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ABC DOMINGO 20 s 5 s 2007 Investigación CIENCIAyFUTURO 97 La música oculta de los genes Científicos de California logran traducir secuencias de proteínas humanas a melodías musicales para entender mejor cómo se combina el ADN s Es la primera vez que una peculiar composición basada en la genética suena de forma armoniosa POR ANNA GRAU. SERVICIO ESPECIAL NUEVA YORK. Dos biólogos de la universidad de California, más un físico metido a informático, han redondeado un experimento de una belleza sorprendente: traducir secuencias de las proteínas del cuerpo humano a secuencias musicales. Ya es posible escuchar qué nos dice el ADN. La primera idea la tuvo Jeffrey Miller, de la Universidad de Los Ángeles, donde se ha especializado en el estudio de las mutaciones genéticas y los mecanismos de reparación del ADN. Es un campo extremadamente sutil. No olvidemos que, aunque la opinión pública tiende a considerar, jubilosamente, que el genoma humano es un rompecabezas que ya está armado, lo cierto es que es mucho más lo que se desconoce de él, que lo que se entiende. Aún se ignora la función de más del 50 por ciento de los genes descubiertos. También se ignora para qué sirven un 50 por ciento de las secuencias repetidas, cuando no sirven para decodificar proteínas. Se supone que se usan para mantener el dinamismo y la estructura de las células, pero nada está demasiado claro. A veces, a lo que más se parece el ADN, es a una torre de Babel hincada en lo más hondo de las células. Por eso, en los últimos años, cada vez hay más científicos no tan interesados en descubrir más genes, como en averiguar cómo interactúan unos genes con los otros. El metabolismo, no la estructura genética, sería la clave de todas las especificidades biológicas. La Naturaleza sería como un crupier incansablemente barajando y volviendo a barajar las mismas cartas, logrando siempre jugadas nuevas. Jeffrey Miller intuyó la importancia de hacer todo lo posible para comprender más estrechamente las pautas genéticas. Y se le ocurrió que dos orejas pueden ver más que dos ojos. Que la música, tan fácil de comprender para el ser humano, que casi por instinto reconoce ritmos y melodías, podía ser un puente ideal hacia una comprensión más profunda de la ciencia. Me acordé de que, cuando yo sólo tenía 6 o 7 años, me contaron la historia de Pedro y el Lo- Subjetivos, pero serios Hay mucha subjetividad en la música, sí acepta Miller, uno de los padres de la criatura. Cuenta a ABC que lo que han hecho es subjetivo y arriesgado. El algoritmo que usamos no es fácil de comprender dice Rie Takahashi quien reivindica la seriedad de su esfuerzo. Hemos buscado la armonía musical sin sacrificar en ningún momento el rigor científico asegura. El objetivo de la investigación es triple: proveer a los investigadores de nuevos y mejores instrumentos para cazar pautas; abrir nuevas posibilidades a los invidentes para estudiar ciencia, y acercar esta última al gran público y, muy especialmente, a los más pequeños. El siguiente paso será usar esta metodología asociando diversos instrumentos a partes estructurales de un gen piano desde que tenía 9 años, y no ha abandonado su formación musical ni en plena efervescencia de su carrera científica. Primera versión armónica bo con música, cada personaje era un instrumento musical rememora para ABC, fue una introducción fantástica a qué es una orquesta, muchos de mis compañeros empezaron a estudiar música a partir de ahí No fue su caso. Por eso cuando, ya de adulto, decidió poner música a sus investigaciones, recurrió a Rie Takahashi, también de la Universidad de Los Ángeles, también bióloga, pero con un plus singular: estudia Ya sólo les faltaba un programa informático, diseñado por Frank Pettit, para acometer una aventura interdisciplinaria que puede llevarles muy lejos. Ellos no son los primeros que han intentado una versión musical de las secuencias de proteínas humanas, pero sí son los primeros que consiguen que esa versión no suene a rayos. Que sea acústicamente convincente. El reto principal era cómo embutir hasta veinte aminoácidos en una escala de sólo trece notas musicales. Para resolver esto, se centraron en los codones (conjunto de tres bases que definen un aminoácido particular) y los vincularon con cuatro notas, más largas, cuanto más frecuentes los codones. Los aminoácidos individuales se tradujeron en combinaciones armónicas de notas, que se podían distinguir entre sí porque las notas de cada grupo estaban diversamente dispuestas. Los aminoácidos similares se emparejaron. Al final quedó una gama de veinte notas (tantas como aminoácidos) extendidas a lo largo de dos octavas. La música resultante no es la Quinta de Beethoven, pero es armoniosa. Y de eso se tra- taba, de que ayudara a reconocer pautas, secuencias. El milagroso orden oculto del cuerpo humano. Ahora que ya han musicalizado las proteínas, el siguiente paso va a ser usar este mismo programa para entrar directamente en el genoma, utilizando diversos instrumentos para representar cada parte estructural de un gen. Como en la historia de Pedro y el Lobo. Enlaces para escuchar las partituras: www. mimg. ucla. edu faculty miller jh gene 2 music examples. html Diez piezas musicales con genética española En España también se han fundido la genética y la música, el rigor científico y la creatividad. En 2003, la investigadora del Ramón y Cajal Aurora Sánchez Sousa, junto con el doctor Fernando Baquero y el músico francés Richard Krull, editó un CD con diez composiciones musicales creadas a partir de la secuencia de unidades de diversos genes de hongos, bacterias y seres humanos. Sousa, titulada en la carrera de piano por el Real Conservatorio de Madrid, primero vinculó cada nucleótido a una nota musical: la A de adenina se convirtió en un La; la G de guanina en Sol; la T de timina en Re y la C de la citosina en Do. Luego comenzó la búsqueda de secuencias genéticas en una base de datos y el desarrollo de un sistema para realizar un dictado robótico. Los científicos españoles observaron en el genoma secuencias cuyas combinaciones ternarias carecen de sentido para la formación de una proteína. En esos casos aplicaron otras divisiones del tiempo musical, por ejemplo compás binario, o compás de cuatro por cuatro. Las diez piezas pasan por diferentes estilos y transmiten sentimientos como la tristeza, la relajación y la esperanza dijo entonces Sousa.