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ABC DOMINGO 3 s 6 s 2007 Análisis ESPAÑA 27 País Vasco, aún más complicado En esta Comunidad había miedo y lo sigue habiendo. Los que no son nacionalistas- -y muy especialmente el PP- -sufren amenazas y agresiones. No es posible ni hacer las listas ni votar en condiciones parecidas a lo que el lendakari acuñó como ausencia de violencia 2004- -sin una oposición ideológica real del partido gubernamental, quien se asimila mejor al paisaje obtiene un rédito electoral. Es complicado, al margen la exigencia de los principios de cada cual, decir siempre que no. Quizá por ello Víctor Hugo escribió que Dios era el Gran Negador es decir, que hacía falta una fortaleza divina para insistir siempre en la negativa. Quien cede, desgraciadamente, gana en una comunidad en la que los no nacionalistas viven, si no se esfuerzan por conseguir un cierto mimetismo, más que agobiados. En segundo lugar, estos partidos, los no nacionalistas, se vienen beneficiando históricamente (tanto en las elecciones autonómicas como en las locales y forales) del impulso de estar en el Gobierno nacional. Cuando hay un presidente popular en La Moncloa, el PP logra mejores resultados en el País Vasco. Cuando se trata de un presidente socialista, el favorecido es el PSE. Se ha repetido el fenómeno aunque el PP ha obtenido resultados mejores que en las elecciones anteriores en las que estaba en la oposición, lo que no ocurría en 2003. En Álava, además, ha resistido las dificultades mejor de lo que esperaban los analistas. Creo, por otra parte, que no es una cuestión menor recordar la situación ambiental en la que se celebran las elecciones en el País Vasco, con una Batasuna envalentonada (enfadada o no, que es una cuestión menor y que debe juzgarse en función de las expectativas previas) y una degradación evidente de las condiciones democráticas. En el País Vasco había miedo y lo sigue habiendo. Los que no son nacionalistas- -y muy especialmente el PP, Germán Yanke os que están contentos en el País Vasco con los resultados electorales son los socialistas: su mejor resultado, comparado con los comicios locales de hace cuatro años, se visualiza de modo mucho más claro que el de los nacionalistas que, en su conjunto, no han quedado nada mal. Se visualiza mejor, subrayo, porque en esta ocasión PNV y Eusko Alkartasuna han acudido a las urnas separados y no en la coalición que formalizaron en 2003. Pero una cosa no quita la otra: el Partido Socialista de Euskadi ha perdido 10.000 votos por la menor participación, pero en algo más de dos puntos su porcentaje. Están contentos e interpretan que, al menos en el País Vasco, la política del presidente Rodríguez Zapatero en torno al llamado proceso de paz ha conseguido el respaldo del electorado tradicional socialista en aquella comunidad autónoma. En su análisis, lo contraponen, además, a la disminución de votos del PP (50.000 votos menos, 3 puntos porcentuales perdidos) que se quiere presentar como un síntoma de rechazo a la oposición de los conservadores a la política antiterrorista del Gobierno. Algo de ello puede haber ocurrido en el País Vasco, aunque podrían añadirse dos consideraciones complementarias. La primera, que en una comunidad en la que el triunfo simbólico del nacionalismo cuenta desde hace tiempo- -desde el triunfo socialista de L Los partidos democráticos son objetivo señalado de los terroristas callejeros al que los comunicados de ETA animan a la exclusión total- -sufren amenazas y agresiones. No es posible ni hacer las listas ni votar en condiciones parecidas a lo que el lendakari Ibarretxe acuñó como ausencia de violencia Quien lo olvide o quiera obviarlo no está dispuesto a aceptar la realidad completa. Quien deje pasar, como asunto normal que Batasuna estará ahora, travestida en ANV presente en las institu, ciones no está dispuesto a encarar el futuro inmediato como habría que hacerlo. No resultan menos interesantes los resultados del nacionalismo vasco no violento. El PNV ha perdido casi 100.000 votos aunque, teniendo en cuenta- -como se ha apuntado antes- -que en esta ocasión no se ha presentado en coalición con EA, la pérdida de ambas formaciones no sobrepasa los 30.000 votos. Pero el PNV sufre en la actualidad un momento de crisis, con fuertes disensiones internas entre el sector del actual presidente, Josu Jon Imaz, y de su antagonista, Joseba Egibar, con mayor implantación entre las bases de Guipúzcoa y Álava. Las recientes elecciones prueban que el PNV resiste mucho mejor las dificultades en Vizcaya, donde conserva casi todos los votos y mejora el resultado, que en los otros dos territorios, en donde su mayor radicalismo no mantiene el electorado, que se escapa a otras formaciones nacionalistas. El resultado en la Guipúzcoa de Egibar es, para el PNV más que desalentador: pierde la mitad de los votos, más de la mitad de concejales, casi veinte puntos porcentuales. Esta realidad dispar, que respondería según Imaz a un País Vasco plural, es, a mi juicio, algo más. La gran mayoría de los afiliados del PNV están en Vizcaya, donde están además la mayoría de sus votantes, pero la paradójica estructura de este partido (que prima los territorios sobre los afiliados y quiebra claramente la ya difícil democracia interna de los partidos) hace que los sectores minoritarios más radicales y etnicistas influyan sobremanera en su acción política. No está todo dicho en la batalla interna en el PNV y en el TELEPRESS Condiciones degradadas Quien cede, gana en una comunidad en la que los no nacionalistas viven más que agobiados asedio a Imaz, de todos modos, ni se puede olvidar que EA y la nueva fórmula de Batasuna, ANV se van convirtiendo en partidos guipuzcoanos El contento de los socialistas vascos quiere completarse con un cambio de cromos con el PNV para aumentar también su cuota de poder. Es una decisión tomada ya en el PSE (que cambiaría el mapa político de la Diputación de Álava y el Ayuntamiento de Vitoria desplazando al PP del poder) que únicamente se podría ver eventualmente complicada por pactos más amplios, es decir, si el cambio de cromos entre PP y PSOE es de algún modo posible contemplando Canarias y otros lugares. No parece probable, pero es posible. Los riesgos políticos, más allá de la inmediata formación de gobiernos municipales y forales, no son menores. El aumento del poder socialista en el País Vasco serviría para apuntalar al PNV allí donde ha fracasado realmente en estas elecciones, es decir, donde ha mostrado su versión más radical. Un apoyo que podría afectar a la lucha interna en el PNV y a la percepción española de los planes futuros del PSOE en cuestión tan candente como el nacionalismo y la lucha contra el terrorismo.