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18 ESPAÑA LUNES 4 s 6 s 2007 ABC ¿Lidera la derecha el debate de la libertad? La autora asistirá desde hoy en Praga a una reunión internacional sobre democracia y seguridad, organizada por FAES, en la que se tratará la lucha por la libertad en España desde la resistencia antiterrorista dor, en Estados Unidos, en España y en Europa. Es decir, es un debate liderado por la derecha liberal opuesta a los realistas para quienes los principios morales y políticos deben ser subordinados a los intereses y a la tranquilidad. Y opuesta a una izquierda, situada mayoritariamente en la alianza de civilizaciones y el apaciguamiento, en la que personas como Bernard Kouchner son por el momento excepciones. Edurne Uriarte Desde esta tarde asistiré en Praga a una conferencia internacional sobre democracia y seguridad, invitada, como Jon Juaristi, por el presidente de FAES, José María Aznar, organizador del encuentro junto a dos disidentes esenciales de la historia reciente como son Václav Havel y Natan Sharansky. José María Aznar y FAES consideran importante que se conozca la experiencia de la lucha por la libertad en España desde la resistencia antiterrorista. Creen que tiene muchos puntos de comparación con la resistencia anticomunista de personas como Havel y Sharansky o con otras resistencias actuales contra las dictaduras o contra el terrorismo fundamentalista en todos los puntos del planeta. No sólo comparto ese punto de vista sino también el que lo complementa, el de la necesidad de una movilización política e ideológica a lo largo del mundo a favor de la libertad que debe comprometer en la acción a los países y a las organizaciones democráticas y que no puede hacer distingos entre países desarrollados y menos desarrollados o entre dictaduras o terrorismos de distintos signos ideológicos. Ese es el punto de partida ideológico común a Aznar, Havel y Sharansky que anima la reunión de Praga. Y también la que nos ha llevado a personas de distintos orígenes ideológicos y de muy diferentes ámbitos geográficos a confluir en lo que se conoce como la visión neoconservadora. El debate de Praga será el debate sobre la democratización y la libertad. Y ese debate es hoy un debate de signo fundamentalmente neoconserva- Dos periodistas de Le Monde, Alain Frachon y Daniel Vernet, publicaron en 2004 un interesante libro sobre los neocon norteamericanos (La América mesiánica. Los orígenes del neoconservadurismo y las guerras del presente) que, escrito desde un punto de vista crítico, resulta más bien una excelente fuente de argumentos a favor de la superioridad intelectual, moral e incluso ideológica de la posición neocon. Por ejemplo, los dos periodistas reconocen que las grandes preguntas Las preguntas de Praga y los neocon Aznar y Havel, dos de los tres promotores de la cumbre de Praga, en una imagen de 2002 del presente sobre la política mundial están siendo planteadas por los neoconservadores. Esas preguntas, como las siguientes que recuerdan Frachon y Vernet, son también las preguntas de la reunión de Praga: ¿La soberanía nacional debe ceder ante la defensa de los derechos humanos? ¿La promoción de la democracia es un deber del mundo occidental? ¿En EPA qué condiciones es lícito el uso de la fuerza para sostenerla? ¿Es el terrorismo fundamentalista el nuevo totalitarismo del siglo XXI que debe ser combatido de la misma manera que los Jon Juaristi LA MIRADA CIEGA l disidente es una figura de la modernidad surgida en el seno de las dictaduras comunistas del siglo XX. No es que antes faltaran casos de resistencia a la voracidad del poder. Los hubo ya en las monarquías absolutas, como Tomás Moro en la Inglaterra de Enrique VIII o, siglos atrás, el obis- E po Becket en la de Enrique II, por hablar sólo de algunos que la literatura ha consagrado, pero se trata de avatares de una figura distinta: el mártir, movido al testimonio por convicciones religiosas. El disidente, con independencia de su fe en realidades trascendentes o de su carencia de la misma, se caracteriza por la reclamación pacífica de libertades democráticas frente a poderes dictatoriales o claramente totalitarios. Y hay que distinguirlo asimismo del objetor de conciencia, cuya forma convencional- -la definida por Henry David Thoureau hace siglo y medio- -atañe a la desobediencia civil en contextos democráticos. Tampoco la resistencia política puede ser identificada sin más con la disidencia. El disi- dente puro es un solitario. Sir Isaiah Berlin reconoció esta figura en la escritora rusa Ana Ajmatova, orgullosamente aislada en el Moscú estalinista, pero el tipo ideal no se ha dado casi nunca en toda su pureza. El disidente vive en la contradicción: necesita alianzas para que su resistencia rebase lo testimonial; no puede recurrir, sin embargo, a las que permitirían al régimen presentarlo como un conspirador o como un traidor a la nación. La soledad constituye un componente esencial de la disidencia, pero sólo desde el punto de vista del disidente. A los demás, su soledad nos incumbe, nos interpela con un clamor silencioso, exigiéndonos una toma de posición moral. No podemos dejarlo solo. Todavía el mundo abunda en tiranías. No pocas están formándose ante nuestros ojos, con renovados pretextos populistas y antiimperialistas. Pero en lo que nos concierne como españoles, nuestros disidentes más próximos, nuestros disidentes íntimos, están en Cuba, prisioneros de la más vieja dictadura de la América que habla nuestra lengua. Las actitudes y gestos gubernamentales complacientes con el castrismo convierten a España entera en colaboracionista de un régimen criminal que busca desesperadamente perpetuarse. Y no es cuestión de miradas; no hay tal cosa como una mirada nacional. Toda mirada a Cuba que no se fije hoy en la disidencia perseguida es ceguera culpable que mañana pagaremos todos.