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ABC MIÉRCOLES 23 s 5 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA UNA COALICIÓN MORAL D EL RECUADRO NAVARRA, CARPETA DE JULIÁN MUÑOZ U NA carpeta azul de cartón y gomillas da mucho juego. Con una carpeta así se presentó por vez primera Aznar ante el Congreso de los Diputados para pedir su investidura como presidente del Gobierno. Sobria y modesta carpeta de gomillas, quizá hasta sin solapas, donde llevaba el programa para acabar con la corrupción y con el crimen de Estado, racionalizar el gasto público, acabar con el despilfarro y tapar el déficit del Estado y el endeudamiento de la Seguridad Social, cajas que le habían dejado sin un duro y que eran como el triángulo de las Bermudas y el agujero de ozono juntos, y me quedo corto. No sé por qué, a aquella carpeta azul de gomillas de Aznar le dieron en llamar pronto el cuaderno azul que más que a nuevo espíritu en la gobernación de España sonaba a colección de artículos magistrales de Miguel Delibes o a libro de memorias de Josep Pla. Pasó lo que pasó, Aznar se fue a hacer las Américas de conferenciante y nunca más se supo de la carpeta azul, mal llamada cuaderno. Y cuando los que sucedieron a Aznar han dejado a España descuadernada, como sueltos ANTONIO pliegos sin cordel que los una, ha apareBURGOS cido de nuevo la carpeta azul de gomillas famosa. Pero en una función infamante. El día que no aparece en la comisaría de Marbella es porque sale en la cárcel de Jaén, y si no la sacan en los juzgados de Málaga es porque ya la vimos en Alhaurín de la Torre. Como nadie sabe de dónde han salido aquellos duros antiguos del pecio rescatado por el Odyssey que tanto están dando que hablar, tampoco conoce nadie cómo Julián Muñoz se ha agenciado una carpeta azul de gomillas igualita, igualita que la que usaba Aznar. Incluso con una función parecida. Aznar usó esa carpeta para tapar las vergüenzas de la situación económica y moral en que González había dejado a España. Si hubiera tirado de la manta, más de uno hubiera quedado con las vergüenzas al aire. No lo hizo y él sabrá por qué. Y habrá visto cómo se lo agradecieron: pagaron su generosidad llamándole asesino y mentiroso en el injusto y lamentable 13- M. Julián Muñoz usa también la carpeta azul para tapar vergüenzas. No ajenas, sino propias. Muy hábilmente, Muñoz oculta tras la carpeta azul de gomillas los grilletes que aherrojan sus manos. Gracias a esa carpeta, nadie ha podido nunca ver a Julián Muñoz esposado, como retratan a Román y Roca, atraillados en cuerda de presos. Si hubiera tenido para el por aquí te quiero ver la misma habilidad que para taparse los grilletes con la carpeta azul, no tendría que estar ahora Isabel Pantoja llora que llora por los rincones de los escenarios la zarzamora de la pena negra del blanqueo de dinero. Debe de existir también una enorme carpeta azul de gomillas. Tan grande, tan grande, que como en un eclipse de libertades tapa un extenso trozo de España al sol de la democracia que nos alumbra. Exactamente igual que las esposas de las muñecas de Julián Muñoz están ocultas por la carpeta azul de la habilidad de Cachuli en los trabajos manuales, hay también una formal carpeta azul electoral que está tapando las cadenas de fuero de Navarra. Hay quien quiere convertir las cadenas de Navarra en grilletes que aprisionen a una tierra españolísima, en un suicida proyecto separatista, promovido por una banda de asesinos, secundado por una partida de cobardes y negociado por una mangada de indeseables que para permanecer en el Gobierno al precio que sea tienen en su hoja de ruta la rendición ante los hijos de puta. El futuro del Reino de Navarra como parte irrenunciable de España no está escrito en las estrellas, sino en los pactos acordados por debajo de la mesa, que nos ocultan tras la carpeta azul de gomillas de unas simples elecciones autonómicas. En esta nación donde unas elecciones municipales pusieron a un Rey en su Hispano Suiza camino de Cartagena, ya me contarán qué puede conseguirse con unas elecciones autonómicas. Por eso yo quiero hoy quitar esa carpeta azul de gomillas que nos tapa las honrosas cadenas de fuero del españolísimo escudo de Navarra. Yo hoy quiero ser navarro. Y el domingo, en las urnas, ni te cuento. Qué no daría yo por poder votar el domingo en Navarra... ECÍA el difunto Fernández Ordóñez queen estostiempos lasocialdemocracia moderada y el centrismo liberal apenas se diferencian en un par de décimas de inflación, y ya ni eso porque la política monetaria la dicta el Banco Central Europeo. Así que si Fernando Savater, o Rosa Díez, o Carlos Gorriarán, se sentasen a hablar seriamente de política con Mariano Rajoy, encontrarían sin duda muy pocos puntos sobre los que levantar un desacuerdo, y en todo caso muy tangencialesalasgrandes cuestiones de la España actual, que son el hecho nacional frentealadiásporacentrífuIGNACIO ga, la defensa del Estado CAMACHO contralosterroristas, lapreservación de la dignidad de las víctimas y la puesta asalvodelos conceptos básicosdejusticiay libertad. Todoeso es lo queestá amenazado por la deriva demencial de un Gobierno sin brújula ni proyecto, y ante esa especie de emergencia colectiva palidece bastante una discrepancia sobre los porcentajes del IRPF o la legislación medioambiental. Aquí lo que está en juego es una nación de ciudadanos libres frentea una nación deterritorios excluyentes. Ocurre sin embargo que la izquierda intelectual española conserva un atávico prejuicio de recelo sobre la derecha política, y ésta a su vez permanece atada a ciertos lastres confesionales y acomplejados tics de autodefensa que impiden el imprescindible acercamiento entre los dos únicos sectores capaces de impulsar la regeneración de un proyecto colectivo de España. De ahí que, decididos a incrementar su compromiso participativo, los miembros de Basta Ya, los disidentes del zapaterismo y otros valientes espíritus críticos e independientes se inclinen por la tentación tercerista de una candidatura de interposición en vez de aunar sus fuerzas en la creación de un clima de unidad moral que actúe sobre la conciencia nacional como una suerte de coalición por la decencia o de comité de salud pública. El guión de la aventura parece ser la tentadora experiencia de Ciudadanos de Cataluña, esperanzadora irrupción que bien pronto ha incubado en sus filas el decepcionante virus del fulanismo. La candidatura de Ciudadanos supo recoger la frustración de un sector urbano, informado y consciente, ante la parálisis dogmática de la política convencional, pero a la hora de la verdad no deja de ser un partido sin programa, carente de cohesión ideológica más allá de su oposición a la complicidad de un socialismo sin identidad con un nacionalismo ultraidentitario. Este nuevo proyecto de tercera vía contiene el mismo ribete de ilusión rebelde frente al sectarismo, pero también el mismo riesgo de amalgama de oportunidad. En ese sentido, es un arma cargada con una sola bala, la de la frustración de muchos ciudadanos ante el apalancamiento de los grandes partidos en una dialéctica inmóvil. Si el PP tuvieseun poco de versatilidad para deshacerse de ciertas rémoras que estorban su crecimiento y los disidentes de la izquierda oficial inoculasen pragmatismo a su rigidez ideológica, se podría producir una alianza de devastadora fertilidad regenerativa. La Historia sólo es como nos la merecemos cuando se escribe con grandeza de miras.