Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
4 OPINIÓN SÁBADO 9 s 6 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro LA BOLSA Y EL REAJUSTE INMOBILIARIO L CÁRCEL PARA UN HOMBRE DE PAZ A intervención de Rodríguez Zapatero el pasado jueves en una televisión privada es la prueba definitiva de su falta de talla ante el desafío que afronta la sociedad española. ETA ha reventado la legislatura, poniendo de manifiesto la irresponsabilidad del Gobierno al poner en marcha un supuesto proceso de paz que ha terminado como cualquier persona sensata habría anticipado desde el primer momento. Gran parte de la opinión pública había perdido ya cualquier esperanza de una rectificación seria ante el inconsistente discurso de Zapatero el mismo día en que ETA anunció el fin de la tregua, pero aún es mucho peor la operación oportunista de transferir la responsabilidad al PP y situar a la oposición ante un dilema moral y político, fiel reflejo de una falta de lealtad hacia el adversario que no es admisible en quien ejerce la máxima responsabilidad del Gobierno. Revestido con el manto institucional, pero actuando al servicio de una estrategia partidista, Zapatero intenta provocar una reacción desmedida en el PP, con la intención- -una vez más- -de situar a Mariano Rajoy en una imaginaria derecha extrema y presentarse así como víctima de los radicales de uno y otro signo. La operación está muy clara. Por una parte, se actúa con repentino rigor al aplicar la legislación penitenciaria a De Juana Chaos y el Ministerio Fiscal cambia frenéticamente respecto de Arnaldo Otegi (según Zapatero, un hombre de paz cuya detención por orden judicial es- -pura y simplemente- -la aplicación razonable de la ley que todos los ciudadanos de buena fe celebran y aprueban. Mientras, Zapatero maneja con engaño esa supuesta rectificación de su postura anterior, acusando a los populares de boicotear el proceso y de utilizar electoralmente el terrorismo. En una palabra, destruye las remotas esperanzas de recuperar el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo como expresión de una política de Estado en defensa de la España constitucional. Con esta actitud, falsea la realidad, demuestra su soberbia y desprecio hacia el adversario y abre, de hecho, la próxima campaña electoral, siempre con L el objetivo inequívoco que persigue desde que empezó la legislatura: expulsar al PP hacia los márgenes del sistema. Ya que Zapatero intenta presentarse como víctima y culpa de antemano a la oposición del fracaso de la entrevista del próximo lunes, el PP debe reaccionar con frialdad y sentido común, aunque tenga que hacer serios esfuerzos para contener una lógica indignación. Rajoy está ante la ocasión de mostrar su sentido de Estado y no caer en la burda trampa que le tiende el Ejecutivo. En efecto, la sociedad española espera del líder popular que acuda a La Moncloa con un plan concreto para combatir a ETA con todos los instrumentos del Estado de Derecho. En este sentido, es lógico que se exija sin demora al Gobierno que inste la ilegalización de ANV evitando los efectos de una de las muchas concesiones realizadas al entorno etarra que ha provocado la vuelta a las instituciones de los terroristas a través de una marca instrumental. Los gestos de aparente firmeza con De Juana o con el propio Otegi son fácilmente revisables en cuanto cambien las circunstancias. Para que el Gobierno demuestre una voluntad de cambio real y no puramente cosmética es determinante que las instituciones democráticas queden limpias de nuevo frente a una presencia indeseable. Navarra, por supuesto, es otra prueba esencial de los propósitos auténticos del PSOE. El PP ha mantenido a lo largo de la legislatura una actitud irreprochable respecto a la lucha contra el terrorismo que constituye a día de hoy su principal activo político ante la sociedad española, incluso ante quienes creyeron de buena fe en las falsas expectativas suscitadas por Zapatero. El objetivo del PSOE es ahora desactivar ese capital de firmeza y credibilidad que la oposición ha conseguido acumular. Es una maniobra al servicio de un único objetivo, que consiste en revalidar el triunfo en las urnas obtenido en las dramáticas circunstancias del 14- M. Lo que Zapatero no dice ni piensa decir a los ciudadanos es si, una vez conseguida la hipotética victoria, pondría otra vez en escena esas ansias infinitas de paz que ETA desprecia con su cinismo habitual. UNA CUMBRE CON SABOR AGRIDULCE S probable que se deba a una exageración de las expectativas con las que se anuncian, pero el caso es que cumbres como la del G- 8 que terminó ayer, están convirtiéndose en una escenificación cansina de la incapacidad de los principales líderes mundiales para tomar las decisiones relevantes que el mundo necesita. Naturalmente, que se reúnan los presidentes de los países más poderosos no significa que automáticamente se tengan que poner de acuerdo en todo, pero sería más edificante presentar mejores resultados, auténticos esfuerzos para buscar las soluciones a los grandes problemas que, cuando terminan el boato y el oropel de la cumbre, siguen pesando sobre el planeta. En la mayor parte de las cuestiones que se revisaban en la cita de Heiligendamm, sólo la habilidad de la canciller Angela Merkel logró que se pueda hablar de ciertos avances, al menos parciales, como en la lucha contra el cambio climático, aplazada, sin embargo, para ser sometida al discutible paraguas de la ONU. En otros asuntos, como la polémica sobre el sistema antimisiles y la sorprendente propuesta de Vladimir Putin para instalarlo en Azerbaiyán, la utilidad de esta cumbre ha sido más que relativa, teniendo en cuenta que muy pronto el presidente ruso va a visitar oficialmente Estados Unidos, donde se podrán apreciar E más adecuadamente los logros de esta reunión. En cuanto a la crisis de Kosovo, sencillamente la cumbre no ha servido para nada. Desde el nacimiento de este grupo, hace ya más de veinte años, la sigla del G- 8 ha servido para identificar lo que en los últimos tiempos ha pasado a ser el politburó de la globalización. Hace ya bastante que esta globalización ha superado con estrépito la idea fundacional del G- 8: en estos momentos, en la cumbre ni son todos los que están ni están todos los que son. Para colmo, lo único seguro es que la situación seguirá cambiando, y cada vez con más velocidad. Por poner un ejemplo, ¿quién puede pensar ahora en sentarse a hablar sobre el futuro de la economía mundial con Italia, pero sin tener en cuenta a China o la India? Al final, los únicos que parecen estar en su salsa son los radicales globalifóbicos promotores de una especie de internacional itinerante que persigue implacable las reuniones de los dirigentes mundiales para tratar de aguarles la fiesta a base de manifestaciones y abucheos. Nadie niega el valor de la discrepancia civilizada, que siempre es semilla de discusiones fructíferas, pero es muy probable que si no existiera esta presión callejera, tal vez las reuniones de los dirigentes mundiales podrían ser más normales y estar dedicadas a la búsqueda de soluciones para el mundo. AS empresas inmobiliarias están siendo duramente castigadas en la Bolsa, donde en apenas una semana han llegado a perder unos 5.000 millones de euros en capitalización. Resultaba evidente que había una clara sobrevaloración de algunas de estas sociedades, propiciada, además, por continuos movimientos corporativos, y también está claro que los precios de la vivienda y del suelo- -en alza continuada durante un largo ciclo de bonanza inmobiliaria- -han dado señales nítidas de agotamiento y de un aterrizaje que se prevé suave. Este final de ciclo se ve acelerado por las sucesivas subidas de tipos de interés, que encarecen los créditos hipotecarios y enfrían el mercado de la vivienda, cuyos gestores no han dudado en los últimos meses en diversificar sus inversiones y lanzar una fuerte ofensiva de compras para instalarse en otros sectores productivos. Todos estos factores han influido en la incierta crisis del mercado inmobiliario, pero no parece lógico que la Bolsa castigue por igual a todas las empresas del sector: las hay con menor exposición al fenómeno de la especulación, con sólidos activos en vivienda, oficinas o centros comerciales, mientras que otras han logrado alcanzar una diversificación que las libera de la tiranía de los ciclos, con negocios boyantes en otros paises. Y si parece ilógico el castigo indiscriminado a las compañías inmobiliarias, aún lo es más extenderlo a las empresas constructoras, en su mayoría muy poco expuestas, bien diversificadas- -en energía, servicios, gestión de infraestructuras- -y con una más que notable presencia internacional. Bien es verdad que este castigo a las inmobiliarias se ha producido en un momento de corrección general de los mercados, con una Bolsa que llegó a superar los 15.500 puntos y que parece haber agotado su potencial para alcanzar los porcentajes del pasado. Las recientes y próximas subidas de los tipos de interés, las tensiones inflacionistas y el alza del precio del petróleo, con el barril de Brent de nuevo por encima de los 70 dólares, no son buenos augurios para las bolsas, aunque la revisión al alza del crecimiento de la eurozona o la consolidación de las economías de EE. UU. y Japón representen buenas señales para el inversor. En momentos de alta volatilidad bursátil, los mercados de capitales castigan al sector inmobiliario en su conjunto. En las empresas que han cometido evidentes excesos, la correción de sus índices resulta necesaria. Algunas ya se han puesto manos a la obra para reconvertir su modelo de crecimiento y refinanciar su deuda, mientras que otras todavía confían en la Bolsa, donde no han dudado en salir para cotizar, a pesar de la difícil coyuntura del sector, en una clara apuesta de futuro. Entre aquellas alegrías pasadas- -excesivas y también indiscriminadas- -y los fuertes castigos de ahora existe un deseable término medio en el que debería moverse el mercado.