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ABC MARTES 5 s 6 s 2007 OPINIÓN 7 UNA RAYA EN EL AGUA PATRIOTISMO DE NYLON D JOSU TERNERA TOMA LA FOTO DE SALIDA ON simultaneidad macabra sabemos que el himno nacional pronto pudiera tener letra y que- -aunque sea tan brutal y excesivo decirlo- -no es imposible que ya se cantase en el caso de unos próximos funerales por víctimas de ETA. Raras veces una noticia agradable llega tan pegada a una notificación tan terrible de la barbarie. Así, todo revuelto, inmensamente hiriente, en el doloroso contraste entre una cierta ilusión y la desesperanza. Debiéramos estar debatiendo los pros y contras de una letra para el himno nacional, pero lo que tiembla en el ánimo es la incógnita sobre el nuevo rastro de muerte y desolación que se propone marcar ETA, según informaciones coincidentes. Nos hubiéramos dispuesto a discutir si una letra de timbre épico es políticamente correcta o si al final la letra del himno más bien resultaría buenista. Era un buen tema para articulistas de todo tono y pelambre. Daba incluso para disputas familiares en torno al arroz de los domingos. Resultaba ideal para debatirlo en el casino ahora que, con el calor, las tardes se van a amodorrar casi de VALENTÍ repente. Hubiera sido tema para introPUIG ducir en esos culebrones que pretenden reflejar la vida de los vecinos, aunque luego les salga un sainete extraterrestre. A saber lo que habrían dicho las bases hirsutas de Esquerra Republicana. Esas cosas las bordamos. He aquí un país que sabe y quiere ser feliz con estas cosas, quejándose de todo, echando de todo la culpa a los demás, pasando de la discusión acalorada a compartir un pincho de tortilla. En ETA cualquiera llevará la iniciativa. Tal vez Josu Ternera. Están aprestándose para deliberar. Lo que tienen que decidir es si matan o no. Luego un veterano tomará la foto de salida, como en un maratón dominical. Ya se sabe que la photo finish la toman generalmente los familiares de las víctimas. Ahí puede caer quien sea: quien dio la cara y quien iba a por el pan. Habrá sido breve y engañoso el respiro de la sociedad vas- C ca, tan pronta en acomodarse a un nuevo silencio o demostrando tan corta memoria. Todo parece estar a punto: nuevas pistolas, dinero extorsionado, zulos por estrenar, más explosivos, las nuevas generaciones procedentes de la kale borroka el asesoramiento de los viejos asesinos de la tribu reciclados para instruir cómo dar el tiro en la nuca. A matar así se le llama actividad armada. Claro está que tendremos himno con letra. Nadie- -salvo una emboscada parlamentaria- -podría parar eso. Nadie va a parar eso. La salvedad es que pudiéramos estrenarlo a la salida de un funeral, como si fuera un himno para el luto y la muerte en un país que está por el mañana y la vida, con todas sus ofuscaciones políticas, sus vicios nacionales, su modorra o su adrenalina. También somos un país de lamentaciones, de cada vez menos estoico y frugal, más insolidario. Hasta ahora, ETA pudo pillarnos desprevenidos pero estábamos más o menos unidos. Habrá que ver lo que pase ahora, con himno y letra. El error de intentar comprender a ETA en lugar de mirarle el rostro y saber cuál era el enemigo era un error humano. Es más: siendo primer deber del Estado proteger la vida de los ciudadanos, en primer y último término lo inhumano y atroz es matar, destruir, practicar el terror. Ahí la confusión nunca es buena. Luego los votos y finalmente la Historia decidirán lo que estuvo bien o mal hecho, lo que fue sensato y lo que puso en riesgo demasiadas cosas. Lo que ahora cuenta es la amenaza de Josu Ternera y sus discípulos de la muerte. Aquí ni tan siquiera es una invocación a la pena capital recordar que quien a hierro mata a hierro muere. De un lado, la conciencia de ser humanidad; del otro, la aniquilación de lo humano. Es honda desventaja moral la de las gentes de ETA y grande la prelación de sus armas ante la vida. Es inmenso deber y alto honor el de policías y guardias civiles que de noche y de día protegen nuestras vidas. Monstruos y pigmeos cargan la pistola entre dos luces, musitando himnos bárbaros, al acecho de las buenas gentes de España. vpuig abc. es URANTE mucho tiempo la izquierda creía que el patriotismo es, como escribió el doctor Samuel Johnson en su célebre y furioso arrebato, el último refugio de los canallas, pero el pensamiento débil del zapaterismo le ha restado rigor dramático al asunto para reducirlo a una trivialidad semifolklórica. El patriotismo de Alicia es sólo un reducto de pasiones deportivas que se excita al compás de un himno sin letra, por lo que algunas lumbreras han decidido que conviene dotar a la partitura de un libreto cantable para que masas y jugadores coIGNACIO mulguen en un éxtasis baCAMACHO nal propio de gala de Operación Triunfo. Como los poetas son gente taciturna y melancólica aficionada a ponerse trascendente y no es cuestión de suscitar debates inoportunos sobre las glorias patrias, los promotores de la parida lehan allegado la encomienda a la Sociedad de Autores, en cuyo elenco de letristas hay consumados profesionales del estribillo baladí, como José Luis Perales, Alejandro Sanz o Nacho Cano. Y si se envaran demasiado de elocuencia retórica, siempre quedará Sabina para echarle una pátina de descreimiento al encarguito, no vaya a resultar en exceso solemne. Pedirle a este Gobierno que crea en el concepto de patria quizá sea una ambición desmesurada, pero cabría conformarse con que respete un poco el de nación y no desencuaderne del todo el de Estado. España es el único país de la Europa próspera que se pasa el tiempo discutiendo sobre su propia existencia, hasta el punto de que la política nacional parece un psicoanálisis de nuestra personalidad histórica. Si al menos fuera pacífico tendría un pasar, pero se trata de un debate exacerbado de ánimos en el que lo único que queda claro es que los españoles somos unos tipos muy cabreados incapaces de ponernos de acuerdo no ya sobre adónde vamos, sino siquiera sobre de dónde venimos y qué diablos pintamos aquí. En estas circunstancias, y con las costuras del país reventadas por la crecida separatista, resulta ridículo inventarse un patriotismo de nylon en torno a una camiseta roja que ni siquiera parece estimular lo bastante a aquellos que sólo se la ponen por dinero. Para enfriar esta controversia absurda, Mariano Rajoy ha echado mano de la doctrina Romanones y ha pedido una comisión parlamentaria, que es la mejor manera de bloquear una sandez tan insigne, porque las Cortes están llenas de señores que no sólo impugnan la idea de España como nación, sino que incluso en el ámbito deportivo reclaman selecciones propias de su terruño. Ahí morirá de inanición esta ocurrencia manifiestamente idiota, que jibariza con levedad irresponsable nuestra más dolorosa polémica colectiva. El problema no es que la Marcha Real carezca de letra cantable, sino que el himno nacional ha quedado reducido a una sintonía de efemérides futboleras y que el vago la- ra- lá con que lo tarareamos es el único discurso en que los españoles de ahora mismo podemos estar de acuerdo sin tirarnos a la cabeza los demonios de la identidad histórica.