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ABC SÁBADO 9 s 6 s 2007 ESPAÑA 31 Monteiro: Sufrieron la muerte por odio a la fe El Nuncio recalca que la Santa Sede, desde 1936, calificó de mártires a los religiosos asesinados en la Guerra Civil J. BASTANTE MADRID. El Nuncio de Su Santidad en España, Manuel Monteiro de Castro, subrayó esta semana en Madrid cómo los futuros beatos de la II República y la Guerra Civil adquirieron inmediatamente fama de mártires recalcando que dicho reconocimiento, sin paliativo alguno, lo recibieron muy pronto también del mismo Papa Durante la presentación de una serie de libros sobre los nuevos mártires, Monteiro de Castro destacó cómo resulta evidente que los perseguidores, quienes los asesinaron y quienes dieron las órdenes, actuaban por odio a la fe, a la Iglesia, al sacerdocio, a la vida consagrada Para el embajador del Papa, los mártires sufrieron la muerte por Dios Según destacó el Nuncio en su presentación, desde el comienzo de la Guerra Civil el Vaticano hizo suyo el sufrimiento de los católicos perseguidos a causa de su fe. Ya el 14 de noviembre de 1936, señaló Monteiro, el Papa Pío XI fue muy explícito en su alocución a quinientos españoles que se habían refugiado en Italia En aquella ocasión, el Pontífice recordó la gran tribulación de las que venís apuntando que la persecución, desde el punto de vista de la fe, es un esplendor de virtudes cristianas y sacerdotales, de heroísmo y martirios Del mismo modo, el 16 de abril de 1939, Pío XII envió un radiomensaje al pueblo español en el que hablaba de la guerra civil más sangrienta que recuerda la historia de los tiempos modernos invitan- LA MISIÓN Jesús Higueras MÁRTIRES Y TESTIGOS E Gran tribulación Manuel Monteiro de Castro ABC do a todos los creyentes a la santa memoria de los obispos, sacerdotes, religiosos de uno y otro sexo y fieles de todas las edades y condiciones, que en tan elevado número han sellado con su sangre su fe en Jesucristo y su amor a la religión: no hay mayor prueba de amor s mártir quien es testigo, quien ha visto con toda seguridad y claridad algún hecho real y lo puede anunciar a los demás. Por eso, en la Iglesia siempre han existido los mártires, testigos del amor de Dios, que es más fuerte y más importante que cualquier fuerza humana. El siglo XX fue, en palabras de Juan Pablo II, el gran siglo de los mártires, de los testigos que dieron su vida para anunciar que la vida de Cristo es tan real como lo fue en el inicio evangélico. También España ha sido tierra de testigos de Cristo, puesto que miles de cristianos prefirieron perder la vida terrena para ganar la vida definitiva por causa de Jesucristo. En los primeros siglos de la Iglesia hubo una veneración hacia aquellos que habían si- do valientes. Pero no pensemos que el martirio que es para una élite o para un grupo de selectos. Los mártires, por el mero hecho de dar su vida por Cristo, entran inmediatamente en la visión beatífica, y todos estamos llamados a vivir ese martirio, es decir, a entregar la vida. Esto se puede hacer en un momento concreto, cuando te hacen elegir entre la vida corporal o la vida con Cristo, pero todos estamos llamados en cada jornada y en cada momento, a perder nuestra vida por ganar la vida de Cristo. Esto se hace en el hogar, en el trabajo, en todos los ámbitos de la vida. Es un gozo para todos los españoles la próxima beatificación de casi quinientos testigos de Cristo, puesto que eso habla de la vitalidad de nuestra Iglesia en el siglo XX. Habla del don de la fe, que nos ha sido regalado desde los comienzos del anuncio evangélico, una fe que en España no terminará. Pasará por momentos de dificultades y crisis, pero no podemos perder la esperanza, puesto que los orantes son nuestros compañeros. Ellos son nuestra esperanza y nos animan en el seguimiento incondicional de Cristo, también ahora en los albores del siglo XXI.