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44 ECONOMÍAyNEGOCIOS En portada s El descrédito de las instituciones internacionales DOMINGO 20 s 5 s 2007 ABC (viene de la página anterior) la credibilidad pérdida entre los países en vías de desarrollo a los que intenta ayudar. Ya que en el librito internacional de la corrupción, enchufar a la novia se encuentra en la primera página y no requiere de muchos esfuerzos de traducción. Durante estos meses, misiones de la institución en naciones problemáticas han visto como su insistencia en fiscalizar con honestidad y transparencia los proyectos financiados por el banco generaban grandes carcajadas. El otro gran frente abierto es la credibilidad del Banco Mundial entre los donantes que hacen posible su funcionamiento. La salida de Wolfowitz se produce cuando la institución se prepara para reunir 28.000 millones de dólares durante los próximos tres años precisamente para construir escuelas, clínicas y otras infraestructuras básicas en los 82 países más pobres del planeta, la mitad de los cuales se acumulan en África. Un esfuerzo de recaudación- -a través de la International Development Association creada en los años sesenta- -que no ha prosperado viento en popa con la excusa de la crisis de liderazgo generada por el nepotismo de Wolfowitz. Dentro de esta especie de lista de trabajos de Hércules, el próximo presidente del Banco Mundial también tiene por delante el dilema de cómo lidiar con la patata caliente de la corrupción, y su efecto brutalmente pernicioso en la lucha contra la pobreza. En los últimos años, el banco ha intentado abordar esta cuestión con creciente agresividad. De hecho, una de las banderas enarboladas por Wolfowitz durante sus dos tumultuosos años ha sido una política de mano dura, llegando a cancelar, suspender o retrasar créditos a países como Chad, Kenia, India, Yemen, Uzbekistán o Bangladesh. Pero generando reproches de imparcialidad y de haber sacrificado beneficios para las partes más débiles de este entramado de intereses creados. Por supuesto, también está la cuestión de los envalentonados funcionarios del Banco Mundial. El nuevo presidente tendrá que establecer su autoridad ante una plantilla de 13.000 empleados, con delegaciones en más de un centenar de países, y que se han constituido en una especie de entidad sin descanso hasta no terminar con Wolfowitz. Con este objetivo cumplido, los mandarines y barones de la institución- -es decir los directores de programas y vicepresidentes- -han salido fortalecidos de cara a futuros pulsos burocráticos. Además de haber perdido cualquier noción de discreción o deferencia. De hecho, los críticos de Wol- fowitz dentro del Banco Mundial, siempre le han reprochado el haberse rodeado por una cohorte de ayudantes afines, como la ex ministra Ana Palacio, para imponer la agenda ideológica de la Administración Bush en una institución que debería estar por encima de la política. Acusaciones que han tenido como munición los esfuerzos de Wolfowitz para que la institución participase El próximo presidente del Banco Mundial también tiene que lidiar con la corrupción Este organismo debería ser un suministrador en materia de desarrollo visiblemente en la transición de Irak o las polémicas sobre un supuesto afán pro- vida de restar importancia a cuestiones de planificación familiar. Otra cuestión espinosa sobre el futuro del Banco Mundial es el acuerdo informal pero férreo alcanzado en 1944 durante la histórica conferencia de Bretton Woods, New Hampshire. En esa fructífera cumbre para hacer frente a las devasta- doras consecuencias de la Segunda Guerra Mundial se acordó que el entonces denominado Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo fuera presido por un ciudadano de Estados Unidos mientras que la gerencia del Fondo Monetario quedó reservada para un europeo. En diciembre de 1945, una treintena de países rubricaron en Washington los artículos fundacionales del Banco Mundial y del Fondo Monetario. Un año y medio después, el Banco Mundial realizaba su primer préstamo a beneficio de Francia. Como no podría ser de otra de forma en el periodo de la posguerra, Estados Unidos se convirtió en el primer suministrador de fondos para las arcas del banco. En 1948, sus operaciones se extendieron a países en vías de desarrollo, realizando un primer préstamo a Chile. Dos años después, Etiopía recibiría fondos y en poco tiempo las operaciones del Banco Mundial se multiplicaron y extendieron por África, Asia e Iberoamérica. Con un esfuerzo sustancial en países como Indonesia o Zaire, decisivos durante la Guerra Fría y un posterior énfasis en liberación económica. Los diez anteriores presidentes del Banco Mundial han sido ciudadanos de Estados Unidos. Pero un número cada vez más creciente de recriminaciones argumenta que los máximos puestos de las instituciones de Bretton Woods deberían ser ocupados por candidatos con méritos propios, sometidos a un proceso abierto de selección y no como resultado de un opaco acuerdo de hace sesenta años. Como ha dicho esta semana Joseph Stiglitz, premio Nobel de economía y ex vicepresidente del Banco Mundial, el mecanismo para elegir al presidente de esta institución está malamente viciado y resulta especialmente negativo cuando al mismo tiempo se está tratando de presentar un mensaje de buen gobierno alrededor del mundo Durante las dos primeras décadas de la institución, la Casa Blanca optó básicamente por nombrar a figuras con experiencia en el mundo de las finanzas. Pero en otoño de 1967, el presidente Lyndon Johnson rompió ese molde al nominar a su se (Pasa a la página 47)