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30 ESPAÑA Tribuna abierta MARTES 22 s 5 s 2007 ABC Juan Antonio Sagardoy Bengoechea De la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación ¡ARRIBA LOS CORAZONES! N viejo dicho, con tinte claramente machista, pregonaba que la mujer honrada no tiene historia Con ello se hacía justicia- -elevando el contenido del dicho- -a las muchas cosas buenas, sencillas, motivadoras y fuente de felicidad que pasan tantos días y con tanta gente, frente a las inevitables desgracias, traiciones, deslealtades, amarguras y penalidades concretas que también nos afectan en la vida diaria, pero, afortunadamente, en menor escala. Por volver al dicho, ya en plano de igualdad, los hombres o mujeres infieles a su contrato de fidelidad sentimental, y que además son famosos salen en todos los medios, mientras que los que son fieles a su compromiso no salen porque no son noticia, aunque sean inmensa mayoría. Yo he tenido un nieto hace cuatro meses y me dediqué a leer algo sobre la gestación de los niños. Quedé impresionado al conocer el inmenso trauma que sufre un niño al salir del seno materno. A partir de ahí, el niño comienza a vivir su vida con distintas variables, pero de algún modo ese trauma de salida al mundo nos marca como aviso de que la vida es como la mar. Unos días de mar plana, otros de marejada y a veces de temporal. Pero eso nos lo da la vida gratis; lo que ya no es gratis, sino que tiene un coste físico y psíquico importante, es el superar los malos tiempos. Quien lo consigue saca todo el jugo a la vida y quien no, se ahoga en las aguas de la misma. ero la vida tiene movimientos autónomos y heterónomos. Desde luego que la vida lleva consigo problemas de adaptación a la edad, a la salud, al espacio, a la economía personal... Eso es inevitable y cada uno lo lleva lo mejor que puede. Pero hay factores heterónomos, de fuera, que son mucho más complicados, y desde luego mucho más críticos. Y digo críticos y no deleznables, porque esos factores, a veces, pueden ser un añadido de felicidad. Por ejemplo, que te den un premio, o te caiga la lotería, o disfrutes un momento único en el mejor sitio, en la mejor hora o con la mejor compañía. Sin embargo, y esto es algo muy actual, la política nos amarga muchas veces la existencia por razones ideológicas. No es infrecuente oír a alguien que nos dice ¡he oído unas declaraciones de tal o cual político que me han puesto malo! Y ese mal café lo lleva uno todo el día, a pesar de que uno esté sano, haga un buen día, tengamos una fa- U Lo que propicia la riqueza en una región no es un tema económico puro. Es y tiene un componente social de altísimo valor, puesto que al final difícilmente puede predicarse un bienestar social sostenible si no hay un cimiento económico sólido y duradero. De lo contrario, las políticas sociales acaban siendo meramente compasivas en el sofá de casa, o ver a tu nieto sonreírte, o que veas en tu mujer o en tu marido una mirada de reencuentro, o que no te duela nada o estar sentado a la orilla de un río una tarde primaveral, o que te llegue a fin de mes el sueldo, o un atardecer con el mar de fondo, o andar por el monte, o ganar un concurso, o reconciliarte con quien te has peleado, o escuchar de tus hijos que te quieren, o dormir bien, o amanecer con una sonrisa, o ver una ardilla trepando un árbol, o un amanecer soleado, o escuchar el trino de los pájaros, o soñar con algo ilusionante, o luchar y conseguir lo perseguido, o disfrutar de un buen museo, y tantas y tantas cosas más. Claro que, como decía Cabodevilla, para disfrutar de todo eso hace falta paz en el corazón. Dentro de poco comienza un período electoral y no debemos permitir que sea la votación amarga o rencorosa, sino que con buen ánimo vayamos a un análisis de los proyectos. Y votemos, pero con el corazón alto, pues no hay motivos para amargarnos más de lo que la vida, no la política, nos pueda amargar, y aun sabiendo como acabo de escribir que la vida tiene en las cosas sencillas una capacidad asombrosa de hacernos felices. Y repito, ¡siempre que tengamos paz en el corazón! iempre he pensado que la política y el sentido común que impone la vida diaria tienen que reencontrarse de modo que lo que los políticos nos prediquen nos supongan un plus de bienestar en nuestra existencia, si que sea en el plano cultural, o en el económico social o puramente lúdico. La libertad, la seguridad, la vivienda, la educación la movilidad son temas, entre otros, que a los ciudadanos les importa y a ellos tienen que dedicarse los que nos gobiernan, sobre todo en las elecciones municipales y autonómicas, en las que los altos vuelos de configuración del estado, defensa, acción exterior... resultan foráneos, entre otras razones porque no hay competencias para entrar en ellos. Y desde luego, no cabe olvidar que la dicotomía entre lo económico y lo social no es lo tajante que a veces nos pintan. No se puede ser maniqueo, puesto que una prosperidad económica, unas infraestructuras buenas, en definitiva, lo que propicia la riqueza en una región no es un tema económico puro. Es y tiene un componente social de altísimo valor, puesto que al final difícilmente puede predicarse un bienestar social sostenible si no hay un cimiento económico sólido y duradero. De lo contrario, las políticas sociales acaban siendo meramente compasivas. P milia muy buena e incluso no tengamos deudas. Eso ¡no puede ser! Debemos realizar un esfuerzo diario y constante para salir del hemisferio político pasional y entrar en el racional. Con ello no quiero decir que no valoremos lo ideológico, sino que dentro de una ideología razonable, que hoy, tras la caída del bolchevismo, es la imperante en Europa, analicemos las realizaciones. Sin descalificar, ni menospreciar, ni vituperar. Simplemente vale con discrepar. No pueden los políticos amargarnos la vida, que bastante se encarga ella de hacerlo de un modo rítmico, sin necesidad de terceros. Los políticos, y especialmente los gobernantes, son personas que eligen el oficio, al menos en teoría, de hacernos más felices con su esfuerzo y dedicación a la cosa pública Ese es el objetivo de su tarea, pero muchas veces no es que no lo consigan, que es comprensible, sino que se enzarzan en peleas con el adversario político que acaban trayéndonos más desdicha que felicidad, pues parece que esa pugna es su propósito principal, olvidando el otro y fundamental, como es el de conseguirnos una vida mejor, en lo económico, lo social y lo lúdico. De ahí que, a pesar de ello, debamos practicar la terapia del ¡arriba corazones! De mi- rar todo con el cristal del optimismo o al menos del realismo. Es cierto que, como se ha dicho con acierto, el pesimista es un optimista realista, pero creo que tenemos motivos de tener el ánimo alto y no dejarnos llevar por la corriente de los malos augurios. enemos razones para levantar en lo alto los corazones porque la vida, a pesar de sus contrastes, es algo que merece la pena apostar por ella. Decía José María Cabodevilla, un navarro que escribió libros magníficos en los años sesenta- setenta, que frente al aserto de André Gide la vida es un pasión inútil la vida es todo lo contrario, y comentaba que hay hasta palabras que nos hacen felices, como membrillo y cosas menores, como un balón de colores en la playa o una manta en las piernas frente a una chimenea en invierno. A eso añado yo que también es una fuente de felicidad comer cerezas de las gordas, o estar al cobijo de un nogal, o conversar a la sombra de un caserón con un buen amigo, o acertar en la diana en un tiro de feria, o ver nacer a un ternero, o tomarse unos pimientos del piquillo, o espárragos o alcachofas en Tudela en el mes de abril u oler a tierra mojada, o escuchar una sinfonía con un jersey cómodo S T