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90 CULTURAyESPECTÁCULOS Festival de cine de Cannes DOMINGO 20 s 5 s 2007 ABC Michael Moore, los Coen y la Inseguridad Social El documental Sicko desnuda el sistema sanitario estadounidense y No country for old men que protagoniza el actor español Javier Bardem, viste entera la literatura de Corman McCarthy E. RODRÍGUEZ MARCHANTE ENVIADO ESPECIAL CANNES. Tal y como hace el implacable asesino Chigur, que encarna con cadavérica jeta en No country for old men Javier Bardem, podría echarse una moneda al aire para decidir si el día era de Michael Moore o de los Coen. O incluso del poético coreano Kim Ki Duk, que también coló como pudo su película a competición en una jornada repleta de la carne del gordo de Michigan. Lo de Michael Moore, Sicko puede tratarse en una tesis o en un pispás: genial, divertido, profundo, manipulador, ameno, ácido, informado, tergiversado, retorcido, útil, provocador, amañado, directo... Su alegato contra la política sanitaria en los Estados Unidos y contra las empresas aseguradoras es brutal, demoledor, no deja ni un resquicio para la duda: es un sistema horrible, inhumano, que desprecia al ciudadano y al cliente, y que ha llevado a ese país a ocupar un lugar indecente entre los de peor calidad asistencial del mundo. Como el fin de Moore es abrirle los ojos a todos sus compatriotas para que vean su precaria condición de pacientes sin asistencia médica, los medios que utiliza para llegar a ese fin son éticamente cochambrosos: en París, en Londres, en Canadá, en cualquier sitio, incluso en Cuba, se vive más y mejor, y se tiene todo al alcance de la mano, gratis y con buenos modos... De hecho, su visita a Cuba con unos cuantos olvidados del 11- M y de los servicios asistenciales de su país, le supone una posible causa por saltarse el embargo; lo que viene a corroborar que, en efecto, Moore y Bush forman una pareja indisoluble, y ambos perderán esencia en cuanto les falte el otro. Sin duda, Moore considera que su pueblo, aunque algo tontorrón (a juzgar por cómo les cuenta él las cosas) se merece una seguridad social y unas garantías que no tiene, y de paso, les señala sin sutilezas el modo de conseguirlo: Hillary Clinton. Sicko es lo que es, pero que eso que sin duda es no nos impida ver lo que en esencia señala: que si el país más rico y más poderoso del mundo es incapaz de asegurar, ni pública ni privadamente, la salud (su falta, en realidad) de sus ciudadanos, pues siempre dará pie a que un señor como Michael Moore nos argumente lo que nos argumenta. Y en vez de darle la bienvenida a la crítica y procurar remediarla, se lanzan sobre los sin embargos... Lo de los Coen, No country for old men es un caso extraño de convivencia perfecta: la del universo Coen con el del escritor Corman McCarthy, el último coloso de la novela americana. La historia es digna de ambos: el ansioso de dinero y duro de pelar, el tipo que mata a los demás como quien se suena la nariz (ése es un Bardem genial con la piel color fondo verdoso de estanque y un peinado de maripepi el policía ensimismado, el policía lerdo, los páramos olvidados, la huida, el polvo del camino, los dos lados de la frontera... en fin. Además de Bardem, están Tommy Lee Jones, el poli Bardem, candidato al premio Javier Bardem es la estrella de la última película de los Coen. En No country for old men encarna a un insensible asesino en serie con un excéntrico corte de pelo que elimina vidas humanas con una pistola de aire comprimido. El peluquero hizo un magnífico trabajo y cuando Joel me vio se cayó al suelo de la risa. Después yo di con un espejo y ya estaba cuenta el intérprete, al que muchos señalan como posible ganador del premio a mejor actor del Festival. No quiso especular sobre ello, pero dijo que estar compitiendo en Cannes con los Coen es lo mejor que me ha pasado en la vida, es como un sueño Se refirió a los directores de Fargo como un monstruo de dos cabezas y bromeó con ellos diciendo que el rostro de desorientado que tiene en el filme se debe a que nadie le prestó una traducción en español del guión. M. G. Javier Bardem y Josh Brolin, antes del estreno ayer en Cannes de No country for old men que ve el lado oscuro de las cosas (una América que le da la razón a Michael Moore) y Josh Brolin, un veterano de Vietnam que busca algún atajo para llegar a algún sitio, el que sea. Película de acción y de reacción, profundamente amarga pero salpicada de la habitual dulce marca Coen en forma de chorreante sentido del humor. La coreana Soom (aliento, respiración) de Kim Ki Duk, ofrecía ese aspecto sencillo y honrado del último cine de este hombre, ya algo menos aparatoso que aquel de La isla pero abordaba una historia de sentimientos extremada- REUTERS Convivencia perfecta Moore y Bush forman una pareja indisoluble, y ambos perderán esencia en cuanto les falte el otro No country for old men tiene la marca Coen en forma de sentido del humor La coreana Soom provoca al tiempo la risa y la piedad mente complejos entre una mujer y su marido, con el contrapunto de un preso condenado a muerte que se intenta suicidar. La acción es escasa, pero sorprendente: interior de la casa, interior de la celda, unos cara a cara entre la mujer y el preso llenos de un rarísimo humor que pueden provocar al tiempo la risa y la piedad; los espacios, como siempre, insólitos; y los diálogos mínimos. Kim Ki Duk ofrece con aspersor sensaciones y sentimientos, y ha de estar uno muy atento y muy esponjoso para oler y saborear sus intenciones. La sala se rió y aplaudió al final como si lo hubiera entendido todo.