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94 ANIVERSARIO VIERNES 8 s 6 s 2007 ABC SEVILLA Faena de poder y dominio de Uceda Leal, premiado con la única oreja ABC SEVILLA. José Ignacio Uceda Leal cortó la única oreja de la tarde en la corrida celebrada ayer en Sevilla con motivo de la festividad del Corpus. El torero madrileño dejó una grata impresión frente a un complicado toro de Peñajara, según informa burladero. Uceda firmó una faena de poder y dominio, fundamentalmente por el lado izquierdo, terminando por imponerse a las muchas dificultades de su oponente. El resto vino condicionado por la endeble y descastada condición de la corrida de Peñajara, con la que el hispalense Luis Vilches recogió dos ovaciones desde el tercio como premio a su voluntad y sus buenas formas. Con media entrada, se lidiaron toros de Peñajara, flojos y descastados; cuarto y sexto complicados. Uceda Leal, saludos y oreja. Luis Vilches, saludos en ambos. Iván García, palmas y silencio tras aviso. Entre el ¡ay! y el ¡oh! El Rey Don Juan Carlos, la Infanta Doña Elena y Jaime de Marichalar presenciaron desde el Palco Real de Las Ventas la corrida más esperada del 76 Aniversario POR ROSA BELMONTE FOTOS: IGNACIO GIL MADRID. Era ayer uno de esos jueves que relucen más que el sol. Era ayer la corrida de los baby galácticos. Era ayer cuando la plaza estaba tan apretada como un vuelo transoceánico de Iberia en clase turista. Eso sí, cuando llegaron todos, que debió de haber atascos múltiples y entre toro y toro había más circulación por las escaleras que en la calle Preciados. Era ayer el día que muchos esperaban. Y allí estaban Ramón Calderón, Tessa de Baviera, Miguel Ángel Gil Marín (en el burladero de cuadrillas) Pío García- Escudero (que es de los que se traen la almohadilla de casa) el restaurador José Luis, Charo Zarzalejos, el empresario mexicano Rafael Herrerías o José María Bergareche. Y, por supuesto, en el Palco Real, Su Majestad el Rey Don Juan Carlos, la Infanta Doña Elena y Jaime de Marichalar. Lástima que la expectación no se correspondiera con el resultado. Los niños toreros (es que, con 24 años, El Juli es el vejete) venían a comerse el mundo. Hasta en los vestidos, a cual más bonito, competían. El nuevo embajador de Francia en España, Bruno Delaye, vino a ver a su compatriota Sébastien (Sebastián en los carteles) El pasmo de Béziers. Kiko Matamoros, que llegó cuando caía (o no, porque se levantó) el toro de Caste- Don Juan Carlos, en el Palco Real con la Infanta Elena y Jaime de Marichalar, recibió el brindis de la terna José María Bergareche, consejero delegado de Vocento lla, se perdió todo lo que el francés es capaz de hacer. Sabíamos ya de su toreo waterproof y ayer, con los neumáticos para albero seco, pues otra lección. Esa cosa increíble de ponerse delante del toro y tener al público ahora en un ¡ay! ahora en un ¡oh! ahora otra vez en un ¡ay! Ramón Calderón y Talavante, en el patio de cuadrillas hubiera ni empezado la faena. Le cae la bronca preventiva. Alejandro Talavante, el chiquitín (19 añitos) tampoco tuvo mucha suerte. Y Fernando Sánchez Dragó no es quien creemos. Su camiseta de ayer decía No soy Dragó Aunque lo parecía. El Juli, el vejete, tiene la mala suerte de que en Las Ventas hay quien le tiene muchas ganas. Alguien que también tiene muchas ganas de gritar. Ese toro te gana a ti, ¿eh? es lo más suave que se le oye. Que da igual que el otro día saliera por la Puerta Grande, da igual que no EL QUITE DEL MAESTRO José Ortega Cano ÁNGELES CON BATA BLANCA C uando anteayer apareció Morante a la salida de la enfermería, después de la aparatosísima voltereta, se me vinieron a la mente esas personas prodigiosas que no tienen ningún afán de protagonismo y pensé: ángeles con batas blancas. Son los doctores especializados en cirugía taurina. Recordé inmediatamente a don Máximo García de la Torre, padre de los hermanos García- Padrós, actuales jefes de la enfermería de Las Ventas. El que escribe tenía por costumbre, a la llegada a la Monumental, realizar la primera visita a la capilla e inmediatamente después a la enfermería a saludar a todo el equipo médico. Ahí, curiosamente, también solía estar Vicente Zabala. Cuando abandonaba la plaza, en dirección al hotel, siempre me decían los médicos: Bueno, José, hasta otro día Pero hubo algunas tardes en las que regresaba a los pocos minutos. Era como volver a encontrarme con mis amigos. Ellos, cariñosamente, me daban una palmadita en el hombro y me decían: Tranquilo, maestro, esto no es nada, tranquilo Otras veces fueron más serias las cornadas, además de varias volteretas. Y con algunos puntos de sutura volví otra vez al ruedo, como salió Morante sobreponiéndose a la situación y sacando la casta torera que todos llevamos dentro. Tengo que citar a don Carlos Val- Carreres, cirujano de la plaza de Zaragoza, que, además de extraordinario médico, es maravillosa persona. Es como mi hermano, ya que me salvó la vida. Otro gran cirujano y aficionado al buen toreo: don Ramón Vila. Recuerdo una tarde en Sevilla en la que un toro me fracturó el codo derecho. Ante mi impaciencia por volver al ruedo me dijo: Toma, una sábana, cógela como un capote, a ver si puedes torear Lo intenté, pero se me caía de las manos. A lo que cariñosamente respondió: Ves, hijo, tienes el codo roto Importante mención a los cirujanos de Cartagena de Indias; gracias a ellos puedo escribir estas líneas. Y a otros tantos que realizan una labor encomiable por todas las plazas de España. Va por ellos, con mi respeto y mi admiración. Son los ángeles de bata blanca.