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4 OPINIÓN MIÉRCOLES 30 s 5 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro HUGO CHÁVEZ SE QUEDA SIN ARGUMENTOS LA ENCRUCIJADA DE LOS NACIONALISMOS OS resultados de las elecciones locales del 27- M tienen también una lectura propia para el Partido Nacionalista Vasco y Convergencia y Unión, porque el balance electoral los sitúa en una encrucijada sobre la estrategia que deben seguir hasta los próximos comicios generales y para los pactos posteriores de gobierno. En general, ni el PNV ni CiU pueden estar satisfechos por los resultados. Los nacionalistas vascos han bajado en votos y porcentaje de apoyo, a pesar de estar en el Gobierno y ejercerlo con el método hegemónico que los caracteriza. Por su parte, CiU también pierde votos, lo que debe obligarle a replantearse su estrategia como principal partido de la oposición a un inestable tripartito que, además, ganó las últimas elecciones autonómicas. Los convergentes pierden poder municipal y local en un retroceso que hace aún más dura la pérdida del gobierno autonómico. En efecto, a ambos partidos, PNV y CiU, les pasan factura, en primer lugar, sus propias estrategias de los últimos tiempos, que corren en paralelo y con puntos en común. Uno y otro se embarcaron en propuestas soberanistas radicales. El PNV lo hizo, primero, de la mano de ETA y Batasuna en el pacto de Estella; luego, con el plan Ibarretxe como apuesta para suplantar a los proetarras en el discurso más extremista y liderar a todo el frente nacionalista. Los convergentes promovieron una radicalización de su mensaje ante el temor de que Esquerra Republicana de Cataluña le ganara terreno entre el electorado nacionalista y apoyaron una propuesta de Estatuto que, en lo político, desbordaba claramente el pragmatismo tradicional de CiU, y, en lo social, aceptaba un modelo basado en valores incompatibles con su orientación democristiana. Ambas formaciones, en suma, se despojaron del sentido práctico y ambiguo con el que procuraban tener un pie en cada orilla, y que les permitía ser una pieza fundamental para la política de pactos de los partidos nacionales, cuando éstos L no alcanzaban la mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados. El segundo error de PNV y CiU ha sido fiarse de Rodríguez Zapatero. Para los nacionalistas vascos, el presidente del Gobierno ha aprovechado el proceso de diálogo con ETA para afianzar a medio plazo unas condiciones políticas que permitieran la importación del tripartito catalán al País Vasco, reflejado en una hipotética coalición del socialismo con nacionalistas radicales de izquierda. Navarra puede ser la preocupante confirmación de esta posibilidad. A CiU, Rodríguez Zapatero la utilizó como comodín de su necesidad apremiante de sacar adelante el estatuto catalán. El jefe del Ejecutivo llegó a pactar el proyecto estatutario con Artur Mas, líder de la oposición a su propio partido en Cataluña, culminando un ejercicio inédito de utilitarismo político, sin reparo alguno sobre el coste que habría de provocar esta decisión en Pasqual Maragall. Pero aquel acuerdo no benefició a Artur Mas, que sigue en la oposición pese a haber vuelto a ganar las elecciones autonómicas al Partido Socialista de Cataluña. Para estos partidos nacionalistas, el PSOE y Rodríguez Zapatero representan opciones de pacto poco fiables. Hasta el momento, los apoyos que han prestado a los socialistas han revertido a favor del propio PSOE y de los nacionalismos más radicales, tanto en el País Vasco como en Cataluña. Tampoco sus apuestas soberanistas constituyen ofertas sostenibles para un electorado más asentado en una forma ambigua y pragmática de hacer política. El Partido Popular, como es obvio, no debe ser indiferente a esta situación de los partidos nacionalistas. Ahora bien, cualquier posibilidad de diálogo- -más aún de pacto- -está condicionada a que estas formaciones asuman el fracaso de su colaboración con el PSOE, a una declinación clara y nítida de la estrategia soberanista seguida hasta el momento y a un encauzamiento de sus objetivos en el marco constitucional, y no fuera de él. EL FUTURO DEL CENTRO- DERECHA A presencia de Alberto Ruiz- Gallardón como invitado en el Foro ABC, después de su abrumadora victoria electoral, reunió a la plana mayor del PP, encabezada por su presidente, Mariano Rajoy. Se respira una lógica satisfacción en las filas populares por los resultados del domingo. Es natural si se tiene en cuenta- -como destacaba el propio Gallardón- -que es la primera vez desde 2000 que el PP supera al PSOE en número de votos a escala nacional. La imagen, el discurso y la política que ha triunfado en las urnas es propia de un partido moderno de centro- derecha, reformista y liberal, plenamente homologable a sus afines en los grandes países europeos. Nada más lejos de la supuesta derecha extrema que proclama Rodríguez Zapatero, ni de los residuos del pasado que plantean algunos sectores muy minoritarios, empeñados en detener el curso de la historia en provecho de sus propios intereses. La victoria espectacular del PP en Madrid y en Valencia, así como la consolidación de otros líderes locales y regionales, responde siempre al mismo prototipo: rigor en los principios, flexibilidad en las estrategias y eficacia en la gestión. Estos son los planteamientos que pueden llevar a Rajoy a La Moncloa, porque son la antítesis de una forma de hacer política que muchos ciudadanos asocian con el presidente del Gobierno y que consiste en todo lo contrario: L valores inconsistentes, oportunismo táctico e ineficacia a la hora de abordar los asuntos que realmente importan a la gente. La política mira por definición al porvenir y nunca al pasado. Por razones generacionales y prácticas, el futuro del PP está en manos de un conjunto de líderes de gran solidez y notable aceptación entre los votantes. Con o sin congreso del partido, la lógica más elemental exige que la imagen pública de los populares esté a cargo de quienes encarnan la opción moderada y reformista que ha triunfado en las urnas. El alcalde de Madrid habló en su intervención de ayer de centro- liberal y reiteró la vocación de su partido en defensa de la sociedad abierta, así como el compromiso inequívoco de los populares con la Constitución y la soberanía nacional que en ella se proclama. Estos son los criterios que está deseando escuchar un amplio sector del electorado, en contraposición con las aventuras sin sentido que ha emprendido Zapatero desde el principio de la legislatura. El gran mérito histórico del PP ha sido precisamente articular una opción política moderna y atractiva, mientras que el PSOE actual, a pesar del evidente malestar de muchos antiguos dirigentes, parece dispuesto a continuar con una serie de tópicos y prejuicios que tienen cada vez menos eco en una sociedad dinámica y activa, como demostró sin discusión el resultado del pasado domingo. UGO Chávez ha cometido un gravísimo error político al consumar el cierre de la emisora de Radio Caracas Televisión, acontecimiento que de un modo u otro hará que muchos de quienes consideraban que su origen democrático justificaba algunos de sus excesos no puedan ya seguir avalando una carrera hacia el totalitarismo. Las manifestaciones continúan en Caracas y en otras ciudades de Venezuela porque una gran parte del país se ha dado cuenta de que Chávez se ha transformado en un dictador que no tolera la crítica. Para muchos ciudadanos sin formación puede resultar complicado comprender los efectos de que el Gobierno pervierta el sistema judicial, o ver las maniobras técnicas con las que manipula las elecciones. Pero el cierre arbitrario de una de las emisoras más antiguas- -y más vistas- -de la televisión venezolana es algo que cualquiera puede valorar. Los esfuerzos desesperados del Gobierno por poner en marcha a toda prisa una emisión propagandística- -aunque haya tenido que añadir al cierre Radio Caracas Televisión la confiscación manu militari de sus instalaciones técnicas- -muestran claramente que también Chávez se ha percatado del error, aunque en realidad camina en el sentido opuesto a la solución. En estos momentos no hay dirigente político americano o europeo- -a excepción de Fidel Castro o de Evo Morales, ambos subsidiados por Chávez- -que no critique el cierre de la emisora caraqueña. Precisamente por ello, el Gobierno español debería reflexionar sobre el resultado de una política de complacencia y consideración con el régimen venezolano, del que hace tiempo que debía saber que no recibiría más que el desprecio. Los llamamientos a la moderación hechos desde la Moncloa no han sido escuchados y, en respuesta, el Ministerio de Asuntos Exteriores no habría tenido ni siquiera que aceptar escuchar las justificaciones que le ha hecho llegar Hugo Chávez, porque lo que ha hecho es propio de dictadores y no tiene excusa posible. Nadie con una mínima sensibilidad democrática puede aceptar impasible las coartadas de una acción tan innoble como el cierre de un medio de comunicación. Por ello es necesario que Rodríguez Zapatero tenga en cuenta esta lección, especialmente durante la próxima visita a Madrid de la secretaria de Estado norteamericana, Condoleeza Rice. Las aproximaciones de este Gobierno a la realidad de Iberoamérica han sido hasta ahora muy diferentes a las de la política estadounidense, a pesar de que ambos países comparten el mayor interés en la estabilidad y el progreso de la región. Esta puede ser la ocasión para dar pasos en la dirección adecuada, defendiendo tanto en Venezuela como en Cuba los grandes ideales democráticos, no vaya a ser que se llegue a pensar que el Gobierno socialista español no es capaz de ver la injusticia por la que miles de venezolanos de a pie se quejan a gritos en las calles de Caracas. H