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ABC SÁBADO 26 s 5 s 2007 Viaje al bastión ultracomunista INTERNACIONAL 39 La última herida de la Guerra Fría ABC concluye su viaje a Corea del Norte analizando la reunificación, imposible por las diferencias entre el pobre régimen comunista y la undécima potencia económica del mundo TEXTO Y FOTO: PABLO M. DÍEZ ENVIADO ESPECIAL PYONGYANG. ¿Cuánto vale mantener este edificio? Con la mentalidad de ahorro público propia de las democracias, el abogado surcoreano Park Won- Chul recorría boquiabierto el Palacio de los Niños de Mangyondae. Este letrado de Seúl, que preside el Movimiento para la Unificación, visitaba Pyongyang dentro de los cada vez mayores intercambios entre el Norte y el Sur, separados desde la guerra (1950- 53) Para fomentar su amistad, el Gobierno norcoreano agasaja a sus invitados en el Palacio de los Niños. En este imponente recinto de 100.000 metros cuadrados y 690 aulas, el régimen adoctrina a los 5.000 jóvenes de la ciudad con más talento. Bajo omnipresentes retratos del Gran Líder Kim Il- Sung, y de su hijo, el Querido Líder Kim Jong- Il, los alumnos estudian gimnasia, música, ballet, pintura o taekwondo tutelados por la filosofía juche Según las autoridades, se trata de insuflar una formación ideológica vinculada al arte, por lo que los estudiantes de caligrafía repiten hasta la saciedad El General es el Sol mientras que las sopranos cantan El Gran Líder Kim Jong- il estará siempre con nosotros ¿Cómo van estos niños a buscar la reunificación con tal educación? se cuestiona el letrado Park tras presenciar una actuación musical infantil. Haciendo gala de su afán propagandístico, el régimen ha endosado a los visitantes surcoreanos una ración de la ideología juche ya que las letras de las canciones tenían un marcado mensaje político y se han proyectado retratos de Kim Ilsung y Kim Jong- il. Ambas imágenes han hecho a los asistentes del Sur retorcerse en sus asientos. Quizás pensaban en los misiles de Pyongyang apuntando hacia Seúl o en la amenaza nuclear vigente desde octubre, cuando el régimen detonó su primera La familia de un soldado norcoreano visita una exposición de las flores creadas expresamente para Kim Il- sung y Kim Jong- il, en el retrato bomba atómica. La reunificación es imposible así se indignaba otro surcoreano, Hong Su- Yol. A pesar de estos comentarios, las autoridades norcoreanas hacen de la reunificación una causa nacional. El régimen comunista proyecta fundar en diez o quince años una confederación que aglutine a los dos países, y en la que el Sur aportaría la fortaleza económica y el Norte el poderío militar. Al menos de cara a la galería, Pyongyang asegura que permitiría la libre comunicación y el desplazamiento de los habitantes de uno y otro lado. Pero pocos analistas creen probable que los norcoreanos, aislados del mundo, sigan apoyando a su represivo Gobierno si comprueban las condiciones de vida del hiperdesarrollado Sur, undécima economía mundial. Ello no es óbice para que algunos cuadros del Partido del Trabajo norcoreano se muestren convencidos de que sus hermanos meridionales acogerán con los brazos abiertos la filosofía juche al percatarse de las indudables ventajas del comunismo. Desde Seúl, un investigador del Instituto de Corea para la Reunificación, Park Young- ho, señala que mientras Kim Jong- il siga en el poder, no habrá apertura Aunque no se ha abordado aún el debate sobre la sucesión, cree fundamental que aparezca un líder reformista para que haya un cambio gradual como en China Si llega ese momento, continúa Park, Corea del Sur debería sufragar los costes de la reunificación y absorber así al Norte comunista, como pasó en Alemania Pero cada vez son más los surcoreanos que, sobre todo entre los jóvenes, contemplan con desconfianza a sus hermanos septentrionales. Como reconoce una universitaria de Seúl, Kim Eun- Jong, pocos estamos dispuestos a sacrificar nuestro bienestar actual para ayudar a un país con el que ya no tenemos nada que ver La última herida de la Guerra Fría sigue abierta. Sólo el tiempo dirá hasta cuándo. El régimen comunista proyecta fundar en diez o quince años una confederación que una a las dos Coreas Cada vez son menos los surcoreanos que están dispuestos a sacrificarse por el Norte Corea del Norte dispara misiles de corto alcance hacia el mar de Japón P. M. D. PEKÍN. Una de cal y otra de arena. Así es la diplomacia de Corea del Norte. Si Pyongyang permitió la semana pasada que el primer tren en medio siglo cruzara la frontera de la Zona Desmilitarizada ayer dio un susto al lanzar varios misiles de corto alcance. Como los proyectiles disparados no eran del calibre de los Nodong y Taedopong lanzados en julio del año pasado, el Gobierno de Corea del Sur sacó a relucir su política de reconciliación y apaciguamiento (sunshine policy) y enseguida le quitó hierro al asunto al calificar de rutinarios estos ejercicios militares. Pero la prueba, que consistió en disparar varios cohetes desde la costa oriental hasta el mar que separa a la Península Coreana de Japón, también podría indicar el nerviosismo del régimen comunista. En primer lugar, porque Corea del Sur botó ayer su primer destructor dotado con el sistema antimisiles Aegis, suministrado por Estados Unidos para neutralizar un posible ataque Diferencias abismales El nerviosismo de Pyongyang de Pyongyang. Por otra parte, el régimen que dirige Kim Jong- Il también se podría estar impacientando por no haber recibido aún los 25 millones de dólares (18 millones de euros) liberados por Washington de sus cuentas en el Banco Delta Asia de Macao. Corea del Norte ya ha dejado claro que, hasta que no tenga ese dinero en su poder, no detendrá el reactor nuclear de Yongbyon, tal y como se comprometió el pasado 13 de febrero en las conversaciones a seis bandas mantenidas en Pekín, pendientes de retomarse. 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