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ABC LUNES 21- -5- -2007 Mañana se conmemora el centenario del nacimiento de Laurence Olivier 75 DiCaprio: Los seres humanos vamos camino de la extinción MACARENA GARCÍA CANNES. Calzado para caminar sobre el hielo ártico y acompañado de un oso polar, aparece en la última portada de Vanity Fair Es el lado verde de DiCaprio, retratado por Annie Leibovitz en un territorio que se resquebraja y deshiela mes a mes. De eso y de cómo el mundo camina en un callejón sin salida habla DiCaprio en The eleventh hour (La hora undécima) un documental que estrenó en el Festival de Cannes. Los seres humanos vamos camino de la extinción argumentó con gravedad y vestido de etiqueta tras la proyección de la cinta que creó, produjo y protagoniza como narrador. A su lado estaban las hermanas Conners, ecologistas y directoras de este documental, en el que se entrevista a 70 expertos en medio ambiente. No es el primer esfuerzo ecologista del protagonista de Titanic Antes creó dos cortometrajes que muestra en su página web, participó en campañas y transformó su vida con tecnologías verdes Pero sí será el de mayor renombre, porque tomando el relevo de La verdad incómoda de Al Gore, se estrenará en cines de todo el mundo. El rostro de Leonardo ayudará a darle visibilidad, pero él remarca que los protagonistas son los científicos que envían urgentes mensajes de alerta y proponen formas de vida más armónicas con el medio ambiente en la hora y cuarto de metraje. Sombras entre el viento Libros del Asteroide publica por primera vez en castellano los reportajes de John Steinbeck, germen de Las uvas de la ira SERGI DORIA BARCELONA. La Gran Depresión que inauguró el martes negro de Wall Street hizo de Estados Unidos una geografía de figuras en escapada. Como las desgracias no llegan solas, tras el crash financiero las tormentas convirtieron los estados del Medio Oeste en la cuenca del polvo dust bowl Casas fagocitadas por bolas de un aire tan negro como el futuro de sus inquilinos. A la tormenta sucedió la sequía y las ventiscas desertificaron unos territorios hipercultivados. Con el rumor del viento entre los matojos resecos, el cantante Woody Guthrie rasgaba su guitarra. Así lo cuenta Eduardo Jordà en el prólogo de Los vagabundos de la cosecha (Libros del Asteroide) un libro que recupera los reportajes que John Steinbeck publicó el verano de 1936 en The San Francisco News El blues de Guthrie, la descripción realista del escritor californiano y las fotos de Dorothea Lange componen el extracto seco de una tragedia americana. En la letra de Blowin down the road Jordà detecta el argumento de Las uvas de la ira la novela que inspiró la película de John Ford. Cantaba Guthrie en un tren de mercancías, rumbo a California; la boca se le llenaba de tierra; familias enteras empujaban coches asmáticos, sobrecargados de colchones y cachivaches domésticos: Voy adonde no soplen las tormentas de polvo, busco un trabajo y una paga decente, me voy por esta carretera polvorienta, y nunca más van a tratarme de este modo Sombras entre el viento en pos de una Tierra Prometida. Steinbeck anotaba lo que veía, sin grandilocuencia, con eficacia expresiva notarial: Los caminos están infestados de carracas desvencijadas cargadas de niños, sábanas sucias y peroles ennegrecidos por el fuego... En los caminos secundarios y en las márgenes de los ríos, lugares menos transitados, se levantan los poblados sucios y destartalados de los braceros, y los campos están llenos de hombres recogiendo, segando y poniendo a secar la cosecha Mujer inmigrante fotografía de Dorothea Lange que ilustró uno de los reportajes de Steinbeck California necesitaba aquellos temporeros para recolectar el melocotón, la uva, el lúpulo y el algodón. Los necesitaba tanto como los odiaba. Las palabras de Steinbeck suenan en la España de hoy tercamente familiares. Los emigrantes se topan con esa antipatía atávica del lugareño hacia el extraño, el forastero, con un odio que se repite desde los comienzos de la historia, desde la aldea más primitiva a nuestras granjas industriales Mano de obra barata, que se hacina en barracas; precarias tiendas de campaña en las afueras cobijan a los fugitivos de la sequía. Gentes de Oklahoma, Nebraska, Kansas... Niños rubios, de ojos azules. California no les admite. Aducen que son sucios, ignorantes y portadores de enfermedades... Siglos de las deportaciones: en campos de concentración, en la tierra baldía de la miseria. Sombras que adquieren personalidad hasta convertirse en personajes. Tres años después de aquellos reportajes, Steinbeck convirtió al director del campamento de acogida, Tom Collins, el ángel de la guarda de los desheredados, en el Jim Rawley de Las uvas de la ira la mano amiga que acogió a los Joad, la familia que encabeza Henry Fonda. Rostros surcados por el hambre que captó con su cámara Dorothea Lange. Fisonomía de la desesperación. Madres agotadas en tierras agostadas. Cada fotografía, un icono; interpelación para ahora mismo, ante el tórrido verano de cayucos. Fotos, reportajes y una novela que mereció el Pulitzer y que John Ford destiló en celuloide que denuncia. Cuenta Jordà que en 1965, poco antes de morir, tres ABC No disparar al mensajero Aquí las estrellas son ellos. Hay muchos preocupados por el medio ambiente en Estados Unidos. Somos el país más contaminante del mundo y también la mayor democracia, por lo que tenemos una responsabilidad y debiésemos ser un ejemplo Cuando se le preguntó cómo daba él ejemplo, se puso más serio. Dijo que nadie puede ser 100 por 100 verde y que él hacía lo que estaba a su alcance. Porque, pese a viajar en contaminantes aviones para promocionar sus filmes, trata de hacerlo en vuelos comerciales. Y maneja un coche ecológico. Y toma energía de paneles solares. Hay que tener cuidado porque muchos criticaron a Al Gore por no ser suficientemente verde y yo creo que ahí estás equivocando el tiro: no hay que disparar al mensajero años después de recibir el Nobel y aislado por sus críticas al comunismo soviético, Steinbeck volvió a ver Las uvas de la ira Otra vez volví a creer en la historia que había escrito Sesenta años después, los reportajes en que germinó su novela aparecen por primera vez en castellano en traducción de Marta Alcaraz. Sobriedad descriptiva, sin demagogia. Al leerlos, confiesa Eduardo Jordà, una cara flaca y oscura se apodera de nosotros Los vagabundos de la cosecha siguen caminando. Woody Guthrie vuelve a cantar Tom Joad el hombre pobre de Steinbeck al que Ford le puso la faz de Fonda. Rostros que Dorothea Lange libró de ser sombras entre el polvo. Inolvidable pedagogía de la compasión. Más información en: http: librosdelasteroide. com