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ABC LA HORA DE LA VERDAD DEL 11- M EL PESO DE LAS PRUEBAS DOMINGO 3- -6- -2007 ESPAÑA 21 El final de una mentira Los intentos, muchas veces patéticos, de buscar una relación de ETA con el 11- M quedaron abortados para siempre de forma paradójica: con el testimonio de Agustín Díaz de Mera, ex director de la Policía y uno de los más firmes defensores de esta teoría MADRID. El 28 de marzo, el que era director general de la Policía el 11- M, sin una sola prueba y probablemente sin valorar las consecuencias, aseguraba en el juicio que el ex comisario general de Información, Telesforo Rubio, había ordenado a sus hombres manipular un informe para sostener que ETA no estaba involucrada en la matanza a pesar de las pruebas que, según él, había de ello. De esta forma, Díaz de Mera lanzaba una sombra de sospecha sobre los hombres que se juegan la vida en la lucha contra el terrorismo, que habrían cometido un grave delito de ser cierto lo declarado por el hoy eurodiputado del PP. Pronto se comprobó que Díaz de Mera o bien mentía, o bien había sido intoxicado o, en el mejor de los casos, había entendido mal lo que le habían dicho. El día que declaró, a pesar de los ruegos del tribunal, se negó a revelar su fuente, lo que le costó una deducción de testimonio por delito de desobediencia grave a la justicia. Pasados unos días, el ex director de la Policía envió una carta al Tribunal para revelar el nombre de esa fuente: el comisario jefe de la UCAO, Enrique García Castaño, buen amigo suyo. Pero éste lo negó todo, afirmó que le dijo exactamente lo contrario y confirmó lo que ya se sabía: nunca, jamás, había existido un informe de la Comisaría General de Información que vinculara a ETA con el 11- M; nunca, jamás, la Policía había tenido una sola prueba de esa relación. Y el resto de policías citados por Díaz de Mera lo corroboraron. El penoso episodio fue el punto de inflexión del juicio. Desde ese día, las teorías de la participación de ETA quedaron definitivamente desacreditadas, a pesar de los intentos poco afortunados de replan- tearlas a partir de los análisis de los explosivos. Una vez más, los que lo intentaron quedaron en evidencia, tanto por los propios resultados de la prueba pericial como por los expertos en la lucha contra el terrorismo: Aunque hubiera estallado Titadyne, la participación de ETA está absolutamente descartada dijo uno de ellos. Pero aún quedaba otro de los episodios más lamentables de este juicio: la declaración de los etarras de la caravana de la muerte y del pistolero Henri Parot. Nada se sacó en claro de ellos, salvo que negaron toda relación con los atentados. La frustración de las acusaciones más entusiastas con la estrafalaria teoría fue contestada con una sola frase por el juez Bermúdez: Esto les pasa por traer como testigos a delincuentes Pues eso. Silencio, hablan las víctimas A las cuatro y media de la tarde del 17 de abril, la sala de vistas de la Casa de Campo quedó en un silencio total, sólo roto por una espectacular tormenta que añadía elementos sobrecogedores al momento. Las víctimas, por primera vez en el juicio, tomaban la palabra. Los procesados, desde su pecera blindada, asistían cabizbajos a los testimonios, sin mirarse entre ellos. POOL Lo único que recuerdo es que alguien me levantó en el otro extremo del vagón. Me puse a caminar por las vías. Era como un baile de sonámbulos Me llamó la atención el silencio, un gran silencio entre tanta masacre Nunca podré olvidar cuando llamé a Pilar y ella me dijo entre lágrimas: ¡Me quiero morir También un joven habló de una foto robada a su hermana, única herida aún en coma. Pero esa es otra historia, repugnante.