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4 OPINIÓN MARTES 5 s 6 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro DELIRIO POPULISTA EN POLONIA OS gemelos Lech y Jaroslav Kaczynski vuelven a hacer de las suyas. Ahora parecen haberla tomado con los libros, purgando de los planes de estudio a escritores como Goethe, Dostoievski y Conrad. Las razones que alegan las autoridades polacas es que ninguno de esos autores propicia los valores ni los sentimientos comunitarios sobre los que debe fundarse la educación de los jóvenes del país. Algo a todas luces incomprensible si no se analiza desde la perspectiva delirante del populismo nacionalista que practican los dos gobernantes polacos y que por desgracia es un hábito relativamente común en otros países del antiguo Este europeo. En realidad, estamos ante un problema que nace del reduccionismo mental al que conduce el nacionalismo cuando se aparta del sentido de la medida y de la moderación. Y esto, como es lógico, repugna a cualquiera que tenga una mínima predisposición liberal y que defienda los fundamentos morales que sustentan la convivencia en el seno de las sociedades abiertas y modernas. Es evidente que desde su llegada al Gobierno, los gemelos Kaczynski se han lanzado a tumba abierta por el tobogán de un populismo rancio que no oculta su voluntad de hacer de Polonia una especie de Arcadia de la ortodoxia nacionalista. De este modo, no sólo han logrado dañar la imagen del país en toda Europa, sino ensombrecer de forma lamentable el proceso de transición a la democracia vivido desde la caída del régimen comunista. Primero fueron las medidas de represalia que adoptaron contra determinados funcionarios y miembros del Gobierno de la dictadura de Jaruzelski. Luego la tomaron con los profesores y educadores homosexuales. Hace unos días dirigieron sus críticas contra unos dibujos animados, y ahora su furor nacionalista ha hecho de las suyas con una serie de escritores que, por lo visto, cometieron el delito de ser universales y, por tanto, de no transmitir adecuadamente los valores que identifican el imaginario colectivo que tienen los gemelos Kaczynski en la cabeza. Es preocupante que un Gobierno europeo muestre una deriva tan intolerante y populista; aunque no hasta el punto de justificar que demagogos profesionales como Pedro Zerolo, miembro de la dirección federal del PSOE, pidan irresponsablemente la expulsión de Polonia de la Unión Europea. Desandar la irretroactividad de las leyes, atentar contra la libertad sexual de las personas o dañar el sentido común propugnando una ramplona uniformidad cultural son prácticas que chocan indiscutiblemente con los principios de una sociedad abierta. Polonia tiene que seguir profundizando en los valores democráticos y ser fiel al espíritu de reconciliación que permitió superar su pasado totalitario. De lo contrario, el populismo puede ir más allá y aumentar la nómina de los proscritos por un nacionalismo tan cautivo de sus delirios como lo fue el comunismo en el pasado. L MERECIDO HOMENAJE A LOS DISIDENTES I hay un logro irrefutable del pensamiento político del siglo XX es haber establecido que todos los seres humanos tienen derecho a vivir en libertad, de lo que se deduce que hay pocas cosas más importantes que luchar por la difusión de la democracia en el mundo. En torno a este principio se han desarrollado las distintas tendencias políticas y se ha edificado el consenso básico en el mundo civilizado. Sin embargo, una parte nada desdeñable de los actores políticos- -y no siempre los menos influyentes- -siguen presos de los prejuicios utilitaristas, y todavía piensan que existen cosas que tienen más valor que la libertad individual. Prefieren, así, hablar en nombre de la nación (real o imaginada) o de la clase social (casi dos siglos después de la revolución industrial) de las que emanarían derechos superiores a los de la persona. Cuando en un escenario dominado por estas tesis alguien se atreve a reclamar sus condición de hombre libre, se le suele considerar como un disidente aunque no haga más que recordar que cada ser humano es depositario de derechos inalienables, entre ellos el de la libertad. El concepto de disidente- -distinto al de opositor- -se generalizó por la contradicción que suponíapara la izquierda occidental la existencia de ciudadanos que desde dentro de las dictaduras del socialismo real intentaban levantar la voz para denunciar el infierno que se estaba construyendo en su nombre. El disidente tenía una doble tarea: tratar de soportar la represión del régimen totalitario al que estaba denunciando y, al mismo tiempo, sobreponerse al desprecio del pensamiento políticamente correcto de los que, a pesar de vivir en libertad, lo consideraban un traidor a la causa superior del paraíso ideológico que quiso construir la izquierda. Disuelta la Unión Soviética, en el mundo sigue habiendo disidentes que no luchan sólo contra los valores caducos de una izquierda desfasada y con liderazgos en declive, sino contra la presión constante e irrespirable que ejerce la radicalidad de los nacionalismos, bien porque necesitan actuar así en aras de su propia supervivencia, bien porque terminan por justificar de manera irresponsable el instrumento más terri- S ble contra la libertad humana: el terrorismo. La lucha por la libertad está lejos de haberse terminado, incluso en los países que disfrutamos de la democracia desde antes de que cayera el muro de Berlín, porque donde existe la voluntad de imponer una verdad colectiva, se necesita que aparezcan disidentes dispuestos a discutirla, a pesar de que ello suponga tener que nadar contra corriente. En España se está viendo cómo ante ciertos fenómenos de la galaxia nacionalista- -tanto en el País Vasco como en Cataluña- -la maquinaria socio- etnicista ha aprendido a imponer sus criterios lingüísticos, históricos o hasta mitológicos, de manera que aquéllos que insisten en recordar que las sociedades están formadas por individuos libres no tienen más remedio que convertirse en disidentes. Disidentes, resistentes al espurio chantaje del nacionalismo, a cuyos planteamientos intelectuales, y de puros deseos de libertad, ABC ha dado acogida como ningún otro medio de comunicación español y que estos días participan en la reunión organizada por FAES en Praga. A la izquierda no le gustan los disidentes porque su mera existencia representa una denuncia de las aberraciones que han generado sus utopías. En vez de escucharlos, lo que suelen hacer es ignorarlos, considerarlos como fenómenos pasajeros y, en todo caso, indeseables. La actitud que ha mantenido el actual Gobierno socialista es tremendamente reveladora en lo que se refiere al trato de los disidentes tanto dentro como fuera de España. Lo que ha pasado con las víctimas del terrorismo en el País Vasco- -asesinados o perseguidos precisamente por disentir del régimen nacionalista- -es tan lamentable como lo que ha hecho en Cuba con los defensores de la democracia, a los que ha ignorado porque prefiere entenderse con los carceleros. Ningún ser humano que se diga amante de la libertad y la democracia puede seguir ignorando que existen disidentes a los que debemos socorrer. Y eso debe hacerse a la luz del día, siempre que sea posible a la vista de los responsables de su situación, porqueentonces son ellos los que se descubren como la anormalidad en un mundo en el que todos deberíamos estar comprometidos en el triunfo de la libertad. BONO VUELVE A JUGAR CON DOS BARAJAS L ex ministro de Defensa José Bono parece dispuesto a mostrarse en público con mayor asiduidad e intención tras la derrota de su partido en las elecciones locales del 27 de mayo. Y lo está haciendo de la forma que más gusta a Bono, jugando con las dos barajas que le han permitido dárselas de católico de izquierda y conservador del PSOE. Su presencia en la misa celebrada el pasado domingo en la iglesia madrileña de San Carlos Borromeo es todo un alarde del oportunismo que tanto practica José Bono, aunque a veces le haya sido muy contraproducente. Tan pronto ha sido protagonista de la procesión del Corpus en Toledo como aparece, en pleno recogimiento, comulgando de mano de unos sacerdotes que han convertido la liturgia sacramental de la eucaristía en una provocación a la Iglesia a la que dicen pertenecer. Bono es perfectamente consciente de todo esto y cultiva su ego político en todas las bandas, más aún si intuye que las horas bajas electorales que vive su partido- -la dimisión ayer de Rafael Simancas no es sino la evidencia- -puede acabar forzando a la dirección socialista a implorarle que ocupe un puesto en las listas al Congreso, aunque a buen seguro a Bono le gustarían más altos designios. Lo cierto es que Bono está de nuevo muy solícito en aparecer en los medios, todo lo que no estuvo para aceptar el reto de disputar a Ruiz- Gallardón la alcaldía de Madrid, oportuni- E dad de medir su lealtad al partido y su dimensión política. El problema de Bono es que ya no sorprende a nadie. Su doble juego es conocido, aunque todavía haya algún sector despistado de la derecha que se lo pueda creer. Por eso, no es casual que ayer, en medio de la profunda crisis del PSOE en Madrid, dijera que desde el tamayazo no levantamos cabeza Y por eso también, cuando afirma que no quiere que su partido pacte en Navarra con los nacionalistas, se olvida de que la opinión pública está al corriente de que ha sido ministro de un Gobierno presidido por quien decidió cambios en el PSOE navarro precisamente para negociar con nacionalistas y anexionistas; que ha pertenecido a un Gobierno que está apoyado por ERC, que ha sido promotor del nuevo Estatuto catalán y que ha sido interlocutor de ETA y Batasuna. Él mismo ha reducido sus afirmaciones de españolidad a mera retórica vacía, pues cuando pudo demostrar con hechos su oposición a las decisiones de Zapatero sobre terrorismo o modelo territorial, participó en ellas, por acción o por omisión. En todo caso, la táctica oportunista de Bono es coherente con la situación interna del PSOE, convulsionado por una seria derrota electoral que no ha permitido a Zapatero esperar a tapar agujeros hasta después de las elecciones generales. Entre ajustes de cuentas y retornos de oportunistas, el PSOE vive un mal momento.