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ABC ELECCIONES 27 M SÁBADO 19 s 5 s 2007 LA CRISIS DE LOS PARTIDOS NACIONALISTAS TRADICIONALES ESPAÑA 17 Edurne Uriarte LOS MUERTOS LA TRAICIÓN A D El presidente de CiU, Artur Mas, junto al alcalde de Vinyols i els Arcs, José María Vidal, ayer en una paseo por esta localidad EFE La inmolación soberanista de CiU le hará perder sus tres diputaciones Reconoce que también perderá cincuenta ayuntamientos, entre ellos Tarragona s Su principal rival, ERC, presenta el mayor número de listas de su historia MARÍA JESÚS CAÑIZARES BARCELONA. Hubo un tiempo en que CiU fue ama y señora territorial. El poder comarcal estaba en manos de los nacionalistas, quienes se consolaban así de sus infructuosos intentos de controlar la ciudad de Barcelona y su área metropolitana, inexpugnable feudo socialista. En aquellos años, la federación gobernaba cómodamente la Generalitat, tres diputaciones provinciales (Tarragona, Gerona y Lérida) y la mayoría de municipios. CiU mimaba la Cataluña interior. ERC era entonces una rival menor, pero el progresivo auge de los republicanos, cuya cantera está situada precisamente fuera de las fronteras de la capital, no sólo propició el pacto tripartito que apartó a CiU de la Generalitat, sino una notable implantación territorial que ya en las anteriores elecciones se convirtió en una amenaza para CiU. La batalla municipalista entre estas dos formaciones de afinidad ideológica ha acentuado los discursos soberanistas en las últimas semanas, precedidos de arriesgadas propuestas de autodeterminación y pugnas patrióticas. Los nervios preelectorales también están detrás de la decisión de CiU de impugnar las listas escondidas del tripartito ante el Tribunal Constitucional. Los nacionalistas se juegan mucho en estas municipales, pues un nuevo retroceso electoral obligaría a reconsiderar estrategias y liderazgos. Sólo se salvaría el líder de UDC, Josep Duran Lleida, que repetirá como cabeza de lista en las generales y trabaja desde hace tiempo en la posible participación de CiU en el Gobierno español. Descartada la alcaldía de Barcelona, donde casi se da por segura la reedición del tripartito, CiU aspira, al menos, a mantener su presencia territorial. En 2003, presentó 921 listas y ganó 525 alcaldías, pero perdió siete capitales de comar- Las cifras -CiU gobierna en 524 municipios y tiene 3.687 concejales. En 2003 logró 789.936 votos. -Los nacionalistas gobiernan tres diputaciones: Tarragona (gracias al pacto CiU- PP) Lérida y Gerona (CiU- ERC) -ERC tiene 122 alcaldías, 1.253 concejales y tuvo 412.802 votos en las anteriores elecciones municipales. Un mal resultado el 27- M obligaría a CiU a un replanteamiento de sus liderazgos del que sólo se libraría Duran ca, más de 400 concejales y la mayoría absoluta en 14 consejos comarcales. ERC, por su parte, duplicó su número de ediles y mantuvo el número de capitales de comarca que gobernaba. Logró 122 alcaldías. CiU admite la posibilidad de perder una cincuentena de alcaldías, como la de Tarragona, Reus o Manresa, e incluso las tres diputaciones que gobierna y que en conjunto mueven al año más de 340 millones de euros. Conservar la capital tarraconense es uno de los principales objetivos de CiU, que asegura que la Generalitat mantiene a pan y agua a esta ciudad. Los casos de corrupción urbanística y el cambio de candidato- -tras 18 años al frente de la alcaldía, Joan Miquel Nadal no se presenta a la reelección- -complican esta aspiración. ERC presenta 690 listas en Cataluña- -746 si se suman las de la Comunidad Valenciana y Baleares- lo que supone estar presente en el 73 de los municipios. Es decir, el porcentaje más alto logrado nunca por esta formación independentista, que gracias a la Consejeria de Gobernación, dirigida por Joan Puigcercós, ha favorecido a los municipios susceptibles de arraigo republicano mediante subvenciones. Un datoimportante: este departamento prorrogó hasta después del 27- M el plazo para que los ayuntamientos puedan pedir ayudas. ABC. es Más información sobre la campaña electoral en Cataluña en abc. es espués de conocer las nuevas revelaciones etarras en Gara que la vicepresidenta ya ni siquiera se ha atrevido a negar, he vuelto a acordarme de aquella acusación de Rajoy a Zapatero en el debate del Estado de la Nación de 2005. De la traición a los muertos, que tan airadas reacciones suscitó. Una buena parte del país se echó encima de Rajoy acusándole de desmesura, de exceso verbal y hasta de bajeza moral. Entre los ofendidos y airados, hubo bastante más que fieles votantes socialistas. En aquella arremetida contra Rajoy se congregó toda esa España del avestruz que tras el atentado del 11- M había decidido cerrar los ojos a las noticias más desagradables, fueran las de Irak, las del terrorismo islamista o las de ETA. La que prefirió las mentiras complacientes del Gobierno a las noticias desagradables de la oposición. A la luz de los datos acumulados desde entonces, aquella dramática frase de Rajoy se reafirma una y otra vez como lo que fue, la única posible descripción de la negociación emprendida por el Gobierno. El relato etarra de ayer es más de lo mismo, de lo que ya conocíamos por fuentes diversas, etarras y no etarras. Que el PSOE estaba negociando con ETA desde 2001, al mismo tiempo que firmaba el Pacto Antiterrorista. Y que el PSOE, y después el Gobierno, acordó con ETA consensuar un nuevo marco político para el País Vasco que incluía el reconocimiento de las reivindicaciones históricas de los terroristas, comenzando por la consideración de sus asesinatos como producto de un conflicto Dado que los más de 800 asesinados por ETA lo fueron porque el Estado se negó a ese reconocimiento, si uno no quiere llamar a eso traición a los muertos porque la expresión le asusta, puede llamarle burla a los muertos. Pero no le quedan más escapes lingüísticos para una realidad que sigue siendo la misma, la de la ruptura de Zapatero con la política de resistencia del Estado frente a ETA. Y quienes crean poder esconderse en el avestruz que no comenta fuentes etarras a quien burlan, más que a los muertos, es a la inteligencia.