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38 INTERNACIONAL Viaje al último bastión ultracomunista MARTES 22 s 5 s 2007 ABC Cómo ser feliz con un euro al mes Mientras el régimen comunista que dirige Corea del Norte destina gran parte del presupuesto al Ejército, la población subsiste con cartillas de racionamiento y sueldos mensuales de un euro. Según el Gobierno, se puede ahorrar y ser feliz así TEXTO Y FOTO: PABLO M. DÍEZ ENVIADO ESPECIAL PYONGYANG. Un sueldo medio en Corea del Norte asciende a 2.000 wons al mes. Al cambio oficial, fijado en 170 wons por euro, basta para adquirir los pocos alimentos que suministra este Estado socialista. El 70 por ciento de los 23 millones de norcoreanos depende del Sistema Público de Distribución de Comida, que reparte mensualmente a cada persona 15 kilos de arroz, tres kilos de carne, 15 huevos y verduras del tiempo. Pero estos alimentos racionados no son gratuitos; el kilo de arroz cuesta 50 wons, 30 el de carne y 16 cada huevo. En los aniversarios importantes, como el nacimiento del padre de la patria Kim Ilsung, o de su hijo y actual caudillo, Kim Jong- il, el régimen incrementa los repartos e incluso distribuye galletas, bizcochos o chocolate. Pero si un norcoreano quiere comprar estos productos, o si se le acaban los cupones del mes, puede acudir a otro mercado donde el euro ya no se cambia a 170 wons, sino a 3.000. El Gobierno denomina a estos lugares tiendas de consumo y afirma que están controladas, ya que con ellas y con este cambio secundario mucho más alto retira las divisas que envían a sus familiares los emigrantes que trabajan en el extranjero, sobre todo los 200.000 que viven en Japón. Da igual cómo quieran llamarlo. Es un mercado negro que ha florecido porque la gente quiere comprar más cosas aparte de los productos subvencionados por el Gobierno y está dispuesta a pagar lo que sea explica a ABC un diplomático de la Unión Europea que lleva dos años en Pyongyang. Por eso, en la bolera de Pyongyang, frecuentada por los hijos de los generales y altos cuadros del Partido del Trabajo, una simple chocolatina cuesta 4.000 wons, el doble de un salario mensual. Un claro indicativo de que a este lugar no puede acceder cualquiera. Así lo demuestran también las tragaperras de la planta superior, donde se apuesta con fichas canjeables por premios para no incentivar el juego, un vicio capitalista. De igual modo, en la puerta de la bolera hay aparcados algunos de los pocos taxis que circulan por Pyongyang- -viejos Volvo de los años 70- -y unos cuantos coches con matrícula amarilla. Dicho color revela que se trata de los escasos automóviles privados permitidos en Corea del Norte, que han sido entregados por el régimen a sus más eminentes figuras, como deportistas o científicos, o pertenecían a emigrantes que los compraron en el extranjero y han vuelto al país. Aunque cada vez se ven más vehículos por las calles, el Gobierno prohíbe disponer de coches o propiedades. Una clara paradoja, sobre todo, teniendo en cuenta las amplias avenidas casi vacías de la capital y las fantasmagóricas e interminables autopistas de cinco carriles en cada sentido que sólo son ocupadas por bicicletas y por barrenderos que limpian el asfalto con sus escobas de paja. Por estas vías, denominadas prioritarias y destinadas también al tráfico de tanques y hasta al aterrizaje de aviones militares, sólo pueden circular los vehículos de las empresas estatales o del Gobierno, la mayoría de los cuales son Mercedes porque, según las autoridades, esta marca dura más Como las bicicletas son también un lujo porque cuestan entre 5 y 10 euros, el pueblo recorre largas distancias andando y tirando de carretillas o acarreando a cuestas un sinfín de bultos, como paquetes con verduras traídas del campo o ramas atadas a la espalda para combatir con una hoguera los cortes de electricidad. Para la mayoría, igual de inaccesibles que los coches resultan algunos platos en los restaurantes nacionales de la céntrica calle Changgwang, donde una ración de perro con arroz y sopa cuesta 1.100 wons. Ya sé lo que te estás preguntando. ¿Cómo puede vivir un coreano con un euro al mes? Pues es posible, y además ahorramos y somos felices indica el secretario general del Comité para las Relaciones con el Extranjero, Pak Kwang- ung. Aunque la situación ha mejorado, Corea del Norte sigue recibiendo ayuda humanitaria para atender a un tercio de su malnutrida población, ya que el país sufre un problema estructural de desabastecimiento de alimentos y muchas personas sólo comen un plato de migas de maíz al día. El Estado sólo reparte arroz, carne y huevos. Una chocolatina cuesta dos meses de salario en el mercado negro ABC. es Más información en Visiones del Mundo http: www. abc. es pablomdiez Mercado negro A falta de tractores y combustible, un campesino norcoreano ara la tierra con dos bueyes en la cooperativa Migok de Sariwon Durante la Gran Hambruna teníamos que comer las raíces del suelo y vimos morir a nuestros vecinos La vida sigue siendo muy dura para los norcoreanos. Buena prueba de ello son los cortes de luz y agua, y las mujeres que lavan sus ropas en ríos y arroyos. Mientras tanto, el régimen de Kim Jong- il destina gran parte del presupuesto a la política songun que propugna la primacía del Ejército para resistir un hipotético ataque de Estados Unidos. Otra de las constantes del paisaje rural es la abundancia de personas realizando las más diversas tareas con sus propias manos. Es el caso de Pak Miong- ran, una campesina de 31 años que trabaja en la Brigada Número 1 de Verduras de la cooperativa Migok, en Sariwon. Ahora estamos mejor que durante la Marcha Penosa (como denomina la propaganda a la Gran Hambruna cuando teníamos que comer las raíces del suelo y algunos vecinos murieron de hambre explica Miong- ran, nerviosa por hablar con el primer extranjero en su vida. Al terminar la cosecha, la mujer recibe 350 kilos de arroz y 700.000 wons, con los que los vecinos compran frigoríficos o vídeos. Para verse beneficiada por este reparto, Miong- ran trabaja ocho horas diarias arando en el campo. Bajo un cartel que reza Construimos nuestro Partido con arroz cava en la tierra con una pesada azada que mueve junto a otras dos personas. Más allá, dos hombres empujan un par de bueyes para abrir surcos en el terreno. Entramos victoriosos en la época de prosperidad de la Corea de songun anima otra pancarta.