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9 6 07 TENDENCIAS Relojes El nuevo código Da Vinci Las grandes marcas se dejan los ojos para sacar nuevos relojes de alta gama. IWC presentó en Florencia su última pieza. El Da Vinci, un reloj nada simple TEXTO: CARMEN FUENTES FOTOS: ABC unque perder la noción del tiempo es a veces de lo más relajante, para media humanidad la medida del tiempo ha sido y sigue siendo una obsesión que ha provocado una enfermedad conocida como relojitis amor desmesurado y caprichoso hacia esas piezas mecánicas, que la mano precisa de los maestros relojeros maneja como nadie. Hablar de ciertos relojes es hablar de un arte apasionante. El camino de la relojería ha sido largo y laborioso, difícil de entender hoy por el mero hecho de que la hora nos la dan gratis y está en todos los rincones. En estos tiempos los relojes con complicaciones son al hombre lo que las joyas a la mujer: una pasión que crece con los años y con el bolsillo. Una pasión que ha fomentado el coleccionismo. Piezas que son el complemento ideal (casi único) del atuendo masculino y el accesorio que mejor le marca como persona. Dime qué reloj llevas y te diré quién eres parece insinuar la publicidad. Y bien lo saben las marcas... y los usuarios. A Nuevos modelos tonneau La casa IWC acaba de presentar en Florencia los nuevos relojes del modelo Da Vinci. Unas maquinarias con complicaciones en acero, oro rosa y platino, inspirados en Leonardo, ese genio del Renacimiento que se adelantó a su tiempo y al que tanto debe el mundo de los inventos La última de estas novedades viene marcada por la emblemática Casa IWC que, desde su manufactura de Schaffhausen (Suiza) ha renovado el reloj que dio nombre a ese genio del Renacimiento llamado Da Vinci, con nuevos desarrollos, únicos en el mundo, además de una moderna y atractiva caja, en forma de tonneau diseñada a partir de un viejo modelo de 1969 que tenía movimiento de cuarzo y que para aquellos años era de lo más moderno. Hoy, el Agujas de plumín afilado nuevo Da Vinci no sólo está inspirado en esas máquinas del tiempo que el genio de Leonardo supo hacer, sino que su diseño ha ido más allá: las agujas, por ejemplo, son como un plumín afilado, y los números parecen sacados de los códices renacentistas, en rojo y negro, para que destaquen en la esfera. Lleva el nombre de Da Vinci porque Leonardo se adelantó a su época y y fue hombre muy interesado por el tiempo. Cuatro años ha estado trabajando en el nuevo modelo el maestro Kurt Klaus, el genio de la Casa, que ha limitado su obra a pocos y escogidos modelos. Hay un Da Vinci automático desde 4.000 euros (en acero, oro blanco o rojo) un Da Vinci cronógrafo, desde 10.000 euros (en acero, oro blanco y rojo y platino) y un Da Vinci calendario perpetuo edición especial, desde 23.000 euros, que lleva grabada la figura de Kurt Klaus. De fácil manejo- -todo desde la corona- -sólo habrá algunos ejemplares (50 en platino, 50 en oro blanco y 50 en oro rosa) en homenaje al maestro que lleva 50 dejándose los ojos en los IWC. Resulta curioso que el mundo de la alta relojería sea en cierto modo machista pues las grandes marcas sólo hacen modelos para hombres; los de tamaño pequeño o cadete los adaptan a la muñeca de la mujer, eso sí añadiéndoles elementos de la joyería tradicional, como los brillantes. Ninguna casa relojera de alta gama hace modelos exclusivos, de maquinaria complicada, para la mujer. La primera razón, según Georges Kern, presidente de IWC, es que la mujer no se fija tanto en la maquinaria, como el hombre, sino en el diseño; la segunda, es que no se prepara tanto para comprar un reloj como un hombre, que estudia todos y cada uno de los detalles y, ade- Kurt Klaus, el genio de la casa IWC, poniendo a prueba esas maquinarias de relojería que rondan la perfección más, se deja aconsejar e informar por el especialista. Pero algo está cambiado. Las jóvenes ejecutivas empiezan a generar un mercado de relojes de alta gama porque quieren llevar piezas distintas al resto de sus colegas. Con un buen reloj sucede lo mismo que con un gran coche. El hombre lleva aprendida la lección- -añade Kern- pues no entra en una relojería a ver qué tienen sino que lleva estudiado al detalle lo que quiere. Se ha informado antes y tiene una idea más o menos fija. Así se vende el 80 por ciento de las piezas, porque para adquirir un reloj de 20.000 euros hay que reflexionar El mercado de la alta relojería es pequeño: 400.000 piezas por año para unos seis millones de personas. El concepto del lujo ha evolucionado mucho en estos 30 últimos años. La razón es que el lujo se ha popularizado y ahora lo que se lleva es el superlujo, que sigue siendo exclusivo Otro fenómeno que ha surgido en los últimos 5 años ha sido el de los nuevos ricos que vienen de la industria, de la informática, los chicos con fortuna, o los rusos, que cada vez tienen más poder adquisitivo. Una población que supone entre 5 y 10 millones de personas. Se trata de gentes que compran relojes con complicaciones porque para ellos representan una actitud y una forma de cultura. Nuevo fenómeno: el superlujo