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ABC JUEVES 31 s 5 s 2007 Tribuna Abierta AGENDA 67 Carlos Murciano Escritor COMO NOVENTA SOLES A pasada semana he tenido ocasión de viajar con Valentín García Yebra a dos lugares distintos: a San Fernando de Henares, para entregar unos premios a los alumnos del Instituto Vega del Jarama convocados por sus profesores a lidiar noblemente en los campos de la poesía, el relato, el ensayo, la plástica, el video- presentación e incluso las matemáticas, y luego a Peñíscola, como jurados del premio de cuentos que lleva el nombre de la bella ciudad castellonense. Nos acompañaban tres escritores amigos de bien cortada pluma: José Javier Aleixandre, Santiago Castelo y Carmen Mestre. Y los cuatro pudimos constatar, como en lances similares anteriores, la bonhomía del maestro, su proceder afable, su humildad de sabio íntegro, tan lejana de afectaciones y engreimientos, propios de intelectuales de mucha menos talla. Y su estar siempre atento, avizor. Cuando le pregunté en el tren- -sirva de ejemplo- -por qué la palabra inusual no aparecía en el DRAE (al menos en la edición de 1992 que es la que manejo) sacó papel y pluma, lo anotó y dijo; Si no está, la meteremos La labor profesoral de Valentín García Yebra, desde que- -doctor en Filología Clásica- -obtuvo por oposición en 1945 la cátedra de Lengua Griega del Instituto Menéndez Pelayo de Santander, hasta su jubilación en la Universidad Complutense- -septiembre de 1985- donde enseñaba Teoría da la Traducción, esa labor, digo, ha sido admirable, pasando como director por el Instituto Politécnico Español de Tánger y el Calderón de la Barca de Madrid, con un periodo de casi dos lustros en el CSIC. L versículo suelto, en lugar de los versos de medida fija posible que, como escribió Martín Schanz, Séneca tratara su asunto más como retórico que como poeta, preocupado por el discurso, no por el movimiento dramático, pero traducir poesía- -él lo sabe muy bien- -no es lo mismo que traducir un tratado de Historia o de Filosofía. La poesía tiene un aquel, y si el traductor sacrifica aquí o allá la precisión rigurosísima en aras de la gracia, del ángel, nadie debe culparle. Rafael Lapesa corroboró su acierto versal cuando, tras leer su Medea le escribió: Su traducción es una maravilla. No conozco recreación más perfecta que la llevada a cabo por usted Sí, él sentó cátedra con su Medea No se arrepienta de su logro. Que así es la rosa. que su tarea traductora no se quedó aquí. Cuando el pasado año se le rindió homenaje en Guadalajara, se editó un Corcilium con más de mil páginas de estudios a él dedicados, en el que se incluía su bibliografía completa. Yo remitiría al lector interesado a que comprobase la asombrosa lista de sus traducciones del griego, latín, alemán, francés, inglés, italiano y portugués, amén de sus libros originales en torno a su especialidad, y su colección de artículos, de los que una preciosa muestra nos fue ofrecida por Gredos en 2003, bajo el título de El buen uso de las palabras Elegido en 1984 para ocupar un sillón de la Real Academia Española, Valentín García Es Valentín García Yebra es también doctor honoris causa por las Universidades de León (1990) y de Atenas (2004) Premio Nacional de Traducción (1998) Comendador de las Órdenes de Alfonso X el Sabio y de Isabel la Católica... Y si traigo todo esto a colación, es porque el pasado 28 de abril, el ilustre académico cumplió noventa años Valentín García Yebra ABC Figura clave en el ámbito de la traducción, con sólo veintitrés años (1940) vertió a nuestra lengua la Medea de Séneca, en versos tersos y acordados, libro que vería la luz, en 1964, en Gredos- -editorial que él cofundara- A esta excelente versión, que ha sido llevada a la escena dentro y fuera de España, he vuelto muchas veces como lector devoto. Recuerdo que, en abril de 2000, escribí sobre ella y su autor, en estas mismas páginas, un artículo en el que, con el obligado respeto, disentía de su criterio, expuesto en una nota preliminar de aquella primera edición del 64, en la que se mostraba contrario a las traducciones en verso, y aseguraba que si tuviera que hacer esta de nuevo, utilizaría la prosa rítmica o el Claro Yebra es también doctor honoris causa por las Universidades de León (1990) y de Atenas (2004) Premio Nacional de Traducción (1998) Comendador de las Órdenes de Alfonso X el Sabio y de Isabel la Católica, Insignia de Oro de la Ciudad de León, Hijo Predilecto del Ayuntamiento leonés de Los Barrios de Salas, etc. Y si traigo todo esto a colación, es porque el pasado 28 de abril, el ilustre académico cumplió noventa años. Nacido en 1917, en Lombillo de los Barrios, las vivencias bercianas de sus primeros años siguen imborrables en su mente: hechos familiares, travesuras, nombres, apodos... Este monaguillo que a los siete años ya saboreaba el latín, me contaba, en uno de esos viajes que en principio menciono, del día que atrapó, a la sombra de un huertecillo cercano a su pueblo, una carriza, esto es, un chochín, que- -después del reyezuelo- -es el pájaro más pequeño de nuestra fauna. Lo llevaba en el hueco de las manos, y un amigo incrédulo se negó a aceptarlo. Él abrió los dedos para demostrar su verdad, y la avecilla escapó hasta una rama cercana, donde su diminuta bola parda se hizo música y trino, gozosa de su recobrada libertad. las manos del tiempo, latimos, desamparados. Y escapamos a veces de su trampa, pero él no se duele de ello como el niño Valentín, porque sabe que, tarde o temprano, volveremos a ser suyos. En tanto, cantamos, despreocupados y alegres, cada uno con su música peculiar. Valentín García Yebra lleva décadas haciéndolo, con eco innegable. Noventa años como noventa soles. Que ellos nos sigan alumbrando largamente. Entre Matilde Muro INASEQUIBLES D Se le rogó que prescindiera de poner avisos sellados y firmados en los espejos de los ascensores, y en el pasillo que conduce a la escalera ÍCESE de los seres que, aún cuando la aparente contrariedad, aceptada por el entorno como tal, se ceba en esos sujetos, ellos permanecen agarrados al enlucido de la desgracia, sin importarles caer al vacío aparente, donde serán recibidos por astas de toros enfurecidos, deseosos de sangre y venganza. Hay bastantes. Lucen el poderío creyéndose poseedores de los lugares que ocupan, la mayor parte de las veces por decisión popular, y se crecen ante la adversidad que les propicia el contrincante tranquilo que les dio la espalda y emite el voto libremente para echarlo del cargo. Elpresidentedemi comunidad de vecinos es así. En la últi- le rogó que prescindiera de poner avisos sellados y firmados en los espejos de los ascensores, y en el pasillo que conduce a la escalera, y ha emitido un sinfín de órdenes acerca del comportamiento que deben observar los canes y los dueños de los mismos a la hora de salir a hacer sus cositas a la calle, impeliendo a que sean transportados en brazos y que ninguno pise el suelo de los elementos comunes de las viviendas, para evitar tentaciones de evacuar antes de llegar al pipi- Se ma reunión se le pidió que entregara el talonario de cheques de la cuenta del inmueble en la que tenía firma, y se limitó a mirar por encima del hombro al administrador y decirle que lo haría cuando lo considerara oportuno. cán. No me imagino a doña Lucía transportando en brazos a Ringo, el gran danés de más de cuarenta kilos con el que comparte vivienda, pero en fin. Como estertor definitivo ha sugerido a la Comunidad que, antes de abandonar el cargo, sea aprobada la propuesta que presenta de que en el portal se cree una galería de retratos de los presidentes que han sido desde que se levantó el edificio, y aparece como un lugar habitable a los ojos de los que por allí pasan. Para iniciar la colección ha entregado una fotografía de él de tamaño natural, enmarcada y dedicada. Unaverdaderapesadilla, un horror del que es difícil desprenderse, porque nadie sabe, cuando uno se aferra de esa manera a los cargos políticos o civiles, cómo deshacerse de ellos. No se sabe qué es mejor: si dejar que se presenten, o que sigan ahí, dando la lata y haciendo lo que les parece en nombre del bien ajeno. Incansables, inasequibles a la contrariedad y entregados a la causa de hacer de lo común espacio propio e intocable por los que seres a los que van destinados semejantes esfuerzos, son titulares de actuaciones que van de boca en boca, como la de este sujeto que compró un tren eléctrico con motivo del nacimiento de su único hijo, y el chico, ahora de treinta años, jamás lo ha tocado, no ha tenido nunca permitida la entrada en la habitación de la maqueta del ferrocarril que el padre ha montado, y sabe del tren por referencias de quienes, invitados de honor, pueden verlo desplazarse por vías que el progenitor tiende para sí mismo. Por favor, si le han dicho que se vaya, que cuando menos se aleje.