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ABC ELECCIONES 27 M LUNES 28 s 5 s 2007 LA PARTICIPACIÓN ESPAÑA 17 EVOLUCIÓN DEL VOTO A LAS PRINCIPALES FUERZAS POLÍTICAS Elecciones municipales. Datos en porcentaje al 99,79 escrutado PSOE 45 40 35 30 25 20 15 10 5 0 PP IU CiU PNV 42,96 37,08 38,34 35,27 34,44 34,26 25,34 20,38 30,84 34,83 34,29 35,62 PP 34,90 PSOE 28,00 26,08 12,82 8,07 3,08 3,06 2,16 1979 4,12 2,19 1983 1,24 1987 7,18 5,15 1,59 1991 8,38 4,86 11,68 6,52 3,63 0,46 1999 3,44 0,33 2003 2007 6,07 5,48 3,26 1,40 4,39 1,41 1995 Sube la abstención y vuelve al nivel de de 1999, por encima de los 36 puntos Navarra supera la media de participación y Cataluña se sitúa en el último lugar L. A. MADRID. La participación en estos comicios municipales volvió a los niveles de 1999, con un 63,81 por ciento, según los datos del Ministerio del Interior cuando habían sido escrutado el 99,79 por ciento de los votos. Un total de 22.454.848 personas ejercieron su derecho al votos, mientras que 12.737.095 se abstuvieron (36,19 por ciento) Si en las elecciones celebradas el 25 de mayo de 2003, una de las notas destacadas fue el aumento de la participación en 3,7 puntos en la media nacional, ahora lo ha sido el descenso en 3.9 puntos. Con respecto a las elecciones generales de 2004, en que se registró un participación del 77,2 por ciento, el descenso ha sido de 13,4 puntos. Pese al ambiente creado por los líderes de los grandes partidos, dando un tono de comicios generales a esta llamada a las urnas, los españoles no respondieron acudiendo masivamente a las urnas. Por el contrario, permitieron que se marcara una de las abstenciones más altas en una consulta municipal sólo superada por la registrada en los primeras elecciones locales y autonómicas de la democracia, en 1979 y por las del año 1991. El descenso en la participación se vio ya desde los primeros momentos y se confirmó en las comparecencias de los portavoces del Ejecutivo a lo largo de la jornada electoral. El mayor índice de abstención de toda España lo registró Cataluña (unos 10 puntos por encima de la media nacional y un descenso de participación de unos 8 puntos con respecto al año 2003) No es la primera vez que esta comunidad autónoma se sitúa a la cola en participación en unas elecciones municipales, aunque, esta vez la abstención ha superado los 46 puntos. En Barcelona capital, ni siquiera se alcanzó el 50 por ciento de participación. EVOLUCIÓN DE LA ABSTENCIÓN Elecciones municipales. Datos en porcentaje (al 99,79 escrutado) 40 35 30 25 20 37,3 32,3 37,2 36,0 30,1 32,3 36,2 30,5 1979 1983 1987 1991 1995 1999 2003 2007 El conseller de Gobernación de la Generalitat, Joan Puigcercós, atribuyó lo sucedido a la fatiga del electorado tras tres convocatorias en un año y pidió autocrítica al Ejecutivo catalán y a los partidos. Por el contrario, Navarra, registró un índice de participación superior al 73 por ciento, por encima de la media nacional, un hecho que refleja el interés suscitado por el futuro de esa comunidad autónoma, que los proetarras quieren incorporar al País Vasco. Otras comunidades, como Cantabria, Castilla- La Mancha, Extremadura y La Rioja superaron igualmente el 70 por ciento de participación. También en Madrid, con más del 67 por ciento, la participación superó en 4 puntos la de octubre de 2003, cuando tuvieron que repetirse las elecciones autonómicas después del caso Tamayo y Sáez Los votos en blanco contabilizado fueron 426.778 (1,90 por ciento) y los nulos 263.048 (1,17 por ciento) Xavier Pericay LA DESAFECCIÓN DEL VOTANTE E n España cada vez somos menos. Me refiero a los que votamos. Basta fijarse en los porcentajes de las últimas citas electorales para cerciorarse de ello. Por supuesto, el comportamiento varía según la naturaleza de cada cita: los electores no votan igual en unas europeas que en unas municipales. La proximidad importa, a qué negarlo. Pero la tendencia general es a la baja, al alejamiento entre el ciudadano y sus representantes. Lo vimos ayer. En términos porcentuales, nunca unas elecciones locales habían interesado tan poco. Pero es que en noviembre de 2006 ya había ocurrido otro tanto con las autonómicas catalanas. Y en junio de 2004 con las europeas. A lo largo de la presente legislatura, la desafección del votante ha sido una constante. Una triste constante. La progresiva radicalización de la vida política, el enfrentamiento visceral entre los dos grandes partidos nacionales, no ha traído como consecuencia un mayor apego de la ciudadanía a los asuntos públicos, sino, al contrario, una sensación creciente de que estos asun- tos cada vez le conciernen menos. Y, a juzgar por los resultados del escrutinio y por su proyección al conjunto de España, ese divorcio entre representantes y representados beneficia sobre todo al Partido Socialista. Y no porque aventaje en votos al Partido Popular, que no es el caso. Le beneficia porque cuando uno se ha pasado cuatro años jugando con fuego- como ha ocurrido con el Partido Socialista- lo mínimo que cabe esperar es que se acabe quemando. Aunque sea un poco. ABC