Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
78 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos VIERNES 1- -6- -2007 ABC PREMIOS MARIANO DE CAVIA, LUCA DE TENA Y MINGOTE Reunidos en Madrid, en la Casa de ABC, don Antonio Mingote, que actuaba como presidente; don Luis Alberto de Cuenca, don Juan Pablo Fusi, don Germán Yanke y don Juan Manuel de Prada como Jurado de los premios Mariano de Cavia Luca de Tena y Mingote correspondientes a trabajos publicados durante el año 2006, han llegado al acuerdo de conceder: Primero. El premio Mariano de Cavia por mayoría, al artículo Teología de Jon Juaristi, publicado en ABC el día 24 de septiembre de 2006 Segundo. El premio Luca de Tena ha sido concedido, por unanimidad, al escritor y periodista Santiago Castelo Tercero. El premio Mingote ha sido otorgado, por mayoría, a la caricatura de Agustín Sciammarella publicada en El País el día 5 de noviembre de 2006 Los miembros del Jurado (Juan Pablo Fusi, Juan Manuel de Prada, Antonio Mingote, Luis Alberto de Cuenca y Germán Yanke, de izquierda a derecha) ayer en ABC DANIEL G. LÓPEZ Hay una modernidad débil y nihilista que la ha tomado contra la Iglesia Católica Jon Juaristi s Escritor Autor de una notable obra poética, Juaristi se ha distinguido como ensayista y ha publicado títulos imprescindibles para conocer el nacionalismo vasco, como El bucle melancólico TULIO DEMICHELI MADRID. El poeta, ensayista, ex director de la Biblioteca Nacional y del Instituto Cervantes, catedrático de Filología Hispánica y colaborador habitual de ABC, sumaba ayer a una ya larga lista de distinciones el premio más deseado y de mayor solera del periodismo español: el Mariano de Cavia, que se le concedía por un artículo dedicado al discurso que el Papa Benedicto XVI pronunció en la Universidad de Ratisbona y cuya mala interpretación, o interpretación sectaria, provocó un conflicto entre Roma y el mundo islámico. los otomanos, pero en realidad apelaba a la idea judeo- helenística de un Dios razonable. -La irritación se produjo porque Ratzinger aludía a un diálogo de Manuel II Paleólogo, emperador de Bizancio, en el escenario de una Constantinopla asediada por -Ésa es la idea fundamental de este artículo que ha sido premiado, algo que agradezco de corazón. A mí me conmovió ese discurso de Ratisbona. Todos esperaban que la primera intervención del nuevo Papa en una tribuna universitaria estuviera dedicada a la defensa de una espiritualidad evanescente, pero él sorprendió a todos defendiendo la Razón. El texto me parece, además, un prodigio de buena arquitectura retórica, a la que no fue ajena una alta dosis de ironía, cuando se refirió a las facultades que estudian un objeto inexistente como lo es Dios, o cuando recordó que Borges catalogaba la Teología como una -Llama la atención que un intelectual moderno y crítico, laico aunque de fe judía, como usted, salga en favor del Papa de Roma cuando éste defiende la Razón confesional. rama de la literatura fantástica. Era un buen comienzo, así lo digo, como trambién digo que nadie sabe aún si la Iglesia ha ganado un gran Papa, pero es seguro que la Universidad ha perdido a un gran profesor. -Intento ser lo más racional posible. Hay una modernidad débil y nihilista que la ha tomado con la Iglesia Católica y le dirige sus chascarrillos, pero que tendría muy poco que hacer ante la sólida formación y proyección intelectuales de su pensamiento. La defensa de la Razón que hizo Ratzinger siempre ha estado dentro tanto de la -Sin embargo, algunos periodistas zánganos como usted los califica, desatendieron la entraña intelectual del discurso para alimentar un escándalo y la respuesta airada de los musulmanes. -Claro, lo hicieron por la necesidad de lograr un impacto me- Iglesia romana como de la ortodoxa. Los protestantes, en cambio, han hecho una mayor apelación al sentimiento y la emoción de la relación con Dios. Hoy, la verdadera defensa de la Razón no está en manos de esta posmodernidad delicuescente, sino en el discurso de Benedicto XVI, pues él conecta con las raíces de Europa, judías y helenistas. Desde la elección misma del nombre con el que iba a reinar, Ratzinger apeló a los padres de Europa: Benito, Anselmo, Jerónimo, Agustín.