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24 ESPAÑA El Estatuto catalán en el alero LUNES 14 s 5 s 2007 ABC El día después de la sentencia El TC podría ser acusado de abrir una crisis de Estado cuando, en realidad, le toca resolver jurídicamente un problema político mal planteado, mal llevado y ejecutado a toda prisa por la política de los hechos consumados s Los partidos acatarán el fallo, pero los escenarios del día después son variados TEXTO MARÍA ANTONIA PRIETO FOTO CHEMA BARROSO BARCELONA. ¿Qué ocurrirá si el Tribunal Constitucional tumba aspectos vitales del Estatuto catalán, en vigencia desde hace diez meses? ¿Cómo reaccionarán los partidos catalanes, los que dieron y los que negaron su apoyo al texto cuando éste se sometió a referéndum? ¿Qué tipo de respuesta se puede esperar de los catalanes que, aunque acabaron hartos del debate estatutario, ratificaron el texto en referéndum? No hay ni una sola respuesta para el aluvión de incógnitas que planean sobre el escenario político catalán, pero sí empieza a imponerse una tesis, convenientemente trasladada en forma de amenaza a los magistrados del Alto Tribunal: si el TC falla contra capítulos esenciales del nuevo Estatuto catalán todos los partidos que lo apoyaron quedarían en evidencia y se abriría una crisis política de muy difícil resolución. Bajo el argumento de que el TC no debe sentenciar contra una norma que ya ha sido aprobada por una parte del pueblo español -argumento de una endeblez sin matices- el tripartito, CiU y parte de los sectores económicos de Cataluña llevan semanas ejerciendo presiones sobre el tribunal al que toca resolver jurídicamente un problema político mal planteado, mal llevado y ejecutado a toda prisa por la política de los hechos consumados. El propio impulsor del Estatuto, Pasqual Maragall, ha admitido públicamente que fue un error tirar adelante la reforma estatutaria sin tocar antes la Constitución. El dirigente socialista daba así pues la razón a quienes advertían que el Estatuto catalán no tiene cabida en el actual marco constitucional. La definición de Cataluña como nación un traspaso de competencias que deja al Estado como una administración residual en Cataluña; la implantación de un Poder Judicial propio y, sobre todo, el establecimiento del principio de bilateralidad- -que establece una relación propia exclusiva entre Cataluña y el Estado- -chocan frontalmente con el Estado de las autonomías. También el modelo de financiación- -basado igualmente en el principio de bilateralidad- -es cuestionado por algunos expertos, que no ven constitucional el hecho de que la Generalitat recaude y gestione la totalidad de los impuestos de los catalanes a través de una Agencia Tributaria propia. Sáenz de Santamaría y Trillo en la presentación del recurso del PP contra el Estatuto catalán Fuere por obra y gracia de los redactores o por la desidia de Maragall a la hora de controlar el proceso, el Estatuto que el ex presidente de la Generalitat imaginó como un embrión de su propuesta federal para toda España establece un modelo confederal por el que Cataluña, de forma unilateral, se relaciona de forma privilegiada con el Estado, blindando sus competencias y desvinculándose incluso de los acuerdos alcanzados entre el Gobierno y el resto de las autonomías. Maragall lo ha visto ahora. Su sucesor, José Montilla, lo vio ya entonces, pero ahora no tiene más remedio que defender un texto refrendado por los catalanes. Y lo hará echando mano de todos los mecanismos legales que tenga a su alcance, aunque para ello sus antaño fáciles relaciones con Zapatero se tensen un poco más. ta qué punto el TC descabece el Estatuto ya que caben dos opciones: que haga una lectura tan restrictiva que lamine aspectos esenciales del mismo, o que introduzca retoques que podrían ser asumidos por los partidos que votaron el texto. En función, pues, del fallo, en los próximos meses Cataluña y con ella el resto de España pueden verse inmersas en un guirigay jurídico- político para el que nadie se atreve a aventurar una salida ya que, como ayer advertía el presidente de Cataluña en la entrevista a ABC, nunca ha sucedido que el TC haya fallado contra un texto ratificado en referéndum. En cualquier caso, prácticamente toda la clase política catalana da por hecho que el nuevo Estatuto no saldrá indemne de su paso por el TC. De la misma forma, quien más quien menos coincide en que la respuesta debe ser proporcional al alcance de la sentencia que, pase lo que pase, se acatará. El camino a tomar dependerá de has- No saldrá indemne Escenarios más previsibles en función de la sentencia del Tribunal Constitucional El presidente de la Generalitat, José Montilla, ha advertido que no se quedará de brazos cruzados ante un recorte sustancial del Estatuto por parte del TC y que utilizará todos los instrumentos del Estado de derecho No ha dado detalles de su plan B- las estrategias se aplican pero nunca se explican -pero da por hecho que el alto tribunal no tocará aspectos esenciales. Una de las opiniones más extendidas es que el Constitucional emitirá una sentencia interpretativa, subrayando que determinados artículos son constitucionales si se aplican de una manera y son inconstitucionales si se hace otro tipo de lectura. Los conflictos de competencias serían interminables. El desarrollo del Estatuto quedará sujeto a una negociación constante y, por tanto, el traspaso de competencias a 1- -Etapa de negociación conflictiva Cataluña dependerá de la voluntad del Ejecutivo de turno. Puede ocurrir que el TC tumbe algún capítulo vital del texto, alguna competencia irrenunciable para la Generalitat. En ese caso el Parlamento catalán podría optar por impulsar una reforma de esos apartados en concreto, sin necesidad de redactar un nuevo Estatuto. Se trataría, pues, de una reforma parcial del texto. Lo que nadie parece tener del todo claro es el procedimiento técnico a seguir si se planteara esa situación. Sea cual sea el fallo del TC, los partidos impulsores del Estatuto empiezan a admitir públicamente que fue un error proceder a una reforma estatutaria tan ambiciosa dentro del actual marco cons- 2- -Modificación parcial del Estatuto. titucional. Una de las posibilidades- -sin demasiadas opciones de éxito- -es que los partidos que votaron el Estatuto traten de impulsar una reforma del artículo 2 de la Carta Magna, que recoge la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas nómica el 30 de septiembre de 2005. Aquel texto fue recortado durante su tramitación en las Cortes. Una parte de la dirección de ERC, en complicidad con un sector muy determinado de CiU- -del que discrepa radicalmente Duran Lleida- -coquetea con la posibilidad de convocar un referéndum de autodeterminación si el TC amputa partes vitales del Estatuto para darle la palabra y la capacidad de decidir al pueblo catalán Un escenario de política ficción, dado que el Parlamento catalán rechazaría por mayoría una iniciativa de estas características. A la espera de la sentencia, la Generalitat negocia a toda máquina con el Gobierno el traspaso de determinadas competencias. Aunque nadie habla de ella, sí existe una estrategia y una respuesta ante un eventual recorte del Estatuto por parte del TC: la política de los hechos consumados. Tal vez ese sea el plan B de Montilla. 5- -Hacia un escenario de ruptura 4- -Redacción de un nuevo Estatuto 3- -Reforma de la Constitución Volver a empezar de cero. La posibilidad pone los pelos de punta a toda la clase política catalana, que perdió buena parte de su crédito a lo largo de un proceso complicado que se prolongó durante dos años y que agotó a los ciudadanos. No obstante, no hay que descartar por completo esta opción. CiU, PSC, ERC e ICV podrían ratificar solemnemente el texto en el Parlamento catalán para embarcarse después en un nuevo proceso de reforma estatutaria partiendo de la propuesta que salió de la Cámara auto-