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34 INTERNACIONAL MARTES 22 s 5 s 2007 ABC Florentino Portero LA ESTRATEGIA DE HAMÁS amás se sabe incompatible con Al Fatah y busca su desaparición como alternativa política. Sus milicias han demostrado un nivel superior de formación y una moral más elevada. Su expectativa de voto continúa creciendo. Periódicamente asestan un duro golpe, amenazando y asesinando a cuadros y dirigentes. El presidente, Abbás, tuvo que suspender su viaje a Gaza al descubrirse un intento de asesinato mediante la explosión de una bomba colocada en la carretera. Tras la presión llega la calma, en forma de una tregua condenada a la provisionalidad. La estrategia de desgaste contra Al Fatah tiene un coste elevado para el gobierno palestino. Es el ejemplo de la profunda crisis que vive ese pueblo. Para contrarrestar esta imagen y dejar claro que el problema sigue siendo Israel, más de 130 cohetes Kassam fueron lanzados desde el 15 de mayo sobre las poblaciones israelíes próximas a Gaza, en especial la ciudad de Sderot. El impacto causado entre sus habitantes es fácilmente imaginable. Los cohetes Kassam tienen un objetivo estratégico: dejar muy claro que el levantamiento de la valla o la retirada unilateral no garantizarán la seguridad de Israel. Según pase el tiempo, tanto los cohetes de Hezbolá como los de Hamás, ganarán en alcance y precisión, atormentando a la población israelí. Por de pronto el gobierno de Jerusalén ha lanzado 13 ataques de represalia contra personas y edificios vinculadas a Hamás. Pero a medio plazo se verá de nuevo abocado a penetrar en Gaza y Líbano, complicando su situación internacional y provocando un mayor número de bajas. Hamás busca anular a Al Fatah y concentrarse en la victoria por desgaste sobre Israel, pero le ha surgido un nuevo competidor: Al Qaida. Abbás reconoció que ya estaba presente en Gaza y hay constancia de algunas operaciones hechas en coordinación con Hamás, aunque de forma episódica. Ambas organizaciones tienen estrategias diferentes. En Palestina, como en Líbano, los islamistas ganan en eficacia terrorista y en audiencia, pero se fragmentan, lo que redundará en su contra. H El periodista afgano, Mohamed Rajai, junto a sus dos hijas, en una exposición fotográfica en Teherán El Gobierno iraní ha expulsado a más de 60.000 afganos desde abril La ONU reconoce el derecho de Teherán a deportar ilegales, pero intenta controlar el modo en que se lleva a cabo y pide que los viajes sean seguros TEXTO Y FOTO: MIKEL AYESTARÁN ENVIADO ESPECIAL TEHERÁN. Zobeide y su marido fueron a toda prisa en taxi el pasado jueves desde su casa en el sur de Teherán al hospital de maternidad más próximo. Zobeide estaba a punto de dar a luz a su segundo hijo. Tras dejarla en el hospital, su marido bajó a la calle para comprar agua. Esa misma noche una patrulla de la policía le detuvo, le metió en un autobús junto a cincuenta compatriotas, y le devolvió a Afganistán por no tener sus papeles en regla. La campaña de deportación de afganos iniciada por Irán el pasado 21 de abril ha enviado de vuelta a su país a más de sesenta mil personas, y tanto los organismos de Naciones Unidas, como las ONG critican las formas empleadas por las autoridades islámicas. La operación se ha llevado a cabo de forma ordenada y paulatina declaró Mahdi Safari, portavoz de Exteriores, a la hora de hacer un balance de esta campaña iniciada casi a la vez por los gobiernos de Teherán y Pakistán y que ha colapsado a las autoridades de Kabul. El mismo presidente Karzai, tras recibir la dimisión de dos de sus ministros relacionados con el tema, llamó a Mahmoud Ahmadineyad para pedirle que detuviera la deportación. El dirigente ultraconservador viajará a Kabul a mediados de junio para abordar la crisis. mo periodo. Regresan y se dan cuenta que aquello no es lo que esperaban, muchos llevan más de veinte años en Irán y son más iraníes que afganos. No es sencillo y la creciente inseguridad en su país hace que nadie se atreva a volver informa Dina Faramarzi, miembro de la oficina del UNHCR de Teherán. La ONU reconoce el derecho de Irán a deportar ilegales, pero intenta controlar el modo en que se está llevando a cabo. Hemos pedido que los viajes sean seguros y que se permita el regreso de los deportados por error, poco más podemos hacer porque esta ley estaba anunciada desde enero y nosotros trabajamos gracias a un tratado doble con los gobiernos iraní y afgano lamenta Dina. Entre la población afgana la situación es de pánico. No pedimos nada a las autoridades, sólo que nos dejen en paz asegura Mohamed Rajai, periodista de Kabul que vive en Teherán con su mujer y sus dos hijas desde 1993. Rajai, como el resto de compatriotas registrados, tiene un permiso de residencia de un año de duración y tiene que renovarlo cada mes de marzo, por lo que siempre vive pendiente de las decisiones del gobierno de turno. Cuando llegó Jomeini nos vendieron la idea de la gran patria chií. Nos recibieron con los brazos abiertos y, en vez de en campos como en Pakistán, nos dejaron entrar en las ciudades. Veinte años después se han olvidado de sus hermanos de islam y nos echan lamenta Rajai. La gran mayoría de afganos que viven en Irán son de etnia azara y de religión chií, la misma rama del islam que comparten el noventa por ciento de los iraníes. Los trabajadores de diferentes ONG son críticos con la labor de sus autoridades, aunque reconocen el esfuerzo de Irán para soportar a dos millones de refugiados. Ocupan los trabajos que nadie quiere, viven en los peores barrios, no tienen derechos, las autoridades sólo usan a los afganos y luego los echan para hacer presión sobre la comunidad internacional critica una voluntaria de un centro de ayuda a niños indocumentados. Derechos La patria chií Un derecho de Irán El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, UNHCHR, que trabaja desde 1994 en Irán, tiene registrados a 950.000 afganos, pero calcula que hay al menos un millón más sin registrarse. Su misión es favorecer la repatriación voluntaria de afganos, pero en 2006 tan sólo cinco mil personas aceptaron volver al país de forma voluntaria (en 2004 la cifra fue de 377.564) El Gobierno de Irán, por su parte, deportó a doscientos mil afganos indocumentados en el mis- Los refugiados son de etnia azara y de religión chií, la misma rama del islam mayoritaria en Irán