumar el tiempo necesario para extraer 500.000 monedas (no menos de 4 meses con esos medios, según arqueólogos experimentados) Nunca han trabajado en un solo punto, esto ya se ha comprobado. En la zona del Mar de Alborán es donde más tiempo han sumado durante este periodo, junto a los supuestos restos del Sussex -y a muchos otros, cabe decir, próximos al pecio del portaviones Ark Royal una zona también escaneada por los sónares de la Royal Navy en 2002- Para recuperar el Sussex gozaron del patrocinio de la Armada inglesa y- -sólo desde 23 de marzo de 2007- del permiso de Exteriores. No obstante, queda claro que durante los últimos 18 meses han trabajado sistemáticamente allí y en ambos lados del Estrecho, trazando un mar de confusión en las narices de las autoridades españolas y saltándose las garantías por ellas exigidas a Gran Bretaña en el permiso. Desde luego, su capacidad de vigilancia no ha sido lo más brillante de esta historia. Los lugares más frecuentes donde Odyssey trabajó en ese tiempo revelarán, sin duda, el origen del tesoro, cuyo viaje a EE. UU. contó además con la complicidad de los británicos, según el juez. La investigación está siendo concienzuda. Entre tanto, para asegurarse por la Ley Militar de Hallazgos el eventual tesoro, Odyssey presentó al Almirantazgo estadounidense reclamación por tres pecios. Dos con posición secreta y otro en 49 25 Norte y 6 Oeste, un lugar cerca de las costas de Cornualles, donde se hundió el buque inglés Merchant cargado con dinero español. Así se blindaban ante la aparición de nuestras monedas, según el abogado maritimista Lorenzo Sarmiento. Pero los gráficos de AisLive arruinaron la estratagema y su impunidad, puesto que han revelado que nunca trabajaron en Cornualles y sí en aguas españolas del Estrecho. Acto de fe