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76 CULTURAyESPECTÁCULOS Cien años de Laurence Olivier LUNES 21 s 5 s 2007 ABC Sin actuar no puedo respirar Se cumplen mañana cien años del nacimiento de Laurence Olivier, considerado por muchos como el mejor actor del siglo XX. Sesenta películas, ciento veinte personajes teatrales y varias producciones televisivas conforman su herencia J. B. MADRID. Sin actuar no puedo respirar dijo en una ocasión Sir Laurence Olivier, uno de los actores más sobresalientes de la historia, y un referente inexcusable tanto en el teatro como en el cine. Sobre las tablas, interpretó más de ciento veinte papeles; intervino en sesenta películas y trabajó también en diversas producciones televisivas. En todos los géneros dejó constancia de su categoría y el reconocimiento unánime de sus compañeros, de la crítica y del público. Hijo de un pastor protestante, Laurence Olivier nació el 22 de mayo de 1907 en Dorking, al sureste de Inglaterra. De vocación temprana, a los quince años ya debutó como actor. En la década de los veinte comenzó su actividad profesional y sus actuaciones en clásicos como Hamlet o Romeo y Julieta (junto a John Gielgud) le otorgarían notoriedad en la escena británica. En el cine comenzó a principios de los años treinta con producciones poco interesantes, pero su trabajo en Cumbres borrascosas (1939) supuso el espaldarazo que necesitaba su carrera, y que le valió su primera candidatura al Oscar. Comenzaría entonces una fructífera relación con el cine, donde lograría trabajos tan destacados como los de Rebeca Ricardo III Otelo El príncipe y la corista La huella Sleuth Los chicos del Brasil o Marathon Man No abandonó sin embargo el teatro; en los cuarenta revitalizó el Old Vic de Londres, y entre 1963 y 1973 dirigió el National Theatre. Con motivo de su centenario, esta institución- -que ha bautizado su sala principal con el apellido del actor- -va a descubrir una estatua de Olivier caracterizado de Hamlet, y organizará el 23 de septiembre un espectáculo que recorrerá su vida a través de fragmentos En septiembre se descubrirá en Londres una estatua del actor y se le rendirá homenaje en el National Theatre de las películas y las obras de teatro que interpretó, cartas, recuerdos y otros documentos. En el espectáculo está previsto que participe Joan Plowright, su viuda. Shakespeare fue compañero inseparable de Olivier tanto en el teatro como en el cine. Su único Oscar (como actor fue candidato en diez ocasiones) lo obtuvo por su trabajo en Hamlet película que también dirigió, pero ya dos años antes había obtenido el reconocimiento de la Academia por su labor como actor, director y productor de Enrique V Recitaba los versos de Shakespeare con tanta naturalidad como si los estuviera creando dijo de él el dramaturgo Charles Bennet. Personajes como el propio Hamlet o Enrique V además de otros papeles shakespearianos como Otelo Ricardo III El Rey Lear o El mercader de Venecia adquirieron un nuevo significado en la figura de Olivier, que significó un punto de inflexión dentro de la historia de la interpretación. Tuvo también Olivier una intensa vida sentimental. Se casó tres veces, las tres con actrices: Jill Esmond, Vivien Leigh y Joan Plowright. Fue nombrado Sir en 1947, y en 1970 se convirtió en el primer actor que entraba en la nobleza británica. A pesar de ser Sir y Lord siempre pedía que se dirigieran a él como Larry. Más información sobre el actor: http: www. laurenceolivier. com Y LAS MÁSCARAS DICEN... Debes volver, Laurence, ahora. Regresa en nombre del llanto y de la risa que nos dio origen que esa cima sea la de la propia existencia y su razón de ser. Trátase de devolverles esa aspiración a lo supraterrestre, cuya ausencia borra el puente y les deja en el aire, sin Dioses y sin hombres. Y trátase de la total falta de fe en el arte y en todos los modos de producirlo. ¿Cómo se ha podido llegar a tal estado? No lo sabemos, Laurence. Hubo un tiempo en que bajo un firmamento sombrío, poblado de lacerantes interrogaciones, nació y creció el romanticismo, presa de la misma angustiosa y cínica sinceridad, y de la misma brusca y bronca verdad de estos tiempos. Pero los románticos eran llevados por otro viento. Venían empuja- Miguel Ángel Solá Actor Trátase, Laurence, de que los actores han llegado a desdeñar a las gentes y han acabado por desdeñarse a sí mismos, eliminando de su arte hasta la más pequeña adherencia cordial y casi todo lazo emotivo. Trátase de la pavorosa incredulidad de hombres vacilantes al borde de una cima cuya profundidad son incapaces de medir; aun- dos por él desde los derechos del hombre. Y su sed abrevaba en un subjetivismo desaforado. Y eran ambiciosos por aventureros, gloriosos aventureros del más allá. ¿Qué ha sido de ellos? ¿Dónde se esconden los sobrevivientes de esa especie? ¿Qué ha quedado de esos que aspiraban a convertirse en dioses? ¿Esto, acaso? ¿Unos casi anacoretas del mundo interior más cercanos que nunca al derecho de las masas, que declinan sus aspiraciones al Olimpo; que sólo quieren expresar su desolación y su despecho; que rehuyen el dar respuestas a sus preguntas desoladas; que prefieren seguir hurgando en el vacío, dando vueltas y más vueltas por el estrecho círculo donde no arraiga semilla alguna? Trátase de que el actor se contenta hoy con analizarse a sí mismo, y esto no parece inspirarle gran confianza, ni en sí mismo, ni en el ser humano sobre quien debe versar su arte. Abducido por su propio pasado, se hunde en él rebuscando en lo más turbio, para extraer apenas unos residuos implacablemente freudianos. Organismos nunca maduros. Mucho feto y poco Apolo. Y trátase de rehumanizar la tarea; de abandonar de una buena vez esas maromas por las que se deslizan, y ese légamo del que llegan a extraerse apenas unos gramos de informe lodo común. Trátase de volver a ser generosos y vivaces centinelas del mundo, Laurence. Trátase de la maravillosa trama de fuerzas humanas, con sus puntos de arranque y sus enmarañadas trayectorias que se aclaran al microscopio del arte. Trátase de reivindicar la alegría de crear en el paisaje humano, diverso, esencial, simplemente eternamente nuevo. Trátase de la dirección fecunda, y de nuestra ilusión puesta en ella, para devolver el cielo a la tierra. Por eso has de volver, Lau- rence, cien años después, a lo mismo. Trátase de retornar con el mínimo equipaje. De saber que alondra es una cosa hermosa, pero que lo es más al ser pronunciada y ser oída. Y de dos preguntas a resolver: ¿Qué es Capuleto ¿Qué, Montesco ¿Qué quieren decir esas vivas letras unidas que tanto desunen y matan? Ya que para saber qué son y describirlas, has de consagrarles la vida con entera voluntad, amándolas inteligentemente en cuanto quieran decir, e intuitivamente en cuanto son muy hermosas, porque más allá o más acá del sentido, existe esa maravillosa combinación de sonidos que las hacen ser. Trátase del asombro y la alegría que deben retornar a sus legítimos, los hombres. Ya lo hiciste una vez. Debes volver, Laurence, ahora. Regresa ya, en nombre del llanto y de la risa que nos dio origen. Que de eso se trata. Aunque duela tanto. Tanto.