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6 OPINIÓN MARTES 5 s 6 s 2007 ABC AD LIBITUM SOLITARIO EL GALLEGO EN FIN DESDE UNA SALUDABLE DISTANCIA Un poco de equidistancia tampoco estaría de más. No N más de una ocasión he tenido que responder a en el sentido de situarse a la misma longitud entre dos la pregunta de si en la dirección del PP había realpuntos, ese en el que se coloca Pepe Blanco cuando mente personas moderadas, tolerantes. La duda equipara a ANV Batasuna con el PP para negar a amno la planteaban observadores foráneos, poco familiaribos la posibilidad de negociar con su partido en Navazados con la política de nuestro país, sino colegas esparra. O aquella sobre la que se elevan algunos pastores ñoles perfectamente informados que formulaban la vascos, para quienes toda violencia, viniere de doncuestión dando casi por supuesta la respuesta. No, natude viniere se sitúa en el mismo plano moral. Esa ralmente. A ratos, algunas evidencias hacían mella en equidistancia que tan mala prensa tiene en Essu escepticismo, y se mostraban dispuestos a españa, y con razón, aunque a veces se la confuncuchar comentarios que no dejaban de consideda con la simple distancia. rar excesivamente piadosos. Pero cualquier saliPero hay otra, imprescindible para moverda de tono de los dirigentes populares, y las ha se en las procelosas aguas del juicio político habido con demasiada frecuencia, les anclaba sin precipitarse por la borda, que es a la que de nuevo en un prejuicio que trascendía el carácme refería más arriba. Una equidistancia que ter más o menos bronco de ciertos dirigentes poapela a la equidad, y no a la neutralidad. La pulares y apuntaba a lo que para ellos era el meoque exige no situarse siempre en el punto cenllo de la cuestión: en rigor, el PP no es un partido EDUARDO tral entre dos realidades opuestas, sino juzgar democrático. SAN MARTÍN a ambas desde la misma distancia intelectual Tal vez esta observación puede volverse del para llegar, más adelante, a conclusiones que no tierevés para describir lo que sucede al otro lado de la trinnen por qué ser parejas. chera, y habría que concluir entonces que, en efecto, El Partido Popular ha pasado por un doloroso vía otros comentaristas, enfundados en otras camisetas, crucis desde su derrota de hace tres años. Un trance paalimentan prejuicios de signo contrario en relación con recido al que tuvo que pasar el Partido Socialista tras el partido del Gobierno, o con la izquierda en general. sus descalabros electorales de 1996 y, sobre todo, de Pero, en honor a la verdad, debería reconocerse que, al 2000. Desde entonces, los dirigentes del PP han cometimenos durante las últimas décadas, el juicio público sodo bastantes torpezas y han dicho más de una tontería, bre los dirigentes de la derecha española ha sido mucho en ocasiones inducidos por el fuego amigo ¿Tendrían más severo y exigente que el que se ha formulado respecque vestir la arpillera de los penitentes y cubrirse de ceto de los políticos de la izquierda. A la derecha, según nizas para obtener el perdón de sus pecados? ¿Alguien afirman sus propios sus críticos, fueron las mentiras ha exigido lo mismo a quienes, por ejemplo, organizalas que le desalojaron del poder en 2004. A la izquierda, ron una auténtica persecución totalitaria contra sus en 1996, tuvieron que ser la financiación ilegal y los crícandidatos y sus sedes en la campaña electoral de 2004? menes de Estado. Unas simples mentiras probableComo sucede con la risa, en España la indulgencia va mente no habrían bastado. Una diferencia. por barrios. Lo que hay que exigir al PP es que abandoAl análisis político en España le sobra devoción y ne ciertas políticas y un determinadolenguaje porque le falta distancia. Ignoro si, como prescribe la canle alejan de quienes le han dado dos mayorías electoración, la distancia es el olvido, pero sí es, desde luego, les. Parece que están ello. Quienes suspiran por un PP perspectiva. Alejamiento. Un espacio necesario para moderado, y no lo hacen con la boca pequeña, deberían observar y juzgar sin el riesgo de que a uno le salpifelicitarse por ello. No es el caso, por ahora. quen las miserias, o las grandezas, de lo que observa. ARIANO Rajoy, gran protector de políticos desvalidos, prepara ya las próximas legislativas y, para poder verlas venir sin dejarlas pasar, ha optado en primera instancia por moderar su discurso y su actitud. Es algo conveniente, pero difícil de administrar en su intensidad adecuada. La misma comprensión que puede granjearle nuevos amigos, especialmente entre los nacionalismos que, con más voluntad que precisión, llamamos moderados puede servirle para perder adhesiones en sus más radicalizados viveros electorales. Él sabrá. Quizá para ir ajustando su puntería, Rajoy le M. MARTÍN dijo a La Vanguardia: FERRAND Podemos entendernos con CiU Incluso señaló el gallego la hipótesis de un Majestic II. Es mucho suponer porque en el acuerdo entre el PP y CiU que lleva el nombre del hotel en que se firmó en 1996, el que le permitió a José María Aznar instalarse cómodamente en La Moncloa, el partido que ahora comanda su heredero digital- -de dedo, no de número- -se dejó muchos jirones y, entre ellos, el de la cacareada regeneración democrática que seguimos necesitando y que, al proclamarla, rompió las inercias electorales y propició el deseable efecto de la alternancia tras un trecenario felipista. Artur Mas ha estado rápido de reflejos. El hombre que va al notario para- -al igual que Viriato juró odio eterno a los romanos- -proclamar la incompatibilidad perpetua entre CiU y el PP, también ha dispuesto de intermediarios para hacerle saber a Rajoy que sí, pero que vuelva a la actitud de 1996 Por el momento, ha sugerido Mas, lo que deben hacer los populares es retirar del Tribunal Constitucional su recurso contra la reforma del Estatut. Cierto es que, tal y como acreditan la historia universal de la Literatura y la del cine norteamericano, el amor puede revestirse de las formas más diversas y circular por los vericuetos más intrincados; pero así, a primera vista, no parece fácil que el líder del PP, que tan acreditado tiene su carácter radical- -esa es su fuerza- -pueda desandar un paso tan irreversible, a primera vista, como un recurso de inconstitucionalidad que solo se justifica como cuestión de principios. El (mal) uso que los socialistas catalanes han hecho de su escasez representativa, la génesis de los tripartitos que- -ahora sí, ahora no- -gobiernan la Generalitat y más de un ajuntament, fuerza la radicalidad de CiU, más de Convergencia que de Unión, y distancia las hipótesis, más o menos deseadas, de entendimiento entre el PP y el partido que, nacionalismos aparte, más se le parece en supuestos políticos, sociales y económicos. Sospecho que sólo un Congreso- -una nueva proclama y un renovado equipo ejecutivo- -puede ayudarle a Rajoy, el gallego solitario, a salir del túnel de su incómodo aislamiento; pero, que quede claro, cada uno sabe cuáles son sus ambiciones. En algunos casos no coinciden con sus principios. M E