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4 OPINIÓN MARTES 29 s 5 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro NUEVO HORIZONTE PARA EL PP L presidente del PP Mariano Rajoy, expuso ayer los motivos por los que su partido está justificadamente satisfecho con los resultados de las elecciones municipales y autonómicas del 27- M. En su recuento de datos favorables incluyó algunos que son inapelables por su objetividad: el PP ha ganado al PSOE en el cómputo nacional, tanto en escaños como en alcaldes; con menor participación que en 2003, el PP ha aumentado el número de votos absolutos, mientras el PSOE ha perdido en cuatro años más de 240.000; y, lo que es más importante para instalar un mensaje sencillo en la opinión pública, se trata de la primera victoria nacional del PP desde las elecciones generales de 2000. Los datos parciales tampoco son de menor entidad, porque el PP ha sido la fuerza más votada en la mayoría de las capitales, se mantiene en el País Vasco y Cataluña e incluso en Navarra y Baleares- -a pesar de que puede no formar gobierno- -aumenta el apoyo electoral recibido hace cuatro años, tanto en votos como en porcentaje. Evidentemente, el PP no puede ni debe ocultar que la posibilidad de perder el Gobierno foral de Navarra- -el de Baleares es más factible que lo conserve- -es un contratiempo, aunque también suponga una encrucijada para el PSOE, obligado a elegir entre favorecer una mayoría foralista o un Gobierno nacionalista. Por otro lado, las arrolladoras victorias en Madrid y Valencia y el incremento de votos en los feudos del PSOE (Andalucía, Extremadura y Castilla- La Mancha) son piezas decisivas de la nueva etapa que se abre tras el 27- M, cuya meta no es otra que recuperar el gobierno nacional. Para lograrlo, el PP ha alcanzado ya dos objetivos, casi psicológicos y muy importantes de cara a la opinión pública: ha superado E definitivamente el lastre de la derrota electoral del 14 de marzo de 2004 y ha roto el mito de la imbatibilidad de Rodríguez Zapatero. A partir de estas premisas, el panorama político cambia de forma sustancial, porque el discurso socialista contra el PP- -su soledad política, su actitud crispante, la derecha extrema y demás concesiones a la descalificación- -se ha deshecho por la fuerza de los votos. De forma especial, la doble victoria histórica del PP en Madrid, tanto en la comunidad como en el ayuntamiento, golpea directamente la imagen política de Rodríguez Zapatero, comprometido personalmente como lo estaba con Miguel Sebastián y desautorizado en su política de obstrucción al Gobierno autonómico madrileño. Las condiciones con las que Rajoy encara las elecciones de 2008 son muy favorables. En todo caso, mucho mejores que hace seis meses y totalmente decepcionantes para un PSOE que esperaba que el 27- M hubiera sido la puntilla para Mariano Rajoy y también a Alberto Ruiz- Gallardón, al que los socialistas han dedicado una campaña agresiva y turbia con la idea de socavar sus posibilidades futuras. Los socialistas han conseguido el efecto contrario. Sin embargo, los populares cometerían un error de percepción si creyeran que el camino de vuelta a La Moncloa está despejado. El PSOE sigue teniendo un fuerte respaldo social, aunque la valoración de las políticas nacionales se muestra más fielmente en unas generales que en unas locales, argumento que también debe servir al PP como criterio de moderación en sus análisis postelectorales. El sistema proporcional le confirma al PP en la necesidad de optar siempre a mayorías absolutas y también en la conveniencia de abrir sus estrategias a pactos con otras fuerzas. Tales pactos son ahora, al menos teóricamente, más factibles que hace unos meses, porque el evidente revés que ha sufrido Zapatero puede ser el inicio de un declive general del PSOE que lleve a sus aliados minoritarios a revisar y, llegado el caso, a abandonar la política de cordón sanitario contra el PP El presidente del PNV Josu Jon Imaz, fue el primero en desmarcarse de cara al 2008 y anunciar su disposición a pactar con Rajoy si el PP ganara las elecciones generales. Los populares tienen la ventaja de que deben definir una nueva estrategia política no para compensar una derrota electoral, sino para aprovechar al máximo todas las ventajas de una victoria clara como la del 27- M, que, además, es sintomática de una evidente progresión del PP, tan clara en el aumento del número de votos recibidos como en el incremento de la simpatía ciudadana. Este último factor es capital para un partido al que habitualmente se le reprocha su falta de sintonía con la sociedad, argumento que, desde el domingo, ha perdido su sentido. El liderazgo de Rajoy también entra en una nueva fase. Una vez que su partido ha culminado un proceso de recuperación y consolidación tras la derrota de 2004, ahora llega el tiempo de su expansión estratégica, basada en la certeza de que su discurso de denuncia de las políticas de Zapatero ha calado en la opinión pública y de que en este momento debe reforzar su posición de partido integrador y cohesivo. Si en algo es ejemplar el nuevo presidente francés, Nicolas Sarkozy, es su capacidad para liderar un proyecto nacional, que requerirá también una correlativa incorporación de nuevos rostros y mensajes, como los que han sido refrendados el 27- M. PSOE, FRACASO SIN PALIATIVOS ADA uno es muy libre de buscar consuelo como prefiera, pero es evidente que el PSOE ha sido el gran perdedor en las elecciones del domingo. En democracia, lo que cuentan son los votos: los socialistas obtuvieron en 2003 124.000 sufragios más que el PP ahora se sitúan casi 160.000 por detrás. Denadasir, y ve apelar al número de concejales, ni siquiera a los pactos postelectorales que ayuden a minimizar los daños o incluso a obtener algún premio inmerecido. Rodríguez Zapatero se equivocó al plantear estas elecciones como unas primarias Pierde buena parte de la confianza depositada en él por los ciudadanos en las dramáticas circunstancias del 14- M y contribuye a reforzar la moral de su adversario después de una legislatura orientada, sin pudor alguno, a buscar el aislamiento de los populares. La falacia de la derecha extrema aplicada al PP pasa factura al presidente del Gobierno, porque no tiene sentido acusar al partido más votado de España de situarse en los márgenes del sistema. Una vez más, Zapatero ha reaccionado mal ante la adversidad, yaquefueincapaz de dar la tallaen lanocheelectoral para asumir los resultados en una campaña en la que ejerció un protagonismo absorbente. Al menos debería levantar el ánimo de los suyos y hacerse cargo del fracaso estrepitoso de su amigo Miguel Sebastián, una apuesta personal que impuso sin contemplaciones a un desconcertadosocialismomadrileño. Mientras Fer- C nández dela Vega echaba balones fuera, Blanco demostró una vez más su limitado sentido de la oportunidad, al culpar a la capital de la derrota socialista y asegurar con énfasis inadecuado que Madrid no es España Si Zapatero es capaz de reflexionar en serio, será consciente de que ha sido víctima de un problema creado por él mismo. La ausencia de política nacional, de sentido de Estado y de un proyecto común para todos los españoles pasa una factura todavía limitada, pero sin duda evidente. La deriva errática del mal llamado proceso vasco, la vuelta de ETA a las instituciones, los paseos de De Juana y la ambigüedad calculada sobre Navarra son factores que apuntan todos en la misma dirección. Millones de ciudadanos, incluidos muchos de ideología socialista, no están dispuestos a contemplar pasivamenteelatropellodelos principiosconstitucionales de unidad, autonomía y solidaridad. Así se explica- -lisa y llanamente- -la caída del PSOE ante un PP que, con máso menos acierto estratégico, hasabido mantener sin fisuras la idea de la nación española frente a la irresponsabilidad de Zapatero para defender la España constitucional de unos enemigos que no se esconden. El caso de Navarra se convierte ahora en el punto de encuentro de todas sus contradicciones. Una nueva huida hacia delante, incluyendo pactos con un nacionalismo que reclama gestos inequívocos, podría tener en el resto de España un coste electoral ina- sumible. A la inversa, si mantiene el sentido común en los confusos tiempos que se avecinan en la comunidad foral, el Gobierno tendría que dar por liquidado el sedicente proceso que puso en marcha sin saber adónde quería llegar. Vista la gravedad de la situación, buscar consuelo en Baleares- -donde todavía queda mucho pornegociar- -o en el resultado alcanzado en Canarias por López Aguilar no pasa de ser un ejercicio de voluntarismo. Lo mismo ocurre con la eventual recuperación de algunas alcaldías hasta ahora en manos del PP gracias aacuerdos con otrasfuerzas políticas que, en algunos casos, desvirtúan la voluntad de los ciudadanos e invitan a considerar a fondo la propuesta de Rajoy para que gobierne la lista más votada, una propuesta formulada- -no se olvide- -mucho antes de conocer los resultados. La paliza propinada en Madrid y en Valencia a los candidatos socialistas al ayuntamiento y a la comunidad autónoma es fiel reflejo deunapolítica que ha perdido el sentido común, enfrascada en estrategias de corto alcance y siemprealabúsqueda delfavordepartidos antisistema, como ERC y algunos otros. En Cataluña, mientras el estatuto aguarda su turno ante el TC, los socios del PSC reciben un fuerte varapalo en el marco de una abstención preocupante. Queda por saber si Zapatero tiene tiempo y voluntad para rectificar o prefiere ponerse de nuevo al frente de la manifestación y despertar el fantasma de Irak, a ver si sirve de algo.