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ABC VIERNES 8- -6- -2007 93 EL JULI Los tres teníamos la misma misión: estar lo mejor posible. Ha sido una tarde importante que merecía hacer el esfuerzo SEBASTIÁN CASTELLA He disfrutado con un buen toro haciendo lo que más me gusta en este mundo: torear, que es mi vida ALEJANDRO TALAVANTE No me gusta poner defectos a los toros. Aquí no se puede quejar uno. Ha pasado lo que tenía que pasar Pase de pecho de El Juli al desinflado cuarto, de Domingo Hernández a Castella por una buena media faena. El torero francés construyó sobre la mano derecha, que era el pitón del encastado toro, series ligadas, templadas y tersas desde un principio de estatuarios y trincherillas; tandas largas e intensas que acababan con fuerza e impacto en los obligados de pecho. Pero en un cambio de mano por la espalda cambió también el rumbo. Acortó terrenos y abandonó la media distancia, y el toro, que aparte de que le costaba más embestir a izquierdas, no quería nada encima, se defendía. Sebastián Castella se amontonó y se embarulló, tropezados los avíos y la nitidez. Alargó hasta las manoletinas con la obra venida a menos, pero debió ser por la inercia de la mitad primera por lo que se le entregó una oreja tras dos avisos. Volvió a hacer alarde de valor con un manso quinto que se quitó el palo, huyó del peto, y se dejó sin emplearse porque no le daba el físico. Murió de bajonazo infame. Y se ovacionó a Sèbastien. O por ser el primero de la tarde y la gente estaba fría o porque a El Juli le faltó fibra, ajuste o algo que se nos escapa, la faena no subió a los tendidos como técnicamente merecía. Juli planteó la cuestión en los medios sobre una derecha que toreó al toro sin una estridencia, consintiéndolo a su aire; en cuanto en la tercera tanda lo obligó se le frenó más. Los naturales también fueron ligados con una templanza que no dio pie ni a un solo enganchón. Cristalina faena que acabó con un molinete zurdo y un señor espadazo que arrancó algunos pañuelos... El cuarto resultó una birria desinflada perfectamente lidiado por Carretero. No mayor trapío tuvo el sexto, que fue el de más calidad. Alejandro Talavante no se enteró o se enteró a deshora. Ayer ni salió a morir ni a matar. Y parece que tampoco a torear. Cuando a uno lo que más le aplauden son unas bernadinas, es para hacer examen de conciencia y analizar el porqué de tan nula cintura y tanto toreo perfilero e impuro. Lo cierto es que las IGNACIO GIL bernadinas entusiasmaron a los del clavel y a la pana, por lo que habrá que concluir que Madrid es una glamourosa plaza de pueblo con los toros que merece. Dos naturales, dos, ni uno más, fueron el eco lejano del Talavante de Sevilla. Si cobra la estocada, ojo a la que se hubiera montado sin sentido. El peor de los seis toros fue un manso rajado de feo estilo y recortada estructura. Talavante anduvo con él de puñetera pena y sin ideas. Como su cuadrilla. Qué mala.