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80 CIENCIAyFUTURO www. abc. es cienciayfuturo mayor que las otras dos, perteneció a un adulto (como revela la presencia de un tercer molar) probablemente del género masculino. Y procede de una zona de apenas ocho metros cuadrados, situada en el nivel TD 6 del yacimiento de Gran Dolina, un estrato que se encuentra muy por debajo del nivel en el que trabaja actualmente el grueso del equipo, el TD 10. El yacimiento de Dolina, de unos dieciocho metros de profundidad, está dividido en capas o estratos que se encuentran uno encima del otro como las hojas de un libro. Y los paleontólogos no tienen más remedio que armarse de paciencia e ir trabajando por extenso capa a capa, hoja a hoja, sin precipitarse y sin saltarse ninguna. Cosas del rigor y del método científicos. Algo especialmente difícil, además, si tenemos en cuenta que los restos de Homo anteces- SÁBADO 26- -5- -2007 ABC Homo antecessor cumple 10 años Una década después del descubrimiento, ABC muestra por primera vez la imagen de la última mandíbula de esta especie, la tercera hasta el momento, hallada por los científicos en 2006 JOSÉ MANUEL NIEVES MADRID. Hace diez años, el hallazgo en el yacimiento de Gran Dolina, en Atapuerca, de los restos fósiles de seis individuos con más de 800.000 años de antigüedad despejó de un solo golpe muchas de las preguntas que los paleontólogos se formulaban sobre el origen de nuestra propia especie. Homo antecessor. Fue así como sus descubridores decidieron bautizar el nuevo y revolucionario descubrimiento. Antecessor en el sentido latino del término: el que va primero, el explorador, el pionero. El mensaje de Atapuerca, también aquella vez, como ya había sucedido con los restos de otra treintena de individuos encontrados años antes en la Sima de los huesos (Homo heidelb ergen si s, 350.000 años) fue meridiano: se equivocaban quienes creían que el europeo más antiguo no tenía más de medio millón de años; se equivocaban quienes habían creido ver, en una mandíbula encontrada en Alemania (la mandíbula de Máuer) los rasgos del antepasado común entre sapiens y neandertales; se equivocaban quienes no querían aceptar el hecho de que también el hombre moderno, y no sólo los primeros homínidos de hace cuatro millones de años, surgió, se desarrolló y vivió en África, desde donde se extendió después al resto del mundo. Los fósiles que sirvieron a los investigadores para describir la nueva especie aparecieron durante las campañas de excavación de 1994 y 1995. Cerca de ochenta fragmentos de no menos de seis individuos. reció durante la pasada campaña de excavación, en verano de 2006, y está siendo actualmente estudiada. Las conclusiones, aún no publicadas, verán la luz en el prestigioso Journal of Human Evolution La imagen que acompaña estas líneas es, por tanto, la primera que se hace pública de esa extraordinaria pieza. La mandíbula 113, sor encontrados hace una década aparecieron en el nivel TD 6, al que los investigadores pudieron acceder gracias a una pequeña cata o prospección de apenas unos metros. Pero fal- Esta es la primera imagen que se publica de la mandíbula 113, encontrada en Atapuerca en 2006 José María Bermúdez de Castro Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, Burgos UN HOMÍNIDO DIFERENTE Hoy, el número de piezas encontradas ha aumentado hasta casi ciento veinte. Entre ellas, tres mandíbulas en un excelente estado de conservación. La primera, la de 1994, es el holotipo de toda la especie, es decir, la que define una a una las características de la misma. La segunda fue descubierta en 2003 y publicada en 2005. Y la tercera, la mandíbula 113, apa- La mandíbula 113 E n Ciencia no existen dogmas ni verdades inmutables, sino hipótesis que pueden ser refutadas por las evidencias o permanecer vigentes con el paso del tiempo. Cuando en mayo de 1997 la revista Science publicó nuestra propuesta de una nueva especie del género Homo sabía- mos que el tiempo sería un juez implacable para la aceptación o el olvido de Homo antecessor. Han pasado ya diez años desde entonces y ningún científico ha publicado datos que permitan refutar la realidad de esta especie. Por el contrario, los nuevos fósiles humanos encontrados en este nivel de excavación durante los últimos años han ido definiendo cada vez mejor los rasgos de los adultos de Homo antecessor. Así, hemos podido observar diferencias muy importantes entre los homínidos de TD 6 y los encontrados hace más de 50 años en el yacimiento argelino de Tighennif, que son de la misma época y que algunos colegas han querido asimilar a los fósiles de Gran Dolina. Todo apunta a que los fósi- les de Tighennif podrían ser nombrados como la especie Homo mauritanicus, o tal vez como una subespecie de Homo ergaster. Además, y gracias al hallazgo de un par de mandíbulas de adulto, ahora podemos confirmar que los homininos de Gran Dolina tenían una construcción cráneo- facial y un semblante muy distinto al de Homo heidelbergensis, la especie europea del Pleistoceno medio. Ya pocos dudarán de que en Gran Dolina se encontró en los años noventa del siglo XX un homínido diferente y que, por derecho propio, Homo antecessor debe tener un hueco en la filogenia humana. Otra cuestión es su origen y su destino, temas en los que los científicos de Atapuerca no dejaremos de investigar.