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ABC LUNES 4 s 6 s 2007 ESPAÑA 31 Un día normal de actividad en Nostra Casa Vall de la Ballestera de Valencia, que acoge a 60 discapacitados psíquicos y físicos ABC el último grabado que cuelga de sus paredes. Es una antigua alquería, amplia y luminosa, reconstruida y adaptada a su nueva utilidad. Alberga, en una amplía y acogedora planta baja, repleta de jardines y patios, a sesenta personas con diferentes retrasos, que van desde moderados a severos, aderezados con historias familiares complicadas. Cuarenta de ellos no salen de la residencia más que para actividades especiales- -todas las semanas visitan algún museo, exposición o realizan una excursión- Para ellos hay diferentes talleres donde trabajan a diario desde la psicomotrocidad a asuntos tan elementales como la higiene personal. Estos días están aprendiendo a lavarse los dientes y sobre la estantería se ven vasos de plásticos con las fotos de los alumnos. Los otros veinte salen fuera a diario. Trabajan en talleres ocupacionales en los que perciben el salario mínimo. Un par de ellos realizan labores sencillas en empresas que tienen firmados convenios. Todos regresan por la tarde, orgullosos de su esfuerzo. Retornan a su casa. Un hogar que rebosa cariño y en el que estos niños grandes son atendidos por más de 60 profesionales que les miman. Una instalación que dispone de un gimnasio, una piscina, asistencia médica, psíquica y donde se trabaja bajo un lema ejemplar: Llevar a cada uno de ellos al máximo nivel de competencia, autonomía personal, laboral y movilidad El hogar de los niños grandes Esther Koplowitz realiza, a través de su fundación, una intensa actividad de ayuda al desvalido- -discapacitados, ancianos... -con la impagable recompensa de iluminar miles de sonrisas POR DOMINGO PÉREZ MADRID. Unos ven la tele, otros sestean en el sillón, un par de ellos escuchan música. Todos se giran cuando entramos. Una chica se levanta y se dirige hacia el periodista. Hola, me llamo Rosa ¿y tú? Tras la contestación exclama espontánea: ¡Qué feo eres! La cuidadora, que a duras penas sofoca su risa, sale al quite: Discúlpala, son como niños grandes, dicen lo primero que se les ocurre Mientras, Rosa, ajena al pequeño desconcierto creado, se gira orgullosa a sus compañeros y les pregunta: ¿Qué tal lo he hecho? Están aprendiendo a presentarse y a saludar aclara la responsable. Niños grandes. Nadie podría definirlos mejor. Desde que pisas la residencia La Nostra Casa Vall de la Ballestera dos cosas llaman la atención: las sonrisas que te acompañan- -las del personal, las de los residentes, las de los padres de visita... -y, sobre todo, la impresión de haber penetrado en un jardín de infancia, en una gran guardería. De los muros cuelgan cartulinas con forma de tartas repletas de velas que invitan a la fiesta de esa tarde. Las grandes letras de un FELICÍTAME coronan las fotos de los ocho residentes que ese mes han cumplido años. Niños grandes y muy especiales. Como Javi, un hombretón de 30 años, pero con un cerebro de nueve meses. Llegó al centro sin saber andar. Para desplazarse reptaba por el suelo. Ahora, ya camina, indeciso, pero feliz, y sigue fascinado, como todos los bebés del mundo, por los collares y las melenas. Hay que andar con cuidado porque le llaman mucho la atención y te agarra, pero claro, tiene mucha fuerza O como el chavalote, que en el pasillo principal juega con su madre, de visita, a esconderse. Debe tener veintimuchos, pero su edad mental es de apenas tres. Se tapa la cara mientras dice esconder, esconder se la destapa y te asusta y se ríe, y ríe su madre... Nostra casa es desde 2004 uno de los centros más avanzados de España de residencias para discapacitados psíquicos, muchos de los cuales, además, sufren graves minusvalías físicas. Una de las obras de las que Esther Koplowitz puede sentirse más orgullosa y que ha cuidado de forma muy especial ocupándose personalmente de la decoración y eligiendo hasta Regreso a casa Una fundación muy discreta Sin ruido y sin llamar la atención, además de Nostra Casa donada en 2004 al Ayuntamiento de Valencia y cuya construcción y equipamiento en 2004 costó 6,8 millones de euros, la Fundación Esther Koplowitz entregó en 2001 a la Comunidad de Madrid una residencia de 140 plazas para ancianos sin recursos (9,9 millones) En Barcelo- na cedió al Ayuntamiento en 2003 otra residencia para ancianos desvalidos con 137 plazas (9,5 millones) En estos momentos, gracias a una donación de 15 millones, se está construyendo el Centro de Investigaciones Biomédicas Esther Koplowitz (Cibek) que se levantará en la Ciudad Condal y que estará operativo en 2010. Por último, en 2006 entregó al Hospital San Carlos de Madrid el Robot Da Vinci para cirugía robótica (un millón de euros)