Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
2 6 07 EN PORTADA Perla negra La joya de Tahití Isidoro Hernández Diseñador de joyas Son perlas de sport y de vestir POR CARMEN FUENTES Perlas perfectas y keshis Sólo el 5 por ciento de la producción mundial de perlas es calificada de perfecta (categoría A) las demás, semibarrocas y barrocas, también son bellísimas, lo mismo que los keshis, consecuencia del rechazo prematuro del núcleo injertado en la ostra que, por tanto, es puro nácar con los mismos colores que las perlas Empezó muy joven en el mundo del diseño y no ha parado de cosechar premios, como el nacional e internacional de la perla de Tahití, el Negueruela piedra de color y el quedar finalista en la Feria de Joyería de Londres. ¿Qué son para usted las perlas de Tahití? -Una forma de llevar una joya sin resultar nada pretenciosa y además un adorno muy juvenil. Lo bueno que tienen es que sirven tanto para sport como para vestir, todo depende del diseño o del estilo de quien las lleve. ¿Dónde radica su belleza? -En su color (gris no negro, con un suave tono verdoso, azulado o rosado) y en su forma. Los que conocen la perla gris le dan mucha importancia, pese a que no favorezca tanto como la blanca. Su belleza es distinta, más suave, un tanto masculina, discreta. Ellas se compran las perlas blancas y luego las grises. Es como la segunda vivienda ¿Cuándo conoció por primera vez estas perlas? -Al estudiar joyería. Ahí me di cuenta de las posibilidades que tienen de favorecer a la mujer sin ser pretenciosas. Además, se les puede sacar mucho partido. ¿Qué tienen de especial? -Estas perlas tienen muchos tamaños muchas formas y mucha gama de color y eso da un abanico de posibilidades grandísimo para adaptarlas a un diseño. ¿Sabemos los españoles valorar las perlas negras? -Cada vez más. La gente reconoce que no es un producto pretencioso, pero le da el valor que tiene. ¿Se puede marcar más tendencia que con las blancas? -Las de Tahití tienen un punto más contemporáneo, menos señorón. Las negras se pueden llevar con vaqueros; las blancas con ese atuendo resultan extrañas. La perla blanca acompaña siempre a una señora clásica; la negra, a una mujer más interesante, además se les puede sacar mucho partido pues incluso se acoplan a una botonadura. Encajan con el brillante pues le da luz, color y protagonismo. Pero si queremos una combinación más extremista un buen rubí quedaría exótico. ¿Qué tono de piel resaltan? -Las blancas dan mucha luz, demasiada, a la mujer de piel clara, por eso las negras quedan más elegantes a la piel oscura. ¿Es joya de hombre? -Ha empezado a entrar por los ABC Isidoro Hernández con Tarita, tahitiana, viuda de Marlon Brando, tras la entrega del premio Perlas de Tahití surfistas, que las llevan colgando con un cordón de cuero o de caucho, materiales imposibles de combinar con la perla blanca. Para el hombre, el truco radica en que sean pequeñas y discretas. También quedan sofisticadas y elegantes como alfiler de solapa. ¿Tienen retos? -No. La perla negra no necesita nada. Yo me atrevería a ponerlas en un cinturón, en un zapato, en un bolsito de noche o en un atuendo para el pelo. LUGAR DE LA VIDA La peonía omo la baronesa Karen Blixen en Out of África (traducido como Memorias de África no sé qué hacer con la peonía. Se arrepintió mucho ella de cortarla, al conseguir una peonía blanca y ponerla en un jarrón y que no diera semillas, estando tan lejos para obtener más plantas. No volvió a tener peonías blancas en África, ya lo escribe en su libro. Y aquí estoy, ante la primera peonía de mi vida. Hace cinco años que intento cultivarla y el año C Mónica FernándezAceytuno pasado estuve a punto de conseguir la primera flor pero, cuando solo era un botón rosa, unas diminutas hormigas negras empezaron a subir por su tallo y el botón no se desabrochó y no hubo pétalos ni sépalos ni aroma ni nada. Arrumbé la planta al lugar más oculto del jardín, y allí, a escondidas, como si dejarla en paz fuera necesario para que floreciera, acaba de salir una peonía, y ya hay otra dispuesta a abrirse. También este año suben por su tallo las hormigas negras, pero esta vez ha podido la flor. Y ahora no sé qué hacer. Puedo resolver en un segundo las cuestiones más importantes de una vida: en un segundo decidí casarme, en otro tener hijos, y en otro cambiarme para siempre de casa; pero puedo tardar días y semanas y años, en resolver las cosas sin importancia: mover o no un mueble de sitio, ocultar o no las canas, cortar o no cortar la peonía. Mientras se despejan hoy en el mundo cuestiones fundamentales, yo no sé qué hacer con esta peonía que tiene un olor agreste y un rosa muy silvestre y unos pétalos desflecados y que llaman rosa montesina en las laderas de las sierras. También la llaman rosa de Santa Clara, e incluso aseguran que la rosa que se regala en Cataluña con los libros es una costumbre que ha cambiado porque no es la rosa cultivada y de invernadero la rosa de San Jorge, sino esta rosa silvestre que es la peonía. Esta mañana tiene ya tanto peso que su tallo ha empezado a encorvarse sobre sus hojas que recuerdan, en pequeño, a las hojas de los acantos. La flor, está preciosa, y aún no sé qué hacer. No sé si cortarla para tenerla cerca de mí cada hora del día, o dejarla en tierra y que se deshaga en semillas.