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52 ELECCIONES 27 M MADRID ANÁLISIS SÁBADO 26 s 5 s 2007 ABC Historia de una oposición sin suerte A punto de ser presidente, te traicionan dos amigos viajas a Bruselas a denunciar la corrupción, y te estalla el gran caso entre las manos; cuentas con tener un candidato a la Alcaldía que te dé votos, y te ponen a Miguel Sebastián POR MARIANO CALLEJA MADRID. Hay que reconocer que Rafael Simancas no ha sido un político con suerte estos últimos años. El 17 de octubre de 2006, viajó a Bruselas para denunciar la supuesta corrupción urbanística que se estaba produciendo en varios municipios de la sierra gobernados por el PP y pedir la intervención de la Comisión Europea. En el avión, a primera hora de la mañana, una noticia publicada en ABC le cayó como un jarro de agua fría: Un ex alcalde del PSOE en Ciempozuelos pactó una comisión de 40 millones para lograr una recalificación Cosas que pasan. El cazador cazado que diría alguien en el PP. Su estancia en Bruselas se oscureció del todo con la dimisión fulminante del alcalde socialista de Ciempozuelos, Pedro Torrejón. Había estallado el mayor caso de corrupción en la Comunidad de Madrid de los últimos años. Muy poco antes, Simancas había puesto a ese municipio gobernado por los socialistas como ejemplo de urbanismo decente El patinazo de Simancas con la supuesta trama urbanística ha sido espectacular. Es el gran fracaso de la oposición madrileña. El origen de su estrategia fallida hay que buscarlo en junio de 2003, cuando los diputados socialistas Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez, molestos con su partido por los acuerdos con IU, se ausentaron de la Asamblea de Madrid y dejaron al PSOE e IU en minoría justo cuando había que elegir al presidente del Parlamento. Aún hoy hay diputados socialistas que piensan que Simancas podía haber reconducido la situación, hablar con Tamayo y Sáez y asegurarse su voto en la sesión de investidura. Pero en lugar de eso, echó la culpa al PP, atribuyó la traición a una supuesta trama urbanística, nunca probada, y cortó cualquier salida al embrollo tremendo en el que se había metido. El caso es que Tamayo y Sáez metieron la Comunidad en una crisis política sin precedentes, y las elecciones se convocaron de nuevo en octubre de 2003. Simancas quedó en la oposición, pero la trama urbanística siguió siendo su asunto preferido para linchar al Gobierno de Aguirre durante mucho tiempo. Lo intentó con Majadahonda y las Rozas, y con muchos otros municipios del PP, pero el resultado siempre fue el mismo: nada de nada. Hasta que empezaron a salir a la luz casos que afectaban al PSOE, como el de Morata de Tajuña, Aldea del Fresno y, al final, Ciempozuelos. En esta campaña electoral, la trama no ha existido. Simancas y el PSOE han corrido un tupidísimo velo. La estrategia de Simancas en la oposición durante los dos primeros años podría resumirse así: un Madrid negro, dominado por un urbanismo depredador El sector crítico del Partido Socialista de Madrid (PSM) advertía que la oposición no podía centrarse en el ladrillo, sino en asuntos como la sanidad o la educación. Un Madrid negro Simancas no lo tuvo fácil. El Gobierno de Aguirre puso en marcha las Brigadas Especiales de Seguridad (Bescam) y Simancas lo criticó hasta el denuedo, con el apoyo del entonces delegado del Gobierno Constantino Méndez. Lo malo es que mientras ellos lo criticaban, los alcaldes del PSOE se frotaban las manos con los policías que financiaba la Comunidad para sus pueblos, y preguntaban dónde había que firmar para tener Bescam. Que se lo pregunten al de Parla o al de Getafe. Algo parecido le ocurrió a Simancas cuando lamentaba la política de vivienda de Aguirre, mientras sus alcaldes firmaban encantados acuerdos con el Gobierno regional para construir pisos oficiales en sus municipios. Así es muy difícil hacer oposición. Y llegó el caso Severo Ochoa El 11 de marzo de 2005, la Consejería dirigida por Manuel Lamela emitió este comunicado: Sanidad remite a la Fiscalía unas denuncias anónimas sobre administración de fármacos en el Severo Ochoa el hospital de Leganés. Ahí se anunciaba que el responsable de urgencias había sido releva- do temporalmente de sus funciones. La pregunta aquí es ésta: ¿Qué hubiera hecho Simancas si fuera presidente? Lo que hizo fue declarar esto: La mala administración de fármacos en enfermos terminales sin consentimiento familiar tiene un nombre y con toda tranquilidad y prudencia es supuesta eutanasia activa al margen de toda norma moral Pero la posición de Simancas duró muy poco. En seguida encontró un filón tremendo para hacer oposición y desgastar al consejero de Sanidad, al que acusó de precipitación de crear alarma social y de desprestigiar al hospital público. ¿Otra repetición de elecciones? Esperanza Aguirre admitió ayer la posibilidad de que se produzca un empate en las elecciones de mañana, puesto que el número de escaños en la Asamblea es de 120. ¿Qué pasaría si el PP consiguiera 60 y el PSOE más IU otros 60? En ese caso, la presidenta de la Comunidad se mostró partidaria de repetir las elecciones. Cuando conoció el incremento de diputados, de 111 a 120, por el aumento de población, Aguirre habló con Simancas y ambos se temieron pasar un veranito como el de hace cuatro años cuando también se repitieron los comicios. Holocausto nazi Un mes después, así se expresaba Simancas: La crisis comenzó con una denuncia sin pruebas de eutanasia activa y ya se habla de solución final, como en el holocausto nazi. Esperanza Aguirre debe presentar pruebas de que los médicos son asesinos en serie Dos años después, las diligencias siguen abiertas. Lamela superó la crisis y se afianzó como uno de los pesos pesados del PP. Con el tiempo, Simancas ha moderado su lenguaje y en esta campaña ha dado un giro a su mensaje, para que parezca más positivo. Hace sólo unos meses contaba con tener un compañero de cartel que le sumara apoyos, pero Zapatero le impuso a Miguel Sebastián. Más que una ayuda, puede ser un agujero de votos para Simancas.