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8- 9 S 6 LOS SÁBADOS DE LUGAR DE LA VIDA res su maestría desde la Escuela de Estudios Joyeros, y antes de volcarse en la creación de estas alhajas ilustró cuentos y también tuvo su hueco en el diseño de ropa, pero la creación textil se quema demasiado deprisa: prefiero la calma en que se cuece la intemporalidad de la joyería. Lo que más me interesa es el diseño industrial y mis fuentes nacen de las vanguardias de los años veinte del siglo XX, entre la Bauhaus y el Art Decò. No me interesan las modas de usar y tirar, sino lo que permanece. Mis clientes vienen en busca de algo diferente Y suelen encontrarlo. ...Y quedarse pendidos para siempre de ése pedacito de naturaleza que se sostiene prodigiosamente de un simple hilo de oro. Colorín, colorado... Carbonero del camelio lanté los árboles muy juntos. No sé en qué estaría pensando. Qué cosa quería apresar yo de la tierra y del cielo, para hacer esta jaula con barrotes de tronco, con techo de hojas. Lo primero que planté, a cierta distancia de la puerta de la cocina, fue un camelio, sin pensar que crecería, y ahora, a fuerza de regarlo con el agua que sobra de fregar la casa, ha crecido tanto, da cada año tantas flores, que cualquier día no habrá manera de salir por la puerta. Me ha quitado la vista de los hórreos, y no veo quien llega, ni quien se marcha, solo veo flores rosas, hojas lustrosas y verdes, ramas ennegrecidas por una suerte de hongo, y el otro día, mientras metía los platos en el lavaplatos, un carbonero palustre. Salí, y allí estaba, frente a mis ojos. No había visto a este pájaro por aquí nunca, y al momento, en otra rama, otro carbonero llamándole con esa insistencia que solo tiene en la voz una madre, y otro silencioso que debía de ser el padre. Menos el pollo, salieron todos volando. Destacaba el carbonero entre las camelias rosas, con su plumaje de un gris muy claro y sus alas redondeadas como las de una concha, y un capirote negro que le daba un aire de disfraz infantil a este diminuto pajarillo de lo más inocente. Tanto, que empecé a acercarme, y ni se movió. El pollo no me veía, le iba yo por detrás con mi mano, dispuesta a atraparlo. La madre se desesperaba, volaba haciendo quiebros, emitía su más fuerte reclamo. Y el pollo, lo más que hacía era picotear la rama, buscando sus primeros insectos. Cuando ya estaba a punto de atraparlo, al notar el calor entre su cuerpo y mi mano, torpemente salió volando. Me quedé preguntándome para qué quería yo un carbonero, y me di cuenta de que me creía con un cierto derecho sobre él, porque fui yo quien plantó estos árboles, quien hizo barrotes de troncos, techos de hojas, para que vinieran y no se fueran de aquí los pájaros. Hice una jaula en vez de un bosque. Y cómo no iba a querer tener por un instante un carbonero en la mano, si llevo quince años, desde que esto era un campo de lino sin un solo árbol, esperando a que anidara por aquí un carbonero palustre. Collar de piedras, oro, concha fósil de nautilus y colgante de madreperla P tas hasta lava volcánica o semillas de Tawa teñidas en colores le sirven para hacer posible alhajas que antes sólo existían en el universo de la imaginación. Pero todo sin estridencias, sin excesos. En mi colección- -explica la diseñadora madrileña- -dominan dos ideas fundamentales, una tiene que ver con la concepción de las piezas y otra con su diseño y ejecución. Por un lado, hay un planteamiento de la joya como un objeto que no se pierde discretamente entre el resto de los accesorios, sino que brilla con luz propia y atrae la mirada. Por otro lado, existe una labor de investigación sobre nuevas piedras naturales con las que trabajar, que incluye también el diseño de su forma. La primera cuestión es solamente una idea, pero es fundamental para explicar el sentido de toda la colección. Creo que existen dos tipos de joyas, las que simplemente acompañan al resto del atuendo, y las que pueden llegar a determinarlo. No es que crea que una joya por el hecho de pasar desapercibida no sea bonita y elegante, al contrario, pero lo cierto es que no aporta nada al conjunto ni da pista alguna sobre la persona que la creó o la eligió. De algún modo, cuando diseño una pieza abro una posible vía de comunicación con los demás. La misma satisfacción que yo siento al diseñar una sortija o unos pendientes es la que quiero transmitir a aquel que la ve y decide comprarla. Intento que quien lleve mis joyas note su presencia, la aprecie y, sobre todo, la disfrute La segunda cuestión- -añade Belén Bajo- -tiene que ver con la búsqueda de piedras naturales que me ayuden y sugieran durante el proceso creativo. Las piedras siguen siendo elementos básicos en mi trabajo porque me aportan su fuerte valor cromático y formal. Disfruto encontrando semillas, fragmentos de azurita o de pirita en bruto, fósiles de nautilus, placas de madreperla de diferentes formas, así como minerales que desconocía como el gabro florentino. Me he planteado diseñar la talla de algunas piedras y unas veces trato de cortar el mineral de modo que cumpla el papel que ya le he asignado en la pieza, lo que ocurre con los donuts de cristal de roca y de cuarzo ahumado, o en el caso de los cubos de cuarzos con inclusiones, en los que la simplicidad de la forma geométrica realza la complejidad interna de las agujas de rutilo o de turmalina negra También- -cuenta esta hacedora de sueños- -parto de la creación de un pequeño objeto mineral formado por la yuxtaposición de dos o tres piedras de distinta naturaleza, color y forma; es el caso de la aventurina verde con ónix y cornalina o el cuarzo rutilo con topacio azul y ónix, por ejemplo. En el caso de algunas piedras, como el ágata dendrita, las posibilidades de determinar su talla son mucho más limitadas porque su atractivo está en el interior del mineral y no merece la pena echarlo a perder buscando un corte exterior determinado. Lo mismo ocurre en el caso de las láminas de turmalina multicolor en las que la mejor opción es aprovechar el mineral tal y como aparece en la naturaleza Curtida en la empresa familiar Barín, de venta e importación de joyas, Belén Bajo ha querido compartir con jóvenes emprendedo- Mónica FernándezAceytuno Colgante de oro y estrella de lava volcánica Cuarzo hidrotermal citrino, engarzado en oro