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ABC LUNES 21- -5- -2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 77 CIEN AÑOS DE LAURENCE OLIVIER Una noche en Nueva York En la oscuridad de un local de Manhattan una mano y un brazo enlazan una cintura. Sir Laurence Olivier sale con un joven por la trastienda, pero en la madrugada casi todos los gatos suelen ser pardos... ENRIQUE HERREROS Sir Laurence Olivier se paseaba por ambas aceras de la calle Larry, para sus íntimos as; Laurence Olivier, para el público o la profesión, o Lord Olivier, como colofón a su extraordinaria carrera, me sorprendió desde que le viese por primera vez en una de sus primeras películas, El divorcio de la Srta. X (Palacio de la Música) junto a Merle Oberon. Más tarde celebré sus interpretaciones en Cumbres borrascosas y Rebeca (Callao) y reiteré la aclamación general en Lady Hamilton (Avenida) ya junto a su amada Vivien Leigh, encarnando al dichoso Almirante Nelson, el de Trafalgar. Su larga carrera es impecable, acierto tras acierto. Además, habrá que destacar también Hamlet (Coliseum) donde consiguió el Oscar de interpretación en 1948 y La huella (Cinema Paz) su broche final; el deceso de Olivier acaeció el 11 de julio de 1989. Sin embargo, Larry o Lord Olivier, observado desde su mundo privado, o private world, nos hace recordar ese refrán que asegura que hasta los gatos quieren zapatos Me explicaré: En febrero de 1961 yo estaba en Nueva York preparando la presentación de una estrella española, muy importante entonces, cuyo nombre no viene a cuento, en el teatro Jefferson. Había conectado con un matrimonio venezolano que residía en la 59, y que contemplaba desde su terraza todo Central Park South, que no es ninguna mala manera de vivir. Una noche, su hijo y yo nos echamos tras la conquista de esa difícil urbe. Recorrimos muchos lugares, partiendo del Château Madrid, situado en la parte baja de Manhattan, pero no vendimos ni una rosca. A las tres de la mañana nos metimos en una delictatessen de aquella zona para tomar un ligero desayuno; había una barra cuadricular en medio del local que separaba clientes de empleados. Tenía poco público, frente a nosotros estaba un joven de color que parecía buscar o esperar. Al poco rato, entró un hombre bien trajeado al que, nada más verlo, reconocí. Era el propio Laurence Oliver, que interpretaba en aquellas fechas Beckett de Jean Anouilh, en Broadway junto a Anthony Quinn, con quien intercambiaba cada noche el papel del Rey Enrique II con el de Thomas Beckett. Sir Laurence y el moreno pronto entablaron conversación y, al poco rato, el consagrado actor pagó ambas cuentas y salieron por una puerta trasera del establecimiento que estaba situada frente a nosotros. No obstante, en la oscuridad de la noche pude divisar cómo Olivier enlazaba su mano y su brazo a pocos metros de la puerta con la cintura de su recién acompañante. ¡Ver para creer! Aunque, eso sí, en la noche casi todos los gatos pueden ser pardos. CLÁSICA Concierto proyección Gösta Berlings Saga Música de Carlos Galán. Intérpretes: C. Galán (piano) Orquesta de la Comunidad de Madrid. Director vocal: Félix Redondo. Director musical: Carlos Galán. Lugar: Teatro de la Zarzuela. Madrid La música o Carlos Galán ANDRÉS IBÁÑEZ No todas las películas mudas son obras maestras de la cinematografía. La leyenda de Gösta Berling de Mauritz Stiller cuenta con el atractivo de una jovencísima Greta Garbo, que muestra un estilo interpretativo mucho más moderno que sus teatrales y melodramáticos compañeros de reparto, y que en sus primeros planos, de una belleza ultramundana, sabe transmitir una intensidad agonizante. Aparte de esto, no puedo decir que haya entendido gran cosa de la película. La trama es complicadísima, uno no acaba de entender quiénes son esos pensionistas que meten tanta bulla y además la calidad de la imagen es tan pésima que a veces es difícil entender qué se ve en la pantalla: rostros reducidos a dos manchones (los ojos) y una raya (la boca) imágenes borrosas y temblorosas, formas oscuras que corretean y colisionan entre sí. ¿No era posible encontrar una copia mejor o buscar una película más atractiva visualmente? El espectáculo resulta tan exasperante para los ojos como fascinante para el oído, ya que la partitura que ha escrito Carlos Galán es de una fuerza, una riqueza y un lirismo deslumbrantes. Cuando en la culminación de la historia amorosa surge la música del Liebestod wagneriano, no tenemos la sensación de estar escuchando una cita ya que ambos lengua- jes, el romántico de Wagner y el rigurosamente vanguardista de Galán, parecen brotar de la misma cueva subterránea de desmesura, misterio, violencia y embrujo sonoro. En sus interesantísimas notas al programa, Galán afirma que ha moderado un tanto su credo estético y ha hecho concesiones a procedimientos tradicionales como el uso de motivos o el desarrollo. Sin embargo, y aparte de algun tapiz sonoro excesivamente estático (por ejemplo, en la secuencia del incendio) la música de esta Leyenda es de una audacia extraordinaria, una fantasía sonora de una belleza lancinante y enloquecida cuyos clusters de bellísimas disonancias, floreos obsesivos y feroces y controladas intervenciones improvisadas del piano se quedan aferradas a la memoria con la fuerza de las grandes obras de la música. Salimos del teatro con la sensación física de haber vivido una experiencia, casi en un estado de conmoción. No se puede pedir más. POPULAR Toumani Diabaté Concierto de Toumani Diabaté Symmetric Orchestra. Lugar: Sala Caracol, Madrid Catarsis maliense LUIS MARTÍN A Toumani Diabaté le gusta España. Hace un año, en Madrid, pasaba por el Festival Integrarte al frente de la Symmetric Orchestra. Ahora ha vuelto a comparecer con la misma formación. La Symmetric sigue fiel a su filosofía integradora, ecléctica, manteniendo muy alto el pabellón de la creatividad. Todo un puntazo ver un espectáculo que sigue teniendo múltiples puntos de interés, aunque el más importante sea, sin duda, que todos los músicos lucen a todo gas para gran satisfac- ción del personal. Gente poco común la Symmetric. Diabate afirma que escenifican la reconstrucción del antiguo imperio Mandinga. Algo exagerado, pero es un capítulo diferente en la música popular de Mali; una experiencia separada de la corriente dominante que confunde a quienes fijan la mirada en la engañosa música panmundial. Y a mí, su concepto se me antoja idéntico al de las bandas multiculturales de Joe Zawinul. Excelentes y pulidos arreglos, composiciones en las que la alternancia protagónica de los músicos es parte de la trama, y unas conclusiones que siempre persiguen- -y logran- -la catarsis colectiva. El concierto seguía, más o menos, el mismo guión que mostró en su última visita el artista. Un brioso corcel rítmico con el que se recupera la fe en conceptos tan evanescentes, y casi obsoletos, como el de van- guardismo creativo. El intérprete de balafón dio una impagable lección de cómo se puede abducir al melómano. Los percusionistas y el batería eran escuderos de lujo. Y el maestro Diabaté dio cabal muestra de que es uno de los músicos más sensibles, poderosos y sabios del actual momento. Como el dueño del ngombi centroafricano, no dio puntada musical que no fuese en fino hilo de platino. No es extraño que Bjork haya contado con él en la grabación de su último disco. Especialmente emocionante fue el pasado año el recuerdo que Toumani dedicó a la memoria del periodista Xabier Rekalde. Esta vez no ha habido recuerdo, pero, como entonces, ha vuelto a regalarnos un concierto hermoso, emocionado y trabajado con ingenio desde las entrañas, que es donde- -Rekalde lo suscribiría- -la música se piensa.