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ABC MIÉRCOLES 30 s 5 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA RUIZ- LANCELOT UANDO se acaban de ganar unas elecciones por un tanteo escandaloso es pecado venial dejarse mecer en el suave oleaje de la autosatisfacción y el protagonismo. En situaciones tan halagadoras como la que disfruta ahora mismo Ruiz- Gallardón, siempre hay cerca alguien dispuesto a ponerle delante un palito para que se suba y gallee más de la cuenta. Pero este hombre parece que ha aprendido al fin a manejar los tiempos y resistir la tentación de la excesiva arrogancia; o al menos, a limitar la expresión de sus ambiciones. Había perfume de poder bajo las arañas luminosas del hotel Intercontinental, esa clase de IGNACIO aroma cortesano que se CAMACHO respira en Madrid cuando mucha gente bien vestida y bien situada se da codazos por abrazar a alguien y pedirle una cita. La cola de coches con chófer provocó a mediodía un atasco en la Castellana. Todo el mundo quería tocar al santo, investido por la victoria de un aura de magnetismo cesáreo. De repente, el verso suelto encajaba con perfecta rima consonante en el conflictivo poemario de la derecha. Milagros del 55 por ciento. Con Rajoy y Esperanza delante, Gallardón se postuló en el Foro ABC como un Lancelot de la Tabla Redonda del PP, el caballero valeroso y audaz que ponía su virtud al servicio del rey y de su causa. Le acabó siendo infiel al monarca y desató los demonios de la discordia, pero después regresó a tiempo para echar una mano decisiva en la victoria final. En el Camelot provisional que es la sede de la calle Génova después de las municipales, el alcalde de Madrid se proclama un servidor destacado pero leal en la empresa de conquistar el poder para su señor. Tiene, como Lancelot, el problema de ser más brillante que su jefe, y también menos cauto y prudente, lo que le granjea celos y le hace reo de desconfianza, pero Rajoy, que es celta como el rey Arturo, está dotado de bastante más retranca gallega. De su primo político Sarkozy, con el que pasará en París este fin de semana, ha aprendido Gallardón el recurso de pisarle el terreno a la izquierda apelando a una tradición de honesta seriedad- -Pablo Iglesias, Besteiro, Tierno Galván- -con la que se postula más identificado que Zapatero y sus pupilos. Ninguneó a Sebastián con una elegancia despectiva que arrancó aplausos del respetable, y le imputó al presidente la derrota en Madrid, que es un modo inteligente de adjudicarse a sí mismo un trofeo de caza mayor. Pero en ningún momento descuidó la causa; compartió con Aguirre las mieles del éxito, aunque le escatimara los elogios, e inclinó muy honorablemente su espada victoriosa ante la Excalibur del líder. Se reclamó pata negra del partido delante del fundador Fraga y no pronunció una palabra de más ni omitió una lealtad de menos. Ungido por el sufragio universal como una lluvia de pétalos derramados sobre su cabeza, se mostró seductor, carismático, visionario y magnético. Pedirle que fuese además humilde habría sido considerarle demasiado perfecto. C ¿QUÉ PASA EN MADRID? N esta España de los Gómez y los López, cada cual oculta su Rodríguez y su Sánchez como puede. Vivo en una nación donde el presidente del Gobierno, el señor Rodríguez, se hace llamar Zapatero. Soy vecino de una ciudad donde el alcalde, el señor Sánchez, se hace llamar Monteseirín. Si llamar a la gente por su apellido y no por el nombre me suena a colegio de los jesuitas, los segundos apellidos me recuerdan el franquismo. A Franco le encantaba llamar a la gente por el segundo apellido, como los que en España tanto usan los árbitros de fútbol. A Fraga todo el mundo le llamó siempre Fraga. Menos Franco, que le decía Iribarne. Cada vez que inauguraba un parador nacional, Franco le decía a Fraga nada más descorrer la cortinilla de la lápida conmemorativa: -Muy bonito parador y muy patriótico, Iribarne... Y en esta España de los Gómez y los Rodríguez, Martínez ha hecho su triunfal campaña sin usar el apellido. Es más: Martínez perdió hace muchos años el apellido como se perdió La Habana, prima hermana de la ciudad que gobierna aproximadamente desde la legislatura ANTONIO de los fenicios: Cádiz. Yo ahora puedo esBURGOS cribir esta frase: Martínez barrió en Cádiz Pero si la escribo, más de uno se preguntará: ¿Es que Teófila no se presentaba ya de alcaldesa en Cádiz, y por eso ha ganado este tal Martínez? Bueno, sí, aproximadamente. Martínez hace tiempo que dejó de existir en Cádiz para dejar paso a Teófila. La ex Martínez, en esta campaña tras la que ha vuelto a arrasar, ha hecho toda la cartelería, todos los anuncios, todos los lemas, todos los reclamos televisados con el solo nombre de Teófila. Le pasa ya a Teófila como a muchas grandes españolas, como a Lola, a Rocío, a Cayetana: que no tienen necesidad alguna de apellido para que sepamos quiénes son. Y tiene en Cádiz tal fuerza esta Lola, digo, esta Teófila la Piconera, que ha ganado no solamente las elecciones, y por mayoría absoluta, y con unos de las más altos porcentajes de votos de toda España, sino en todos y EL RECUADRO E cada uno de los distritos de la Cuna de la Libertad, y además en todas y cada una de las mesas electorales, excepto en tres. Y el gaditano que me está leyendo y soplando al mismo tiempo al oído este artículo, me dice en este punto: -Picha, pues eso es un fracaso, joé. Teófila ya no es lo que era. ¡Cuidado que no ganar en tres urnas! En 1999 ganó en todas las urnas de la ciudad. Vamos, que si se lo propone, Teófila gana hasta en la urna del Cristo Yacente del Santo Entierro... Creo que los cicerones que les enseñan la ciudad a los turistas y los pimpis que acompañan a los embarcados ya han incluido estas tres urnas en los recorridos para los guiris, porque tienen un ver. En Cádiz, a partir de ahora, hay que ver la Catedral, el Museo de la Plaza Mina, el oratorio de la Santa Cueva... y las tres urnas donde no salió elegida Teófila. Están en Puntales y en la Barriada de la Paz, y seguro que las señalarán en las fachadas de sus colegios electorales con lápidas conmemorativas de mármol, por aquello de la Tacita de Placa, que no de Plata. En Cádiz, en cuanto te descuidas, te ponen una lápida. Como la que le pronosticó El Cojo Peroche a El Beni, pues a la muerte de Benito Rodríguez Rey, en la casa donde nació pusieron una lápida que decía: Se vende Más de una vez, tras las elecciones, le pedí a Teófila que me empadronara en Cádiz, porque es de las pocas ciudades de Andalucía donde sabes que va a salir alcalde la persona que votan los vecinos, y no la que resulte de esa recalificación sin ladrillos que son los pactos. Mientras que en otras capitales del Virreinato de Chaves dejan a los votantes del PP compuestos y sin alcalde de la lista más votada, en Cádiz sabes que el bastón se da según las urnas, no por Trapicheos de Progreso. Bueno, en Cádiz y en Madrid. La decimonónica pregunta del ¿Qué pasa en Cai? tiene ahora una respuesta: Pues lo mismo que en Madrid, quillo: que los vecinos tienen la absoluta seguridad de que va a salir alcalde el de la lista más votada, y no como en Sevilla, que hay tanta inseguridad ciudadana, que al del PP mismo le quitaron el otro día la alcaldía por el procedimiento del tirón, uno en bicicleta que iba por el Carril Bici