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4 OPINIÓN SÁBADO 26 s 5 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro REFLEXIÓN EN LA FERIA DEL LIBRO omo ya es casi una pertinaz tradición, la lluvia amenizó ayer la inauguración de la LXVI Feria del Libro de Madrid, que permanecerá abierta hasta el 10 de junio y que este año no han podido realzar con su presencia la Familia Real, ni la presidenta autonómica, Esperanza Aguirre, ni la ministra de Cultura, Carmen Calvo, ni el alcalde Alberto Ruiz- Gallardón, por haber coincidido tan señalada fecha con el final de las campañas electorales municipales y autonómicas. Tan sólo el consejero de Cultura de la Comunidad, Santiago Fisas, y la concejala Alicia Moreno hicieron ayer uso del paraguas para enjugar esta cautivadora lluvia de letras en el paseo de Coches del madrileño parque del Retiro, que acoge a 344 casetas con 362 expositores, entre librerías, editoriales, distribuidores y organismos oficiales. Un esperado encuentro que, además, ofrecerá a lo largo de estos intensos dieciséis días un total de 350 actividades, como conferencias, presentaciones o firmas de libros, y que este año tendrá como eje cultural al continente africano, a cuya vitalidad cultural se dedicarán importantes actos. Una vez más, esta cita anual con el libro pone de manifiesto la buena salud de un sector en constante crecimiento: más de 750 empresas editoriales que dan empleo a cerca de 16.000 personas; más de 70.000 libros publicados, incluidas las reimpresiones, con unas ventas aproximadas de unos 250 millones de ejemplares y que arrojan unos beneficios superiores a los 3.000 millones de euros de facturación sólo en el mercado interior. Tales son las halagüeñas cifras que baraja el informe sobre Comercio Interior del Libro en el año 2006, que se hará público a mediados de junio y que todos los años realiza la Federación de Gremios de Editores. El sector editorial acude a la Feria tras haber vivido este último año en vilo por la tramitación de una trascendental ley del Libro, consensuada entre todos los actores y las fuerzas políticas parlamentarias y cuyo último acto- -su aprobación en el Senado- -bien pudo haberse retrasado más allá del verano por falta de previsión, lo cual perjudicaría muy seriamente a los editores de libros de texto, pues con ello se comprometería la campaña del próximo curso escolar. Y es que esta ley liberaliza el precio del libro de texto, medida que ha sido acogida con moderado optimismo en el sector. La Feria de Madrid demuestra un año más que en España hay una sólida cultura editorial, pese a la terca realidad de unos índices de lectura por debajo de la media de los países de nuestro entorno, lo que prueba, también, que el precio de los libros no es un factor que asuste a quienes hacen de la lectura su más íntimo y enriquecedor hábito cotidiano. En fin, ningún plan mejor tendrían hoy los madrileños que sazonar la jornada de reflexión con una visita a la Feria del Libro para enriquecerse con la magnífica oferta cultural de nuestros libreros y casas editoriales. JORNADA DE C LA TRASCENDENCIA DEL 27- M ESPUÉS de dos semanas de campaña, los ciudadanos españoles saben ya que las elecciones locales y autonómicas de mañana transcienden sus ámbitos territoriales para convertirse en la primera oportunidad seria de examinar el mandato de Rodríguez Zapatero. El empeño puesto por los líderes del PSOE y del PP en movilizar a los electores es la prueba más fehaciente de que, realmente, mañana se celebran en España unas primarias. Si esto resulta positivo o negativo es algo reservado a los expertos en ciencia política, pero la realidad se impone a las teorías y, mañana, la legislatura socialista puede sufrir un punto de inflexión. Sin duda, será arriesgado extrapolar los resultados del 27- M a unas elecciones generales, porque la orientación del voto cambia claramente en algunas grandes ciudades y comunidades de unos comicios a otros, pero sí pueden marcar una tendencia, un estado de opinión pública, al margen de cuáles sean los desenlaces de las negociaciones para pactar gobiernos municipales y autonómicos allí donde no haya una mayoría absoluta. El Gobierno es consciente de que se juega no sólo un amplio poder territorial- -por tanto, económico y político- sino también un refrendo, más explícito en unos sitios que en otros, a los proyectos más característicos delmandato deZapatero. Los navarros no deberían votar como si no estuviera sobre la mesa de la negociación con ETA la continuidad de su régimen foral. Los alaveses y vitorianos tienen en su mano seguir siendo un muro de contención frente al nacionalismo. Los baleares y valencianos votarán a un gobierno cuyo color será relevanteen unacoyuntura defuerte presióndel nacionalismo catalán. Madrid, tanto ayuntamiento como autonomía, será el campo de la contienda de Zapatero, a través de Miguel Sebastián y Rafael Simancas, con los pesos pesados del PP Nada en estas elecciones es neutro. El PSOE y el Gobierno han hecho de esta legislatura una etapa de crisis políticas continuas, de ruptura de consensos constitucionales y de fuerte intervencionismo social y económico. Cuando un país entra en un estado de discordia política como el que vive España actualmente, es difícil hablar de compartimentos es- D tancos a la hora de votar, porque, en realidad, lo que reflejan las urnas acaba siendo un plebiscito sobre las acciones del Gobierno y, en menor medida, de la oposición. España necesita un cambio en su dirección política. Las grandes áreas de la acción del Gobierno son deficitarias en fines y medios, salvo la económica, en la que la máxima del Ejecutivo ha sido tocar lo menos posible el legado de Aznar. Pero cuando ha intervenido, lo ha hecho de forma tosca y dudosamente legal, como en el caso de las opas sobre Endesa, a rebufo de las cuales se han destapado los graves indicios contra la Comisión Nacional del Mercado de Valores y la Oficina Económica del Presidente. La política de solidaridad entre las regiones no existe desde que el PSOE suprimió el Plan Hidrológico Nacional e impuso un doble rasero de financiación a través del estatuto catalán. El Estado ya no tiene la protección de los grandes consensos entre la derecha y la izquierda, liquidados y sustituidos por una política de frentismo que busca, en connivencia con los nacionalismos más extremistas, una segunda transición constituyente en la que el PP quede excluido. La política exterior es un páramo sin influencia en Europa, perdida en Iberoamérica y carente de perfil ante los aliados en materia de seguridad colectiva. Y, por supuesto, la política sobre ETA ya no puede llamarse antiterrorista, porque ha sido suplantada por una especie de mesianismo pacifista- -trufado de deslealtad al PP las víctimas y la sociedad en su conjunto- -en la que los terroristas han encontrado la plataforma que necesitaban para alejar aquella derrota que era inminente hasta marzo de 2004. Es cierto que, en campaña de municipales y autonómicas, habría que defender propuestas de buen gobierno local y pedir cuentas a cada candidato, al margen de cuál sea su partido. Esto es lo que sucede en democracias que no están sometidas a tensiones constitucionales y crisis de principios como las que el PSOE ha provocado en la española. Por eso, el voto de cada elector debe tener mañana un valor añadido de responsabilidad y compromiso con los intereses nacionales y con el futuro del país. UN RESPIRO PARA BUSH EN IRAK ESPUÉS de varias semanas de durísimo debate político, la Cámara de Representantes norteamericana ha aprobado el plan del presidente George W. Bush: un aumento de la financiación para el manejo de las operaciones militares en Irak- -sin ninguna mención a una fecha concreta para una retirada eventual de las tropas- lo que representa una clara victoria para la Casa Blanca, que desde las últimas elecciones legislativas se encuentra en minoría en el Congreso. Por difícil que haya resultado ganar esta votación, aún lo será más convencer a demócratas y republicanos de que ésta era la mejor opción posible cuando el debate reaparezca, con más fuerza, en un futuro inmediato, que es lo más previsible. La batalla política seguirá en Washington mientras que, sobre el terreno, las tesis del presidente Bush se pondrán a prueba en un escenario en el que, a pesar de los grandes esfuerzos desplegados, siguen sin reflejarse señales optimistas que contrasten con la inclemente voluntad asesina de los terroristas, y cuya visión cotidiana en los informativos televisivos constituye un elemento devastador para la conciencia de la opinión pública de todo el mundo. La reaparición, ayer, de un agitador tan irresponsable como el clérigo chií Muktada Al Sader no es el mejor síntoma de normalización. Tampoco que las nuevas tácticas de- D dicadas a concentrar los esfuerzos militares para la protección de Bagdad no hayan impedido que se sigan registrando explosiones en la capital iraquí, ni que éstas se extiendan ahora, con su terrible eficacia, hasta zonas como Mosul o Erbil, en el norte kurdo, donde no eran tan frecuentes. Ni tampoco es bueno lo que está pasado en Turquía, donde el atentado de Ankara podría provocar una intervención turca contra los kurdos, con la consiguiente complicación dentro de la OTAN; ni en el Líbano, donde ayer mismo Estados Unidos tuvo que auxiliar al Ejército gubernamental para que tenga más posibilidades de detener a los integristas de Fatah- Al Islam. Se mire por donde se mire, la realidad en Oriente Próximo es, en estos momentos, muy compleja, y ni siquiera está claro que no hubiera sido igual- -o peor- -sin la invasión de Irak. Lo único que sigue siendo cierto es que sería aún más grave de lo que es ahora si Estados Unidos y Occidente se retirasen del país sin haber dejado una situación más estable y definida. Después de muchos errores graves en la gestión de la ocupación de Irak, resulta más que evidente que Estados Unidos ya no podrá ganar la guerra, y, desde luego, nunca en la forma en que la Administración Bush la había planificado. Tal vez ya no quede más opción que la de estudiar, al menos, qué se puede hacer para no perderla.