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30 ESPAÑA MIÉRCOLES 16 s 5 s 2007 ABC Condenan a 1.933 años de cárcel al médico que contagió la hepatitis C a 275 pacientes La Audiencia de Valencia mantiene que era drogadicto y que se pinchó con la misma aguja que usaba con los enfermos ISABEL RODRÍGUEZ DE LA TORRE VALENCIA. Después de dieciocho meses de juicio, la Audiencia Provincial de Valencia ha concluido que Juan Maeso, el que fuera jefe de Anestesiología y Reanimación del Hospital Maternal La Fe, es el responsable del contagio de la hepatitis C a 275 pacientes tratados en cuatro hospitales valencianos, uno público y tres privados, entre 1987 y 1998. El tribunal le condena a 1.933 años de prisión por 275 delitos de lesiones y cuatro homicidios imprudentes- -cuatro pacientes murieron como consecuencia del virus- -por considerar probado que el facultativo se inyectaba parte de los anestésicos a los que era adicto con el mismo instrumental con el que sedaba a sus pacientes. De ninguna otra manera se explica que pudiera contaminar con restos de sangre suya el material anestésico y transmitir el virus a un número tan elevado de personas en un periodo tan prolongado de tiempo dice la Audiencia. Después de recordar que muchos pacientes contrajeron la enfermedad tras pasar por el quirófano; que el único nexo entre ellos es el anestesista; y que todos, incluido Maeso, tienen el mismo virus, genotipo 1 a, el tribunal de la Sección Se- La viuda de uno de los contagiados sufrió un desvanecimiento tras conocer la sentencia que condenaba a Maeso gunda, que ha tardado casi dos meses en redactar la sentencia, concluye que el anestesista es el causante de los contagios por cuanto en los mismos hospitales, quirófanos y equipos médicos, éstos contagios no se producían y dejan de producirse después del cese de actividad del acusado La Sala señala los problemas que tuvo el facultativo en la década de los 80 en el Hospital Militar, que abandonó tras ser amonestado por un uso indiscriminado de dolantina, que se quedaba para sí, y recuerda también cómo los rumores sobre su adicción a los opiáceos en 1989 y las quejas, en 1995, sobre sus continuas salidas de quirófano y los dolorosos despertares de los pacientes a los que hurtaba parte del anestésico, le acompaña- ROBER SOLSONA ron en su trayectoria profesional tanto en la sanidad pública como en la privada. Tras destacar el rigor de la prueba pericial genética, que apunta inequívocamente al acusado; que no ha sido desvirtuada por ninguna otra y