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ABC DOMINGO 27 s 5 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA NORMAL UNA CAMPAÑA EL RECUADRO EL MILITANTE VOTO POR CORREO I votar a la Unión del Pueblo Navarro en Estella, ni al PP en Marinaleda, ni a Izquierda Unida en el barrio de Salamanca o en Los Remedios. Ninguna de esas opciones, valientes, cívicas, de laureada electoral, tiene mérito. Hay un voto más valeroso aún: el voto por correo. El más militante y consciente que existe. Hay que tener muchas ganas de votar para hacerlo por correo. Es la forma más molesta de votar. Un voto por correo tiene más papeles que un coche. Su Mondeo tiene menos papeles que el voto por correo que su suegra de usted, censada todavía en el pueblo, porque no hay quien la empadrone en la capital por razones sentimentales. Su suegra, como ya dije, debe de tener una conciencia política y una voluntad de participación ejemplares para cumplir con la pejiguera del voto por correo. Primero tiene usted que llevar a su suegra a Correos para solicitar el voto postal. En esta sociedad donde por teléfono o por internet pides cita para el ambulatorio, sacas un billete de avión, reservas una habitación de hotel, e incluso presentas la anual declaración de la renta, para votar por ANTONIO correo tienes que presentarte persoBURGOS nalmente en la oficina, con el carné en la boca. Ponerte en una larga cola para recoger los impresos de solicitud. Rellenarlos allí, de pie, a la caraja, sin tener a quién preguntar qué hay que poner en cada casilla. Cumplimentada la solicitud de voto por correo, te tienes que poner en otra cola para entregarla. Más pérdida de tiempo. Y cuando te llega el turno, siempre tienes algo mal puesto. Siempre escuchas la bronca del funcionario: ¡Tiene usted que poner la dirección aquí atrás en el remite! Con todo eso, ¿ya has votado? ¡Qué va! Sólo has pedido a la Junta Electoral el certificado de tu inscripción en el censo y las papeletas de tu circunscripción. Que te las tienen que mandar a la dirección que hayas indicado. Y que tienes que recibir tú personalmente. El porte- N ro de tu casa te puede firmar el recibí del burofax de quien te reclama el pago de una deuda o el certificado con el que Hacienda te cita para hacerte una inspección. Todo. Menos la recepción de tu certificado del censo y tu juego de papeletas electorales. Si no estás en tu casa cuando llega el cartero (o sea, a la hora en que toda la España laboral está en el currelo) y no le enseñas tu DNI para recoger los papeles de votar, te dejara un aviso para que vayas a por ellos a la oficina de Correos. Otro paseíto por la muralla real de la burocracia. Otra cola. Bueno, el paseíto tienes que dártelo de todas formas. Aunque estés en casa y recibas tú los documentos y las papeletas, para mandar camino de la urna de tu colegio la que has elegido, dentro de su sobre, tienes que ir a certificarla en Correos, hala, otra vez a Correos. ¿Es así en toda Europa o este papeleo tan engorroso es un hecho diferencial de la burocracia española? El voto por correo está como penalizado. Hay que tener mucha afición, ser un gran partidario de la opción que se vota, para ir dos veces a Correos... y que te multen por dos veces el coche que dejaste mal aparcado porque creías que el trámite se resolvía en un instante, y no contabas con esas colas de caracolillo y con esos impresos donde hay que escribir más que Arturo Pérez Reverte. Cuando truenan urnas, todos se acuerdan de Santa Bárbara y piden la reforma de ley electoral para que un partido de chichinabo con una mierda de votos no resuelva el empate técnico para elegir alcalde o presidente de autonomía. Piden la muy civilizada segunda vuelta electoral, que nos libraría del chantaje de los separatistas, que con 100.000 en toda España tienen a la nación en vilo. Pero nunca se reforma ley electoral alguna, porque a todos los frailes del convento les interesa que siga el albondigón, caiga quien caiga. Así que ni te cuento lo inútil que es pedir la simplificación del voto por correo. Tal como está, es el más militante, consciente, esforzado y trabajado que hay. Por lo cual a todos los que han votado por correo les deseo fervientemente que hoy ganen los suyos. El voto para el que lo trabaja. Y por correo hay que trabajarlo tela. ¡Qué trabajera! UES claro que no ha sido una campaña normal. Para empezar, porque se volvía a presentar ETA; es bastante difícil que una campaña electoral se desarrolle con normalidad y calma cuando la protagonizan unos terroristas que, además, se dividen el trabajo: unos van de candidatos, otros apoyan desde fuera y los demás se dedican a reventar las convocatorias ajenas y acosar a los candidatos democráticos. Eso sólo le puede parecer normal a un ministro como el ¡de Justicia! que le ha robado la venda de los ojos a la estatua del IGNACIO frontispicio y se la ha coCAMACHO locado él para no ver lo evidente. Salvo que en vez de normalidad estemos hablando de lógica; es lógico, profundamente lógico, que si se deja paso a los terroristas éstos se hagan propaganda a través del terrorismo. Tampoco puede resultar normal una campaña que se desarrolla bajo una crisis nacional de principios y una ruptura encubierta del modelo constitucional. Es complicado discutir de alumbrado público, de transportes urbanos o de masas arbóreas cuando está en juego el diseño territorial del Estado, su integridad frente a la amenaza armada, o el ejercicio mismo de las libertades individuales y colectivas, cercenado de hecho en un pedazo del territorio nacional. ¿Puede debatir de equipamientos públicos o de asistencia social ese candidato de Guetaria al que le han colocado una bomba bajo su coche? -Oiga, no era una bomba, ha dicho Pepe Blanco que era un artefacto casero ¿Me explica usted la diferencia? -Pues que en un caso sería terrorismo, y en otro se trataría de kale borroka. -Ya. Y si se llega a subir en el coche... ¿usted cree que a la víctima le habría confortado mucho el matiz? He aquí otra prueba de la excepcionalidad del momento: un Gobierno y un partido que minimizan los ataques, agresiones y hostigamientos a sus propios miembros. Que rebautizan con eufemismos los actos terroristas que sufren para recubrirlos con una pátina de insignificancia semántica. Que disimulan las consecuencias de su propia política aun cuando se vuelva contra ellos mismos. Que tratan de ningunear, como ha hecho el presidente Zapatero, el principal conflicto del país para aparentar una naturalidad y una calma inexistentes. Que fingen reconocer, como el fiscal del Estado, una artificial voluntad de integración política en los enemigos del sistema. O que identifican el problema más grave del país, como ha sostenido todo el argumentario socialista de las últimas semanas, en la actitud combativa de la oposición democrática. Todo muy normal, como puede verse. Pura normalidad, un apacible orden, una confortable serenidad rutinaria. El clima exacto, adecuado, favorable y propicio para ir hoy a votar a los alcaldes pensando en los proyectos de ordenación de fachadas, repavimentación de calles, ajardinamiento de plazas o alcantarillado de barriadas. P