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82 CULTURAyESPECTÁCULOS JUEVES 7 s 6 s 2007 ABC La victoria del canto Consiga mañana, con ABC, y durante todo el fin de semana una nueva entrega de la colección Grandes Óperas, Il Trovatore deVerdi, por tan sólo 9,95 euros y el cupón del día ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Tanto en África central como en la India, en todas partes se escucha sin interrupción Il trovatore La razón es sencilla: habrá óperas con más enjundia, más divertidas, podrá encontrarse alguna con mayor carga sentimental, incluso con una sustancia dramática de más calado, de dificultad más puntual, más directas, pero pocas que acumulen una sucesión semejante de momentos felices. Así lo dejó entrever Verdi, en una carta en la que dio cuenta del éxito internacional de su obra. Él, mejor que nadie, sabía que Il trovatore era una apoteosis belcantista capaz de arrastrar voluntades. A nadie importa que sea una vuelta sobre la ópera de números cerrados o que el argumento sea confuso y complicado. Todo carece de importancia en el momento en que se levanta el telón y la música convierte en verosímil lo imposible. La colección Grandes Óperas de ABC tenía que detenerse ante ella. La casualidad ha querido que lo haga mientras se anuncia su reposición en el Teatro Real de Madrid. Es la segunda vez que se programa la obra en estos diez años de historia moderna del coliseo. En el año 2000 vino para crear polémica por la sencilla razón de que Il trovatore soporta mal cualquier inseguridad. Lo de ahora está por ver, pues, como siempre, el riesgo es máximo de acuerdo con las notables exigencias de la obra. La repetida fórmula de que es necesario contar con un reparto que incluya cuatro cantantes excepcionales tan sólo es un aviso para poner en alerta y, al tiempo, estimar la importancia de versiones como la que ABC ofrece. En ella, puede escucharse a Antonietta Stella cantante a la que es obligado reconocer el calor verdiano de su interpretación. Fue la suya una voz de calidad, emitida con elegancia y refinamiento, que supera con facilidad las dificultades y, además, añade particulares dosis de ensoñación. La impecable dicción de su Leonora confirma a una artista que tuvo que imponerse en competencia con dos grandes como Tebaldi y Callas. Ahora, vista en la distancia, llama la atención el dominio recóndito que hace del papel, comparable igualmente al que Fiorenza Cosotto desarrolla frente a Azucena. Porque también aquí hay una calidad verdiana de fondo. Treinta años de carrera estuvo la mezzosoprano defendiendo al compositor de Roncole. En todo momento haciendo alarde de facilidad en el registro agudo pero sin perder el temperamento dramático que fue afianzando según avanzó en su carrera. La espeluznante interpetación grave sirven para hacer un personaje que aunque sólo sea por su monolítica apariencia ya impone respeto. Ahora bien, esta versión de Il trovatore se sublima en la interpretación que Carlo Bergonzi hace de Manrico. El mejor tenor verdiano del siglo XX importa por los claroscuros, la perfecta dicción, la ambición expresiva y la elegante línea de canto, todo mezclado con una muy notable inteligencia musical. En el repertorio hay papeles de tenor con mayor dificultad pero pocos más espectaculares. Y en este punto es donde trasciende la personalidad de Bergonzi, considerado el Manrico mejor cantado de toda la discografía. Manejando semejantes mimbres es fácil adivinar porqué Il trovatore ha sido tan unanimemente elogiada. Es más, porqué carecen de fundamento las reservas que algunos críticos dejaron caer ante Verdi cuando le acusaron de estar exterminando el bel canto debido a las exigencias imposibles que imponía a los cantantes. Seguramente les faltó el reparto adecuado. Porque sólo con él es posible comprender la extraordinaria riqueza melódica de una obra en la que no hay un momento para el descanso, donde todo transcurre a una velocidad tan brutal que, en palabras del tajante crítico Eduard Hanslick, los personajes salen a escena disparados... Y que si, de verdad, algo tiene en su contra es su espectral oscuridad. Pero también para esto tuvo Verdi contestación: La gente dice que es demasiado triste y que en ella hay demasiadas muertes. Pero, después de todo, la muerte es todo lo que hay en la vida ¿Qué otra cosa si no? Grandes exigencias Carecen de fundamento las reservas de algunos críticos que le acusaron de estar exterminando el bel canto Es una obra de una extraordinaria riqueza melódica, donde no hay un momento para el descanso, y de una espectral oscuridad que hace de la primera escena del segundo acto, centrada en el racconto de Azucena Condotta ell era in ceppi dan cuenta de la intensidad que era capaz de alcanzar aun sin perder fidelidad a la letra. No le va a la zaga el barítono Ettore Bastianini en quien se dieron unas condiciones personales de difícil imitación. Considerado cantante de fuego y pasión, tuvo en el Conde de Luna de Il trovatore un lugar donde expandir sus habilidades. La generosidad de la emisión, la calidad del timbre, el brillo deslumbrante del registro agudo y la anchura del