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ABC LUNES 14 s 5 s 2007 CULTURA 75 Javier Gomá: Vivimos en una apoteosis de la subjetividad El filósofo publica el segundo volumen de su tetralogía de la Experiencia de la vida Aquiles en el gineceo (Pre- Textos) TULIO DEMICHELI MADRID. A Ortega le parecía increíble que esta forma de saber la vida de sí misma, que no es una teoría ni procede de ningún filósofo, sino propia de los hombres de la calle, que es intransferible y que cada generación rehace, no hubiera dado nunca título a ningún libro de filosofía: es la experiencia de la vida. A lo largo de Aquiles en el gineceo, o aprender a ser mortal, el director de la Fundación Juan March reivindica una vuelta al existencialismo pues, de alguna forma, el estructuralismo y el postestructuralismo declararon la muerte del hombre- -explica a ABC- Pero existencialismo no es lo mismo que este subjetivismo actual, consecuencia del romanticismo y su doctrina del genio, por la que se ha querido ver en cada sujeto a un genio y en cada una de sus acciones la espontaneidad absoluta. En nuestra sociedad se vive una apoteosis del subjetivismo y nos han acostumbrado a menospreciar la eticidad del hombre que trabaja, envejece y muere ¿Es este libro un elogio de la normalidad No. En un mundo sin referencias deberíamos recuperar una cierta objetividad. No me interesa una vuelta a la objetividad premoderna, propia del mundo clásico al renacentismo y hasta el siglo XVIII. Esta aspiración existencial no busca recuperar la cultura premoderna: ingenua, cósmica, eterna; sino una objetividad crítica, aprendida y construida. Me considero un hijo gozoso de mi época y no rechazo cierto nihilismo Un tema fundamental en esta tetralogía es la ejemplaridad. En Imitación y experiencia expuse los principios generales del aprendizaje, la necesidad de acumular y seguir ejemplos; en Aquiles... trato de exponer el proceso hacia la objetividad a través de estadios- -a la manera de Kierkegaard- -o momentos. Es un proceso doloroso, cruento, a la vez trágico y épico, porque cuando el sujeto asciende hacia la objetividad se ve obligado a aceptar su mortalidad. Para explicarlo elegí el mito de Aquiles Para Gomá, el dilema que Aquiles resuelve antes de embarcarse a Troya nos sacude a todos los hombres. A instancias de su madre, la diosa Tetis, que no quiere que muera en combate, el héroe vive escondido en el gineceo del rey de Esciro, travestido de mujer entre doncellas, disfrutando de una vida inmortal. El astuto Ulises, disfrazado de mercader, ha ido en su busca; cuando lo encuentra, hace sonar la trompa de guerra y Aquiles no puede reprimir su ardor bélico: decide ser mortal y se embarca porque ha de ser el mejor de los aqueos El núcleo del mito- -prosigue Gomá- -es la aceptación de la finitud. Los dioses inmortales no tienen experiencia, pues ésta lo es de la negatividad, de las resistencias que la realidad opone a los hombres. La llamada a la que Aquiles responde procede de la conciencia moral; y acude a ella aunque formar parte de la polis que lo reclama implique la muerte. Toda experiencia está siempre sociopolíticamente mediada: la virtus generalis reside en la ciudadanía Quiero reivindicar la verdad del mito, algo que antes se consideraba un adorno literario. La crítica que el siglo XX ha hecho de la razón instrumental al mismo tiempo ha descubierto la propiedad de los mitos de encerrar grandes verdades experienciales. Al recrear la adolescencia del héroe y la resolución de su dilema, Aquiles asimismo representa el tránsito entre el estadio estético de la existencia al ético, el de la vida y el compomiso social Ese tránsito implica ir a la generalidad pero, también, una especialización: se escoge una pareja, rechazando otras posibles, para fundar familia y se construye una casa gracias al trabajo, que a su vez exige otras especializaciones. Hoy, el hiato entre lo estético y lo ético, este subjetivismo que considera la objetividad cosa de filisteos, ha causado estragos. El precio de ese esteti- Javier Gomá, durante la entrevista cismo es la falta de individualidad genuina. En el gineceo viven individualidades detenidas en una ociosidad subvencionada Y es que los niños viven, como Adán en el Paraíso, una vida regalada Por lo tanto, la más profunda paideia es enseñarles a ganarse la vida Por último, Gomá anticipa que esta tetralogía continuará con una teoría política para nuestra época nihilista: Ejemplaridad pública; y una reflexión sobre la esperanza más allá de la experiencia: Necesario pero imposible FRANCISCO SECO Cuando el sujeto asciende hacia la objetividad tiene que aceptar su mortalidad. Es un proceso doloroso, cruento, a la vez trágico y épico. Para explicarlo, elegí el mito de Aquiles dice Gomá BLUES Cat Power Concierto de Cat Power The Dirty Delta Blues Band. Lugar: Joy Eslava (Madrid) Fecha: 9- 5- 2007. Un duelo para la memoria JESÚS LILLO Humilde y consciente de lo mucho que se traía entre manos, tuvo reparos Chan Marshall durante todo su concierto madrileño a la hora de ocupar el lugar central del escenario e interpretar el papel de líder de la banda que la secunda en esta gira, una infrecuente constelación de estrellas invitadas- -hecha de trozos de los Delta 72, la Blues Explosion y los Dirty Three- -con la que esta temporada reivindica el sonido del blues blanqueado de finales de los años sesenta y cuya inspiradísima y soberbia ejecución fuerza a la compositora norteamericana a sacar pecho para no verse reducida a simple vocalista. Aunque no se rinda, siempre a la altura de un duelo digno de memorizar, Cat Power cede espacio y hace mutis para permitir que su conjunto, la Dirty Delta Blues Band, vaya ensamblando- -con técnicas propias del hip- hop, sin aspavientos y casi de memoria- -fragmentos de lo mejor del rock de hace cuatro décadas y componiendo un tapiz de tejido orgánico sobre el que Cat Power hace piruetas vocales y rinde tributo a Dylan, los Stones, las viejas glorias del soul y, en un desahogo, incluso a Gnarls Barkley, cuyo discotequero Crazy descompone con su personal manera de abrir- -como eses impronunciadas al final de una palabra- -estrofas y estribillos. Lo primero que hizo Chan Marshall sobre las tablas fue seguir fumando; a la quinta canción, The Greatest más aplausos, encendió otro cigarrillo. No paró Cat Power de fumar, ni de provocar a los hombres, ni de contonearse sin maña al ritmo de una orquesta que saca lo me- jor de una artista inagotable, siempre abierta a hacer las maletas y probar sonido en otros tiempos. Chan Marshall no ha dejado en los últimos años de dar bandazos por la historia del pop: de su desafiante, estático y desnudo Speaking For Trees a la no menos transgresora versión lésbica de, más difícil todavía, Je t aime, moi non plus pasando por la música de un anuncio, la autora de Free en encontrado en la Dirty Delta Blues Band el telón musical para recomponer, a su manera, como una rapera instintiva y desenchufada, el viejo rompecabezas del blues y el rock. El plano y el pegamento lo pone uno de los mejores grupos de las últimas temporadas.