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4 OPINIÓN JUEVES 31 s 5 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro DESMIENTEN AL CIS ESDE el punto de vista científico, está claro que el Centro de Investigaciones Sociológicas no ha elegido el mejor momento para hacer pública su encuesta sobre intención de voto, con datos tomados el pasado mes de abril. Otra cosa es que al Gobierno le venga bien esta cortina de humo sobre su derrota sin paliativos en las elecciones locales y autonómicas. Sin embargo, este tipo de operaciones no contribuye precisamente a reforzar el prestigio de la institución. Decir ahora que en abril el PSOE se situaba tres puntos por delante del PP o insistir en la baja valoración como líder de Mariano Rajoy resulta como mínimo absurdo, pocos días después de que los ciudadanos se hayan pronunciado en las urnas. Hay formas mejores de gastar el dinero público que ofrecer una información que, en el mejor de los casos, es anacrónica e inútil. Hablando con claridad, se trata de contribuir a que se recuperen los ánimos del PSOE, bastante decaídos después del varapalo de Madrid y Valencia y de la ventaja de 160.000 votos a escala nacional en favor de la oposición. En todo caso, es una operación fallida porque a nadie le interesan los resultados estimados y cocinados de una encuesta cuando la realidad aporta datos concluyentes sobre el estado de la opinión pública. En la triste noche electoral de Ferraz, José Blanco anticipaba algunas proyecciones que coinciden curiosamente con los números del CIS, a modo de falso consuelo para el perdedor indiscutible en las urnas. Los sociólogos dicen que las encuestas son la expresión del pueblo en miniatura Lo cierto es que no hacen falta maquetas cuando se puede contemplar el edificio en toda su amplitud. Tal vez el CIS debería ocupar su tiempo en analizar de forma objetiva y sistemática los resultados del domingo, aunque los cuadros comparativos con cualquier otra elección darían pocas alegrías al Ejecutivo. La dependencia gubernamental de este instituto genera frecuentes polémicas y no es fácil eliminar la sospecha de que actúa más de una vez al servicio de intereses partidistas. Es probable que los periodos de sondeos y su publicación estén fijados con antelación. Aun así, los responsables del CIS tendrían que haber tenido en cuenta la convocatoria electoral para modificar el calendario, con un doble objetivo: ofrecer una información que sirva para algo y evitar la imagen oportunista que perjudica seriamente a la institución. Esta encuesta resulta tan poco relevante que nadie tomará en serio los datos, mientras los ciudadanos contemplan la maniobra entre el enfado y la perplejidad. Un instituto de opinión dotado de notables medios humanos y materiales debe trabajar con más rigor en cumplimiento de las funciones que establece la ley. De lo contrario, es probable que vuelva a plantearse el debate sobre la configuración jurídica del CIS, que podría concebirse como una administración independiente y neutral, que actúe siempre con la más estricta imparcialidad. LAS URNAS D ESPAÑA MERECE OTRA POLÍTICA EXTERIOR SPAÑA se merece otra política exterior. Vivir instalados en la marginalidad y la irrelevancia no es bueno. Sobre todo cuando nuestro país ocupa una posición geoestratégica tan importante y disfrutamos de una histórica vocación trasatlántica que ahora se encuentra comprometida por las decisiones que, en política exterior, ha tomado José Luis Rodríguez Zapatero a lo largo de esta legislatura. La penosa labor desempeñada por Miguel Ángel Moratinos al frente del Ministerio de Asuntos Exteriores ha de ser enmendada- -y olvidada- -lo antes posible. España no puede seguir como hasta ahora: proyectando la imagen exterior de un país empequeñecido que no tiene claro dónde está ni con quién quiere estar. Decisiones como la retirada unilateral de nuestras tropas de Irak; propuestas como la Alianza de Civilizaciones y gestos de buena voluntad hacia dictaduras como la de Fidel Castro, o gobiernos caudillistas como el de Hugo Chávez, conducen al descrédito entre los países occidentales de nuestro entorno. Embarrancar la política exterior española en latitudes caribeñas tan despreciables como las que ofrece la dictadura cubana sólo puede provocar el rechazo de nuestros aliados y, lo que es peor, el dolor y la indignación de quienes padecen la pesada carga de la represión castrista. Esto último se puso de manifiesto tras la reciente visita del ministro Moratinos a La Habana. La actitud del ministro de no querer entrevistarse con los opositores no sólo causó desolación y malestar entre ellos sino que, por primera vez desde la Transición, ha generado un grave distanciamiento entre el Gobierno de España y la resistencia democrática interior que lucha dentro de la isla contra la tiranía de Fidel Castro. De ahí que no sea extraño el reproche que recibió el pasado martes nuestra diplomacia a manos de la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, que no dudó en criticar la política de España hacia Cuba. Sobre todo a la vista de la propia experiencia autori- E taria de nuestro país y lo importante que fue para la buena marcha del proceso democrático los apoyos exteriores que recibió desde antes, incluso, de que se produjera la muerte de Franco. Que esta crítica norteamericana se haya producido a pocos días de la visita de Rice a Madrid, es sintomático del estado de las relaciones que viven ambos países. Los Estados Unidos no se fían de la política exterior del Gobierno de Rodríguez Zapatero y lo exhiben a las claras. Quizá es que piensan- -no sin cita razón- que no se puede estar en el limbo de los no alineados y, al mismo tiempo, ser merecedor del trato que se dispensa a los países que juegan en la primera división occidental. Algo que los franceses también parecen tenero claro. Especialmente después de que Nicolas Sarkozy haya sido elegido presidente de la V República. No deja de resultar sorprendente la noticia de que Francia quiera subordinar su apoyo a la lucha antiterrorista española a cambio de nuestro respaldo a su política europea. Si así fuera, se estaría confirmando lo que ya resulta cada vez más evidente: que España ha perdido la respetabilidad que llegó a tener durante los gobiernos de José María Aznar, siendo ahora una potencia de segundo nivel que no tiene voz propia ni ideas acerca del futuro de Europa y que, además, está forzada- -por su debilidad estructural- -a desempeñar un papel accesorio dentro de los entresijos de la UE que se perfila en el horizonte. Por todo ello urge un cambio radical de nuestra política exterior. Un cambio que sitúe a España a la altura del crédito que merece y que no es otro que el que corresponde a la octava potencia económica del planeta. Por desgracia, es casi seguro que esta tarea ya no pueda hacerla el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. El pésimo balance acumulado durante estos años lo inhabilitan para ello y ni siquiera un cambio en el Ministerio podría enmendar la difícil situación por la que atraviesa la política exterior española. Habrá que esperar a después de las próximas elecciones generales para verlo de la mano de otro Gobierno. PACTO DE ESTADO EN NAVARRA L futuro político de la comunidad foral de Navarra resume los más graves efectos del proceso de paz instado por Rodríguez Zapatero: inestabilidad e incertidumbre. Su respuesta a la oferta de pacto escrito y cerrado hecha por Mariano Rajoy- -que el PP rectifique sus insultos a los socialistas navarros- -no ha estado a la altura de las circunstancias y, aunque no niega la posibilidad de cerrar un acuerdo de gobierno con Unión del Pueblo Navarro, revela la resistencia de Zapatero a una decisión que entrañaría, ésta sí, un giro en su política sobre el País Vasco y Navarra. Sin embargo, el PSOE es consciente de que rema contra corriente y de que Rajoy ha centrado con acierto la cuestión navarra al proponer a Zapatero ese acuerdo para toda la legislatura. La negativa socialista sería difícil de entender por la opinión pública, porque no es comprensible dar la espalda, en las actuales circunstancias, entre UPN, socialistas y CDN, que formaría una amplia mayoría (el 69 por ciento de los votos, con 36 escaños sobre 50) apoyada en una idea común sobre la identidad de Navarra. El PSOE no debería tener ninguna duda de que este pacto es el que concita mayor respaldo social y el más beneficioso para Navarra y España. La alternativa es abrir las instituciones navarras al nacionalismo panvasquista. El problema es que Rodríguez Zapatero toma decisiones E sobre bases subjetivas, ajenas al dominio público e incluso a su partido, basadas en cálculos normalmente erróneos y siempre marcadas por una profunda aversión hacia el PP. Su decisión sobre los pactos en Navarra- -porque será suya la decisión que prevalezca, no de los socialistas navarros- -revelará la voluntad real de Zapatero sobre el llamado proceso de paz No valen con Navarra acuerdos provisionales, ni jugadas con trampa- -pactar con Nafarroa Bai el ayuntamiento de Pamplona y aceptar graciosamente los votos de Acción Nacionalista Vasca- -ni poner condiciones penitenciales al PP olvidando sus propias responsabilidades. O hay acuerdo con UPN- -primera fuerza, con aumento de votos y porcentaje respecto a 2003- o lo hay con el nacionalismo soberanista de Nafarroa Bai, y este dilema no es político, es de dimensión ética y nacional. Navarra ha estado en la mesa de negociación con ETA. De qué forma o con qué objetivo, no se sabe, y el riesgo es que Zapatero quiera que lo siga estando. El guionista del diálogo con Batasuna, Jesús Eguiguren, dejó escrito que la reforma del Amejoramiento del Fuero Navarro- -junto con la de la Constitución y el Estatuto de Guernica- -debía estar entre las consecuencias del acuerdo político con ETA y su entramado. Los temores sobre el futuro de Navarra no son infundados y la carga de probar la rectificación no incumbe al PP sino a Zapatero.