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ABC DOMINGO 20 s 5 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA VISTA A LA IZQUIERDA STÁN desencantados y sevan a abstener el próximo domingo. No votarán al PP porque lo consideran un partido lastradopor confesionalidadesy conservadurismos, pero su confianza en Zapatero se ha derretido como un helado al sol. Creyeron en su discurso regeneracionista y ofuscados por el shock del 11- M le dieron una patada a Aznar en el culo de Rajoy, perosesienten perplejos ante la deriva difusa, desbaratada e irrelevante de este Gobierno sin bitácora. Han visto con asombro e inquietud cómo se deconstruía el Estadosolidario dela Constitución, han soportado IGNACIO con gesto contrariado los CAMACHO devaneos de la izquierda con el nacionalismo más insaciable, y los paseos de De Juana unidos a la crecida prepotente de los batasunos han acabado de consumir su margen de paciencia. Se definen de centro- izquierda en los sondeos, suelen vivir en ciudades, son laicos, instruidos y europeístas, votaron a González hasta que se asquearon de la corrupción y el GAL, y creen que España es una sola nación. Si fuesen franceses muchos habrían votado a Sarkozy, pero aquí sienten aún recelos históricos ante la derecha. Se han hartado de Zapatero, de su endeble pensamiento mágico y de su hueca retórica de ambigüedad, y se van a quedar en casa eldía 27. Laincógnita quevaa decidirlas elecciones es cuántos son, o sea, hasta dónde ha llegado la decepción de esa socialdemocracia moderada. A ellos ha dirigido Rajoy sus guiños más recientes de esta campaña, pero el terreno no está maduro aún para que se decidan a cruzar al otro lado de la trinchera que el Gobierno ha cavado en tres años con su dialéctica de enconos. Tampoco el PP ha vuelto a ser todavía ese partido atrapalotodo ese all catch partyqueconstruyóAznarensuprimer mandato para deshacerlo en el segundo; le sobran adherencias y le falta impulso de apertura. Aunque está en ello; ha habido un salto cualitativo en su estrategia desde que Rajoy salió del televisivo cara a cara con los ciudadanos mucho más imbuido de confianza en sí mismo. Ahora se proyecta él solo, un palmo por encima de sus pretorianos, a los que ha recortado presencia pública para que emerja su perfil de líder incontestado que se enfrenta casi a una emergencia nacional. Envidia a Sarko, capaz de nombrar ministro a un socialista ydeabrirsealamejor tradiciónreformadora de la izquierda, pero tambiénsabequela izquierda española está mucho más atenazada por los prejuicios. De momento, tendrá que conformarse con el desencanto. El que ha expresado Fernando Savater al pedir públicamente un castigo para este Gobierno incompetente y cobarde. Hoy por hoy, ese correctivo está más en la abstención que en un improbable voto al PartidoPopular, decuyacapacidad demovilización propia depende en buena medida que se produzca el sorpasso. Si mantiene sus cifras de hace tres años, es probable que el PSOE tenga que enfrentarse a la evidencia de su desgaste. Con la derecha y el centro dispuestos a revertir el rumbo de este país en zozobra, la clave del futuro inmediato reside en el hastío de cierta izquierda desolada y su capacidad para rectificarse a sí misma. E EL RECUADRO FÁBULA DE GARMENDIA EN EL AVE su muerte, se han contado mil y una anécdotas de José Antonio Garmendia, el genial romancero colaborador del programa de Carlos Herrera, príncipe de las tabernas de Sevilla. Como la que hace referencia a uno de sus divertidísimos pregones de fiestas, que los bordaba, haciendo encendidos elogios, ora en verso, ora en prosa, del pueblo que lo había contratado, de modo que hacía llorar al auditorio... con sus propias lágrimas, pues hasta tal punto se emocionaba en la exaltación de las glorias locales. Estaba Garmendia dando el pregón de las fiestas en un pueblo de cuyo nombre no he podido enterarme, un sábado por la noche, a la hora en que su Betis de su alma disputaba un partido en el que, como es habitual en las gracias y desgracias verdiblancas, le iba la vida. Fue entonces cuando terminada la declamación de un inspiradísimo romance dedicado al vino local, y tras ser interrumpido por los emocionados aplausos del auditorio, Garmendia tomó el vaso de agua del orador, bebió un trago y dijo: -Gracias, gracias... Pero, por favor, ¿puede decirme alguien cómo va el Betis? ANTONIO Me siento como Garmendia en aquel BURGOS pregón cada vez que tengo que tomar el Ave a hora señalada de acontecimiento internacional, nacional, regional o local, deportivo o taurino. Subes al Ave, sea en el lugar de España que fuere, y aunque vas contemplando un hermoso paisaje de sierras y llanuras, de vegas y de huertas, estás totalmente desconectado del mundo. La azafata pasa ofreciéndote unos auriculares por los que, ay, sólo puedes escuchar música de ascensores o la versión cinematográfica de la música de ascensores en las películas a bordo Estás pendiente de una noticia política, o deportiva, o económica, y no hay forma de saber qué ha pasado a aquella hora. Recuerdas entonces que en la cartera llevas el transistor, e intentas sintonizar alguna emisora que en su boletín horario te ponga al cabo de la calle de la amargura informativa que te inquieta. Pero nada. No hay forma. No hay forma de que el Gar- A mendia que obligatoriamente llevas a bordo cuando te subes en el Ave sepa cómo va el Betis. Me ocurrió así por última vez el domingo de las elecciones francesas. Volvía a Sevilla en el utilísimo y puntualísimo Ave, y a esa hora de la tarde se estaba sabiendo si los franceses habían elegido a Sarkozy o a la coleguilla de ZP Eran las 8. Justo la hora en que estaban dando los re. sultados. Saqué mi transistor, y todo lo más que pude sintonizar fue una emisora manchega de FM con un programa musical. Por las interferencias de tanta alta velocidad y alta tecnología, el caso es que no podía escucharse ninguna de las grandes cadenas de radio. De modo que cuando el tren paró en Córdoba, en la escala que advierte la megafonía tan corta que no da tiempo ni de bajarse a echar un cigarrito, me dieron ganas de apearme y preguntar al primero que viera por el andén, al modo de Garmendia: ¿Puede decirme alguien si ha ganado Sarkozy? Se acercan días de nervios en el dial con las últimas jornadas de la Liga de fútbol y con las elecciones municipales. Todo aquel que el 27 de mayo a las 8 de la tarde esté en el Ave de Sevilla, en el Ave de Zaragoza, en el Ave de Lérida o en el Ave de Antequera, no tendrá forma de saber si han ganado los suyos. Por lo cual, en tiempo y forma, envío este artículo a modo de instancia a los directivos del Ave, a fin de que apliquen las altas tecnologías para que los viajeros podamos tener una información puntual por medio de la radio a bordo, en los auriculares. No se puede ir en el tren de los avances del siglo XXI como se marchaba en el expreso del poema de Campoamor. ¿Tan difícil es que uno de los canales de los auriculares ofrezca una radio informativa? No hay que recurrir al favoritismo de cadena privada alguna. Ahí está Radio 5 de Radio Nacional, que si la hubiera tenido sintonizada con un pinganillo Garmendia en aquel pregón, no hubiera tenido que preguntar a su enfervorizado auditorio: ¿Puede decirme alguien cómo va el Betis? Porque ahora en el Ave nadie te puede decir cómo va el Betis. Ni quién ha ganado las elecciones autonómicas en Navarra, en las que nos jugamos bastante más que el Betis en la Liga.