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ABC SÁBADO 19 s 5 s 2007 Tribuna abierta OPINIÓN 7 Francisco Rodríguez Adrados de las Reales Academias Española y de la Historia ESPAÑA SIGUE CRECIENDO EN CIENCIA La Ciencia es una planta viva a la que seguimos aferrándonos. Solamente a mí me desazonan varias cosas. Una, ese rechazo por algunas de nuestras Ciencias basadas tan sólo en el conocimiento. Quieren que vendamos nos hagamos propaganda en los medios, trivialicemos todo para hacerlo asequible (y vendible) Que escribamos pequeñas cositas y nos pasemos la vida en congresitos inútiles, conjugando el verbo invitar. Otra: esa continuación indefinida del complejo de inferioridad español M EJOR dejar, por una vez, las preocupaciones sobre los problemas queatosigan aEspañay ocuparnos, para respirar un poco, de un hecho innegable: en España, muchas veces, las fuerzas de la continuidad y del progreso han sido más fuertes que los hachazos de la historia. Digo esto a propósito del centenario de la Junta de Ampliación de Estudios, fundada en 1907, y de la continuación de su influjo sobre la vida cultural española en general. Y, en particular, en las Universidades y en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Ha habido el paso de la Monarquía a la Dictadura, deésta alaRepública, deésta al Franquismo, de éste a la Democracia, hasta hoy mismo. España ha crecido y sigue creciendo en Ciencia. Con esto estamos todos de acuerdo, no con la enseñanza. La Ciencia es una planta vivaalaqueseguimosaferrándonos. Solamente a mí me desazonan varias cosas. Una: ese rechazo por algunas de nuestras Cienciasbasadas tansóloen elconocimiento. Quieren que vendamos nos hagamos propaganda en los medios, trivialicemos todo para hacerlo asequible (y vendible) Que escribamos pequeñas cositas y nos pasemos la vida en congresitos inútiles, conjugando el verbo invitar. tra: esa continuación indefinida del complejo de inferioridad español. Tenía su fundamentoenloscomienzos delaJunta, para algunas Ciencias había que aprenderlo todo fuera. Hoy, muchas veces, esto no es cierto: somos tan buenos o tan malos como ellos. A mí me pone enfermo ese complejo por el cual se valora másun artículoescritoen unarevistaextranjera queen unanuestra. Y lo más trágico de cierto internacionalismo banal es que apenas se pueden crear ya escuelas en España, como en los años veinte y treinta. Pero vuelvo a la historia de nuestra renovación cultural, iniciada en un principio por la Junta. Es modélica la continuidad desde entonces. Piénsese en el aislamiento de la cultura española, con notables excepciones, a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Piénsese que el movimiento que culminó en la JAE fue, en definitiva, aceptado por la Monarquía. Y que todo ello creció y dio frutos entonces o luego: la residencia de estudiantes yladeseñoritas yelInstituto Escuela y tantos centros, así eldeEstudiosHistóricosy elRockefeller. Todo nació en la Monarquía y creció durante la Dictadura y la República. La cultura fue O sin duda lo mejor de las dos. Y cuando la Junta y la Residencia y sus principales directivos, tales Castillejos y Jiménez Fraud, sufrieron horriblemente en el Madrid del 36 y hubieron de exiliarse o, algunos, de acogerse de mala gana al régimen de Franco, no por eso se cerró aquel movimiento cultural. l Consejo fue, con los que se quedaron y con las nuevas generaciones, la continuación naturaldelanterior impulso cultural. En Centros, edificios, bibliotecas, laboratorios, revistas y demás. Conozco bien las rémoras, puesto que las he padecido, pero en honor a la verdad he de decir que con las nuevas generaciones todo creció. En los cuarenta, los cincuentay después. Mi caso no es importante, aunque yo tuviera que esperar, para ser catedrático, a que cayera el Ministerio de Ibáñez Martín. Después de todo, necesitaban a las nuevas generaciones tanto como a lo que quedaba de las antiguas. Y todo comenzó a restaurarse y a crecer. Ésta es la honesta verdad. Sin el Consejo, a veces denostado, poco habríamos podido hacer, nada. Y el de hoy es aquél, sólo que renovado. Los organismos crecen a poco que se haga por ellos. Y se ha hecho mucho. Yo soy un testigo de toda esa evolución, de todo ese crecimiento. Soy, en el edificio de Humanidades, en Duque de Medinaceli, el E más antiguo de todos: estoy allí, con cargos y sin cargos, desde 1944, el año que viene seguiré en el nuevo centro de Albasanz si Dios lo permite. Gracias al Consejo he podido fundar y continuar elDiccionarioGriego- Español, entre otras cosas. Aprovechando una laguna en la Ciencia anglosajona y germánica hemos hechoverquetambiénaquí podemos, a veces, ponernos en cabeza. Es sólo un ejemplo. Yantes, cuando empecéenSalamanca, estudié bajo profesores como García Blanco, Ramos Loscertales y Tovar, que del Centro de Estudios Históricos provenían. Mis propios padres procedían de la Escuela Superior del Magisterio, es decir, del mismo círculo. Y cuando llegué a Madrid, a la Residencia del Consejo, la que luego fue mi mujer había estudiado en el Instituto Escuela y había sido enfermera en el Hospital de Carabineros, instalado en la Residencia. Sus hermanos habían trabajadoen laJunta yestaban exiliados en Méjico. Y ella trabajaba en el Consejo. Así se atan las cosas en España, después de tanto desatarse. Ya desde el 44, el Consejo era una luz (ciertamente, oscurecida a ratos por personalismos ypolítica) Allíestaban los restos del naufragio, personas que aquí se quedaron y a las que debemos tanto como a las que, desgraciadamente, hubieron de irse. Comíamos mal, trabajábamos, hablábamos poco de política. Estábamos aislados. Recuerdo que me dieron una beca para Suiza, tras examinarme ante un tribunal como el de la Inquisición. Luego dijeron que no había dinero. Y luego me enviaron un oficio preguntando que por qué no había ido. Todo creció más tarde: en economía, sociedad, ciencia, tolerancia. El Consejo fue un ejemplo. Y cada vez más, desde el 65, desde el 78, en la democracia, hasta ahora. Por eso celebramos el centenario de la Junta y nos sentimos solidarios con los que en ella trabajaron y, a veces, sufrieron. Nos alegramos de que el árbol siga creciendo. Se articula con las Universidades, las autonomías, con todos. Y se realizan programas que, si no, serían prácticamente imposibles. HecitadoelDiccionario Griego- Español, pero habría que citar, entre mil cosas, la Flora Ibérica, el Archivo Nacional de Filipinas, el proyecto Tusculum, por no hablar de las investigaciones antárticas y otras sobre los alimentos, nuevos materiales, acuicultura, catálisis, astrofísica, matemáticas, biología molecular, neurociencias y otras materias. Yo, personalmente, estoy agradecido (no me duele decirlo) al Consejo en todas sus fases porque, aparte del Diccionario, puedo ayudar a que funcionen la Colección Alma Mater de Autores Griegos y Latinos y la revista Emerita la más prestigiosa de España en Filología Clásica. Y conste que nunca he tenido puestos de poder, puedo hablar libremente. El Consejo es hoy el sexto organismo no universitario de investigación del mundo y es la primera institución de España en publicaciones científicas y en patentes. La Ciencia es un common ground y un modelo. Aunque dentro queden tantos problemas como en cualquier sitio. odo viene de aquellos modestos inicios y del crecimiento de la Sociedad española. Ahora Humanidades, para las que la sede de Duque de Medinaceli se ha quedado estrecha, irá a un nuevo y gran edificio en Albasanz, lejos del centro. Yo, la verdad, habría preferido el lugar señorial que tenemos, lo escribí. Pero habrá, sin duda alguna, mejores instalaciones y más medios. Seguiremos adelante. Con acuerdos o desacuerdos la Ciencia española ha estado y está unida a la línea que va de la Junta al Consejo, hasta ahora mismo. Precisamente este es el tema de un libro Tiempos de investigación. JAE- CSIC. Cien años de Ciencia en España que acaba de publicar el Consejo. Su tema es este de que en la Ciencia sí que ha habido continuidad en España. Entre rupturas, se sabe. Pero continuidad. De la JAE a ahora mismo, con errores y éxitos, más éxitos creo. El Consejo ha hecho bien en destacarlo en este libro de múltiples autores. Es una historia que a todos interesa. T